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AGOSTO - SEPTIEMBRE ISSN: 1.131-9.100
viernes, 03 de septiembre de 2010
 
ARTÍCULOS
 
 
 
   

DEL GUADALQUIVIR AL TOA VIAJE POR LA SELVA VIRGEN TROPICAL DE CUBA

 
Noviembre de 2002
Julio Madrigal Asenjo. Sevilla, noviembre de 2002. Ingeniero Técnico en Topografía Licenciado en Geografía (Fotografías del autor)
 

 

Un artículo, Cuenca del río Toa SOS, aparecido en la edición número 25 de Mapping y escrito por Antonio Núñez Jiménez, presidente de la Fundación de la Naturaleza y el Hombre, dio origen al viaje que seguidamente se relata a través un territorio de selva virgen tropical que se extiende por el parque nacional Alejandro de Humboldt, en la zona oriental de Cuba, dentro de la provincia de Guantánamo.

El ilustre geógrafo cubano hablaba de la existencia de un salto de más de 300 metros de desnivel, "el más alto del Caribe", formado por el arroyo Infierno, subafluente del Toa, y al que nadie había logrado llegar hasta entonces. Corría el año 1995.

Pensando que iniciado ya el siglