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APLICACIÓN DE LAS IMÁGENES IRS-WiFS AL ANÁLISIS Y EVALUACIÓN DE DAÑOS PRODUCIDOS POR LA PROCESIONARIA DEL PINO (THAUMATOPOEA PYTOCAMPA DEN. & SCHIFF) EN LOS PINARES DE ANDALUCÍA ORIENTAL
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Diciembre de 2.000 |
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| Rafael Mª Navarro Cerrillo, Pablo Blanco Oyonarte y Pilar Fernández Rebollo
ETSI de Montes-Universidad de Córdoba. Departamento de Ingeniería Rural
Apartado de Correos 3048. 14080 Córdoba |
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I. INTRODUCCIÓN.
Durante la década de los 70 empezó a registrarse un
proceso de degradación de los bosques europeos, cuyo origen
es aún incierto. Esta situación se agravó a
partir de 1990, cuando se inició un proceso de decaimiento
generalizado. Las masas de coníferas parecen haber acusado
más este fenómeno, mientras que las masas de frondosas
no mostraron inicialmente síntomas tan evidentes. No obstante,
en ambos casos este fenómeno de debilitación de la
vegetación acaba propiciando la entrada posterior de plagas,
enfermedades u otros agentes que pueden desequilibrar el ecosistema
forestal. A partir de 1990 el proceso de decaimiento ha sido continuo,
y desde 1993 la tendencia al empeoramiento fue más acusada,
alcanzándose el máximo deterioro en 1995, con una
grave incidencia tanto sobre frondosas como coníferas, y
empezando un lento proceso de recuperación en 1996. El proceso
de degradación detectado presenta como características
comunes las siguientes (Dgcona, 1996):
Su
aparición en zonas de muy diferentes condiciones geográficas
y ecológicas.
Una
sintomatología común no muy clara, denominada
genéricamente en la actualidad como decaimiento
de masas forestales, que lleva asociada la presencia
de defoliaciones y cambios de color en las hojas en la mayoría
de las ocasiones, y la proliferación de agentes patógenos
considerados como saprófitos o semisaprófitos.
Respecto a los factores que desencadenan el proceso de decaimiento
son numerosas las hipótesis aportadas por diversos estudios
(Fernández Cancio, 1999; Navarro et al., 2000). Se
puede afirmar que el decaimiento de las masas forestales no se puede
atribuir a una sola causa, y son muchos los factores que intervienen
en mayor o menor grado dependiendo de cada sitio. Entre las causas
desencadenantes de los procesos de seca se encuentran factores bióticos,
abióticos y antrópicos.
Las alteraciones sufridas por el clima en los últimos años
(largos periodos de sequía y aumento de la temperatura estival),
con un claro reflejo en el empeoramiento del estado de las coberturas
vegetales, parecen ser importantes indicios de la existencia de
un cambio climático. Autores como Ruíz del Castillo
(1995), Allué (1995), Camara (1996), Pita (1995), y Fernández-Cancio
(1999) han analizado la evolución del clima a lo largo de
la historia con la intención de comprobar esta afirmación,
ya que puede que sólo nos encontremos ante anomalías
climáticas normales dentro de la variabilidad climática
general (Núñez, 1994). Sin embargo, la cada vez más
generalizada opinión de que estamos ante un cambio climático,
debe hacernos pensar que la situación futura en muchas áreas
de nuestro país tendrán una tendencia al aumento de
la aridez, acompañada de una mayor irregularidad climática
(Allué, 1995; Camara, 1996; Fernandéz-Cancio, 1999).
Esta situación parece confirmarse por la evolución
del clima en las últimas décadas, dándose una
alternancia de sequías (1980-1982/1990-1995), y periodos
de precipitaciones abundantes y concentradas (1989/1996-1998). Todo
lo anterior puede hacernos pensar que en los próximos años
asistiremos a eventos de sequía mas o menos prolongados que
pueden actuar como nuevos detonantes del proceso de seca del arbolado.
La Red Europea de seguimiento de daños en los bosques (Montoya,
1995; OAPN 1998) controla los daños en los montes españoles,
su importancia desde 1994 en nuestras masas forestales, daños
que van desde el debilitamiento a la muerte de la vegetación
(más del 50% de parcelas afectadas del total de puntos considerados).
En 1995 se registraron daños aún más acusados
que en el año anterior (debido a la persistencia de la sequía),
como demuestra el trabajo de la Unión Europea (1996) sobre
el estado de los bosques en Europa.
Todos estos trabajos parecen confirmar que la sequía es
el agente detonador más importante dentro del proceso de
decaimiento que ha venido sufriendo el arbolado en España.
La situación general del arbolado hace que los bosques sean
especialmente sensibles al ataque de plagas y enfermedades. El mal
estado de la masa, acompañado de un debilitamiento generalizado
(estrés hídrico, pérdida de masa foliar, colapso
de los tejidos conductores, etc.) reduce la capacidad de defensa
de las plantas, y crea unas condiciones óptimas para el acceso
de agentes ejecutores a muchas de ellas. En el caso concreto de
las masas de coníferas se conoce desde hace tiempo la incidencia
de numerosas plagas que de forma periódica producen daños
generalizados. En Andalucía la plaga que presenta una mayor
incidencia sobre coníferas es la procesionaria del pino
(Thaumetopoea pityocampa Den. & Schiff.).
La importancia que han adquirido los problemas de decaimiento
de masas forestales en Andalucía, tanto en masas
de frondosas (Quercus spp), como de coníferas (Pinus
spp), justifican la necesidad de elaborar procedimientos de evaluación
del estado sanitario de las masas de forma sistemática basados
en la Teledetección y en los Sistemas de Información
Geográfica. El potencial de estos medios permite obtener
una información que hace posible un análisis global
de los procesos de decaimiento recurrentes sobre grandes superficies
forestales.
II.
ANTECEDENTES
Son numerosos los estudios en los que se analiza el empleo de imágenes
de satélite en la evaluación y seguimiento de los
procesos de decaimiento, simplemente mediante la interpretación
visual de las mismas (Ciesla et al. 1989) o buscando una
relación entre la respuesta espectral de la vegetación
y el grado de afectación (que se manifiesta a través
de los grados de decoloración o defoliación) (Hagner
& Rigina, 1998, Price et al 1998). Dentro del área
mediterránea la defoliación tiene un valor más
indicativo del estado de salud de la masa forestal que la decoloración,
la cual se encuentra afectada en multitud de ocasiones por las propias
condiciones de estación. Aceptando que la defoliación
es el parámetro más adecuado para el seguimiento del
decaimiento de las masas forestales, es necesario establecer un
índice radiométrico que pueda caracterizar adecuadamente
este fenómeno.
Varios autores han estudiado los efectos espectrales del decaimiento
de masas forestales. Generalmente, el efecto difiere considerablemente
entre los tres espectros dominantes de interés, que son el
visible (400-700 nm), el infrarrojo cercano (700-1300 nm), y el
de onda corta (1300-2500 nm).
En el espectro visible la mayor parte de la radiación es
absorbida por los pigmentos de las hojas, tales como la clorofila,
xantofila, caroténidos y antocianinas (Guyot et al
1989, Blackburn, 1998). El efecto de una disminución en el
contenido de clorofila de las hojas (clorosis), es por tanto bastante
evidente. Sin embargo, solo el 10% de la radiación visible
es reflejada por las hojas, lo cual implica que cuando hay una variación
de color en las hojas, la disminución en radiación
absorbida es también pequeña. Esto hace que las variaciones
de radicación visible absorbida/reflejada debida a la decoloración
puedan contrarrestarse con cambios en otras características,
como las condiciones del sensor, los cambios fenológicos,
etc. Si ocurre una clorosis, el efecto puede ser más evidente
en la zona azul y roja del espectro (Ekstrand, 1990, Koch et
al 1990), traduciéndose en un incremento de la radiación
visible reflejada en el azul, una disminución en el verde,
y un incremento pronunciado en el rojo, tal y como ha sido observado
por varios autores (Rock et al 1986; Hoque et al,
1988; Koch et al 1990; Hagner y Rigina, 1998).
Por otro lado, numerosos trabajos con información procedente
de satélites, sensores aerotransportados, fotogrametría
y trabajos de campo han mostrado que los valores de radiación
infrarroja cercana (NIR) disminuyen con una defoliación elevada
(Koch et al 1990). Aproximadamente el 50% de la radiación
NIR incidente es reflejada por las hojas, lo cual significa que
una perdida de hojas tiene un efecto bastante importante sobre los
valores de radiación. De todo lo anterior puede deducirse
que el único efecto consistente del decaimiento de masas
forestales, en aquellos casos donde la clorosis no es evidente,
es la caída de la reflectividad en la región NIR.
Hay que tener presente una serie de características de las
masas forestales que pueden influir significativamente en la reflectividad
de una forma equivalente, o incluso mayor que una defoliación
moderada; por ejemplo: la especie, la densidad, el sotobosque o
la edad (Leckie,1987):
1. En
masas continuas de coníferas, las condiciones de estructura
y composición pueden caracterizarse como un continuo
que evoluciona fundamentalmente con la edad de la masa. Igual
ocurre en masas forestales con una estructura simple, y que
tengan un dosel homogéneo. Por el contrario, las masas
mixtas de frondosas suelen tener, por su origen y su estado
actual, estructuras mucho más complejas, donde el área
basimétrica, la densidad, o la fracción de cabida
cubierta son mucho más variables.
2. Un
segundo factor importante a considerar es la presencia de
sotobosque. El efecto puede ser bastante importante no sólo
cuando tenemos masas huecas, sino también cuando los
valores de fcc se encuentran en porcentajes medios, 30-70%.
3. El
efecto de la edad también desempeña un papel
importante que ha sido indicado por varios autores (Koch et
al 1990), lo que supone que los estudios de decaimiento
deben tener en cuenta una estimación de la edad de
las masas. No obstante, debe tenerse en cuenta que la edad
afecta fundamentalmente a través de las variaciones
en la estructura.
4. Finalmente,
las prácticas culturales también pueden dar
lugar a interpretaciones erróneas de las variaciones
de reflectividad, por lo que un adecuado control de dichas
variaciones puede ayudar a interpretar mejor los resultados
obtenidos.
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Fig.
1: Distribución de los rodales de procesionaria Andalucia
oriental con indicación del nivel de daños (fuente:
CMA - Tragsatec, 1999).
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Respecto
a la época más adecuada para discriminar características
de la vegetación a partir de información procedente
de imágenes de satélite, ésta suele coincidir
con las fechas del verano, dado que es entonces cuando las masa
pueden presentar una mayor variación de la superficie foliar,
debida a cambios en su estado sanitario o de vigor y no a cambios
fenológicos importantes (Curran et al 1992; Ekstrand,
1990; Ekstrand 1994, Fassnacht et al 1997). Sin embargo,
esto no es así en el caso de las masas afectadas por procesionaria,
ya que los daños se concentran fundamentalmente durante el
final del invierno (enero a marzo), aconsejando la utilización
de imágenes correspondientes a estas fechas para el caso
particular de esta aplicación.
Sobre la base de estos antecedentes, el objetivo general del presente
trabajo es conocer la distribución espacial y la evolución
temporal del estado sanitario de los ecosistemas forestales dominados
por especies del genero Pinus de Andalucía oriental,
mediante el empleo de información procedente de imágenes
del satélite IRS - WiFS.
IV.
MATERIAL Y MÉTODOS
4.1.
Inventario de daños de procesionaria en Andalucía.
La
información básica de los daños producidos
por la procesionaria en Andalucía se han obtenido del Plan
de Lucha Integrada Contra la Procesionaria del pino realizado
por la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía
(Carrasco, 1999). El Plan dio comienzo en el año 1991 en
los espacios protegidos y desde el año 1994 en todas las
masas de pinar gestionadas por la CMA.
El objetivo fundamental de este Plan es establecer una sistemática
en todo el proceso de seguimiento y control de la plaga de procesionaria,
que permita una planificación lo mas correcta posible de
los tratamientos. Para establecer la sistemática en la toma
de datos y en la precisión de los tratamientos, se apoya
en una unidad básica denominada rodal de procesionaria,
que se define como la zona del territorio donde la procesionaria
se comporta de manera uniforme y cuya dinámica se diferencia
de poblaciones vecinas. El número total de rodales en
que esta dividida la superficie de pinar en Andalucía es
de 3217 (Figura 1). En 1999 se han tomado datos sobre 3157 rodales.
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Tabla
1. Niveles de infestación con arreglo a la clasificación
de Montoya et al, 1998.
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De
cada uno de los rodales de procesionaria se toman los siguientes
bloques de información: datos del ecosistema tales como los
parámetros de identificación, datos selvícolas,
datos fisiográficos, y datos de la población de procesionaria
(se toman anualmente datos del grado de infestación en cada
uno de los rodales, Tabla 1).
Desde la puesta en marcha del Plan de Lucha se mantienen los siguientes
resultados:
Zonificación
de todas las masas de pinar de la Comunidad Autónoma,
conociendo el estado actual de la plaga y su evolución
desde 1992.
Propuestas
de tratamiento desde el año 1993 y obtención
de cartografía a escala 1:50.000 de toda la superficie
de pinar de Andalucía, que recogen información
sobre el estado de la plaga y los tratamientos efectuados.
En 1999 se han recogido datos de daños sobre un total de
631.029 ha de pinar, que revelan que más de un 75% de la
superficie se encuentra en niveles de infestación 1. El porcentaje
ocupado por el grado de infestación 2 representa un 12% del
total, así mismo resulta significativo el porcentaje de superficie
ocupado por el nivel 3 que supone el 7%. Los niveles de infestación
4 y 5 representan un porcentaje elevado pues la superficie ocupada
por ambos supone un 5% respecto del total.
La estimación de daños reales (verdad terreno)
se ha realizado mediante la digitalización de cada rodal
de procesionaria sobre la cartografía 1:50.000. De esta manera
para cada parcela inventariada se ha obtenido una representación
georreferenciada lo más correcta posible, asociada a la cartografía
básica en el ámbito andaluz. Esta información
se ha incorporado a un SIG (Arc/Info), lo que permite, una vez asociada
la representación cartográfica a las bases de datos,
tratar y clasificar las imágenes de satélite.
4.2.Aplicación
de imágenes IRS-WiFS al análisis y evaluación
de los daños producidos por la procesionaria del pino.
La
fuente de información espectral corresponde a una imagen
de marzo del sensor WiFS. Las características espectrales
y espaciales de las imágenes proporcionadas por el satélite
indio IRS-1C son de especial interés para estudios sobre
vegetación a escala regional: ancho de exploración
(810 km), resolución espacial (180 m) y espectral, con dos
bandas, centradas en el rojo (R: 0.62-0.68 nm) y en el infrarrojo
cercano (NIR: 0.77-0.86 nm).
A partir de la información de los daños producidos
se ha procedido a una clasificación supervisada de la zona
de interés, obtenida a partir de una máscara de las
masas de pinar de Andalucía oriental derivada del Mapa Forestal
de España (Ruíz de la Torre, 1990). La opción
del método supervisado responde a la existencia de un detallado
trabajo de campo para la zona de estudio, y por situarse la misma
en un medio mediterráneo que por su variabilidad, podría
llevar, en el caso de optar por el método no supervisado,
a multitud de clases espectrales que complicarían notablemente
la fase de asignación.
Conviene tener en cuenta el tamaño y la distribución
más idónea de la muestra. En cuanto al tamaño
de la muestra se ha seguido el criterio de diversos autores que
recomiendan un número de pixeles entre 10 N y 100 N por categoría,
siendo "N" el número de bandas utilizadas en la
clasificación. Se optó por elegir distintas zonas
de entrenamiento de pequeño tamaño y distribución
homogénea por clases, teniendo en cuenta la variabilidad
espacial de cada categoría. Siguiendo estas recomendaciones
se ha optado por un tamaño mínimo de 1 hectárea
para cada uno de los polígonos de entrenamiento, según
la metodología propuesta por San Miguel y Biging (1996).
Antes de abordar el proceso de clasificación propiamente
dicho, se ha evaluado la viabilidad de las categorías seleccionadas
para clasificar. Para este propósito se ha recurrido a los
criterios numéricos, que mediante criterios cuantitativos
permiten evaluar la posibilidad de discriminar las distintas categorías.
Estos mismos criterios se emplean, además, como medidas para
seleccionar la combinación de bandas que ofrece una separabilidad
global óptima. Para nuestro trabajo se ha utilizado como
índice de separabilidad estadística la Distancia de
Jeffries-Matusita (JM), aprovechando que las fórmulas utilizadas
para calcular la separabilidad de estos índices están
orientadas al Clasificador de Máxima Probabilidad (Maximum
Likelihood Clasifier), que ha sido el método elegido para
llevar a cabo las asignaciones (Chuvieco, 1990) donde cada uno de
los píxeles de la imagen es adscrito a una de las clases
de la leyenda de trabajo. Según lo expuesto, estos índices
proporcionan una idea de la precisión de la clasificación
a realizar dependiendo de las bandas seleccionadas. El clasificador
de Máxima Probabilidad es el que proporciona mayor robustez
y ajuste a la disposición original de los datos. Se trata
de un método paramétrico, pues considera que los histogramas
de cada clase se ajustan a una distribución normal, permitiendo
describir cada categoría por una función de probabilidad
a partir de su vector de medias y su matriz de varianza-covarianza.
Para esta experiencia se ha trabajado con la banda del rojo, la
del infrarrojo y con el Índice de Vegetación Normalizado
NDVI (NIR–R / NIR+R), de modo independiente con la intención
de identificar que región del espectro explorada por este
sensor se muestra más sensible en este tipo de aplicación.
El producto final de la clasificación será un mapa
temático donde la zona de estudio se encuentra dividida en
unidades espaciales coherentes con la leyenda de trabajo. Asumir
que el producto obtenido es completamente fiable sería una
equivocación, pues a toda clasificación va ligada
a un cierto error en función de la calidad de los datos o
de lo riguroso del método empleado. Por ello es obligado
aplicar algún método verificador que permita valorar
la calidad final del trabajo y las posibilidades reales de aplicación.
Se ha estimado la exactitud alcanzada con la clasificación
comparando los mapas temáticos obtenidos con los generados
a partir del trabajo de campo. La comparación entre la cobertura
real (puntos de control no coincidentes con las áreas de
entrenamiento) y la deducida de la clasificación se ha hecho
a través de la Matriz de Error o Matriz de Confusión,
asignando la fiabilidad a partir de la fiabilidad global, la fiabilidad
del usuario y del productor, y del índice Kappa (k).
V.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los
resultados de este trabajo permiten analizar la valía de
la banda NIR, superior al rojo y al ndvi en las distintas clasificaciones
realizadas, en la discriminación y evaluación de daños
producidos por procesionaria, así como estudiar la fiabilidad
de las cartografías de daños generadas.
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Tabla
2. Descripción estadística del proceso de clasificación
digital para 6 clases.
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Tabla
3. Indice de separabilidad estadística interclase JM
(0-1414). Media = 405
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El NIR presenta
una buena evolución en el patrón de distribución
de los valores centrales por clase, observándose una progresiva
disminución a medida que aumenta el nivel de infestación
con la excepción de los dos primeros niveles, donde se invierte
la relación (Tabla 2). Atendiendo a los valores de dispersión,
se observa que las categorías se solapan entre ellas, sin
que el índice de separabilidad estadística JM indique
una capacidad para distinguir adecuadamente los niveles de daño
(Tabla 3). Este índice presenta resultados análogos
a los obtenidos en otros trabajos previos (Ekstrand, 1994), por
lo que se ha procedido a una agrupación de categorías
en tres clases con objeto de mejorar la separabilidad interclase:
afectación baja (nivel de infestación 0, 1 y 2), afectación
media (nivel de infestación 3) y afectación alta (nivel
de infestación 4 y 5).
Para
esta clasificación, el NIR mejora el patrón de distribución
de valores, observándose una progresiva disminución
del valor a medida que aumenta el nivel de infestación (Tabla
4). Observando los valores de dispersión, se ve que sigue
existiendo solapamiento entre categorías, a la vez que mejora
el índice de separabilidad estadística JM (Tabla 5).
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Tabla
4. Descripción estadística del proceso de clasificación
digital para 3 clases.
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Tabla
5. Indice de separabilidad estadística interclase JM
(0-1414). Media = 495.
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Los
resultados de este primer análisis parecen indicar la validez
del NIR para el seguimiento del decaimiento de masas de coníferas
afectadas de procesionaria. Sin embargo, parece difícil
que se pueda discriminar entre todas las categorías consideradas
(Montoya et al, 1998), dada la indefinición de los
niveles de infestación bajos (nivel 1 y nivel 2), donde todavía
los daños tienen patrones de distribución periféricos
a la masa, sin producir grandes defoliaciones, aunque sí
parece que hay una variación, mínima, en la respuesta
espectral.
Utilizando la banda del NIR, a partir de sus signaturas espectrales
para 6 y 3 niveles de infestación, se ha procedido a generar
la cartografía de infestación del conjunto de los
pinares de la zona oriental de Andalucía (Figura 2 y Figura
3).
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| Figura
2: Clasificación Supervisada para 6 niveles de infestación
de los pinares de Andalucía oriental. |
Figura
3: Clasificación Supervisada para 3 niveles de infestación
de los pinares
de Andalucía oriental.
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La
validación de esta cartografía se ha realizado a partir
de un conjunto de puntos seleccionados al azar. Como se observa
en la matriz, la Fiabilidad Global de la clasificación considerando
todas las categorías de daños es del 30,00%, por lo
que se puede afirmar que la cartografía obtenida es poco
fiable (Tabla 6). Esta fiabilidad aumenta al 50,00 % con la reducción
de clases a tres, que aunque mejora la clasificación anterior
sigue siendo insuficiente (Tabla 7). En la tabla 6 y 7 se observa
que los resultados más pobres de Fu y Fp (Fiabilidad del
Usuario y del Productor) corresponden a las clases que presentan
mayores problemas en la discriminación o con una representación
superficial relativa muy pequeña, en particular con seis
clases. Con el objetivo de analizar las múltiples relaciones
entre las distintas clases, se ha utilizado el índice Kappa
(k) de análisis categórico multivariante. Este índice
calcula la diferencia entre el acuerdo mapa-realidad observado y
el que cabría esperar simplemente por azar. Esto es, intenta
delimitar el grado de ajuste debido sólo a la exactitud de
la clasificación; prescindiendo del causado por efectos aleatorios.
Valores de k próximos a 1 indican un acuerdo pleno entre
la realidad y el mapa, mientras que los cercanos a 0 sugieren que
dicho acuerdo es puramente debido al azar. Podemos afirmar que la
cartografía generada tiene un bajo grado de acuerdo al terreno
(k = 0.1716, y k = 0,2647). Los resultados ponen de manifiesto
la dificultad de discriminar entre seis niveles de infestación,
obteniéndose fiabilidades del usuario muy bajas en prácticamente
todas las categorías (precisión global 30%, k
= 0,1716). Al simplificar a tres categorías se logra un incremento
notable de la precisión, logrando un valor de precisión
global del 50,00% (k = 0,2647).
Los resultados refuerzan el valor del NIR para el seguimiento del
estado fitosanitario de masas forestales, en particular si se trabaja
con niveles de infestación que homogeneicen categorías
de daños que tengan un mayor reflejo en la defoliación
de la masa.
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Tabla
6. Precisión total de la clasificación y estadístico
Kappa para 6 clases
NOTA: 40 puntos de control de distribución aleatoria
por estratos.
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Tabla
7. Precisión total de la clasificación y estadístico
Kappa para 3 clases
NOTA: 40 puntos
de control de distribución aleatoria por estratos.
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Las causas que dan lugar a la pérdida de fiabilidad y, por
tanto, orientan en las posibles mejoras, pueden agruparse en tres
tipos:
Errores
cometidos en el trabajo de campo, dada la dificultad de identificar
con precisión los rodales de procesionaria (escala
de referencia 1:50.000), al interior de los cuales la distribución
de daños tampoco es homogénea. Esta situación
da lugar a una gran dispersión de los valores obtenidos
en las áreas de entrenamiento. En próximas campañas
debería trabajarse con puntos de control de menor entidad
superficial, que presenten una gran homogeneidad de daños
y que estén georreferenciadas con mayor precisión
(escala de referencia 1:10.000 y uso de GPS).
1.Errores
cometidos por el enfoque global del problema que afecta a las
distintas formaciones de pinar, sin considerar un tratamiento
individualizado según masas monoespecíficas (P.
halepensis, P. pinaster, P. pinea, P. sylvestris y P. nigra)
e incluso mixtas, que por sus diferentes características
estructurales (tanto horizontal como vertical) presentan distintos
patrones de respuesta espectral, añadiendo un extra de
confusión espectral a la causada por una leyenda que
no permite una discriminación óptima según
niveles de infestación.
2.Tratamiento
insuficiente de la imagen, debido a la normalización
de las mismas, o bien por la ausencia de correcciones previas
recomendadas en la literatura. La transformación de la
imágenes a reflectividad y la consideración del
factor de corrección topográfico (Ekstrand, 1994)
posiblemente mejoren la precisión de las clasificaciones,
siempre que se mantenga un nivel mínimo de agrupación
de las mismas.
A modo de conclusión, puede derivarse de este trabajo la
adecuación de las imágenes IRS-WiFS como una fuente
de información útil para el seguimiento del estado
fitosanitario de los ecosistemas dominados por coníferas
en Andalucía, en particular la banda del infrarrojo próximo
(NIR). La simplificación de las categorías de infestación,
un trabajo más preciso de asignación de las áreas
de entrenamiento, la corrección de las imágenes, así
como un posible seguimiento multitemporal del fenómeno (2
ó 3 fechas) según distintas metodologías en
detección de cambios (Häme y San Miguel-Ayanz, 1998)
como los producidos por plagas y enfermedades en masas forestales,
puede permitir obtener valores de precisión adecuados para
la planificación de actuaciones selvícolas y de control
fitosanitario necesarios para mejorar el estado forestal de las
masas.
AGRADECIMIENTOS
Este trabajo ha sido posible gracias al Convenio Desarrollo de
modelos de evaluación de la regeneración para cubiertas
de vegetación después de un incendio. Análisis
y evaluación del estado fitosanitario de la vegetación
natural mediante sensores remotos, entre la Consejería
de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía (Servicio de Evaluación
de Recursos Naturales y Servicio de Gestión del Medio Natural)
y E.T.S.I. Agrónomos y Montes de la Universidad de Córdoba
(Dpto. de Ing. Rural-Unidad de Silvopascicultura y Restauración
de Ecosistemas) para la aplicación de imágenes Irs-Wifs
en la estimación de daños producidos por agentes fitopatológicos,
con el fin de facilitar la evaluación del nivel de afectación
y la evolución de los daños.
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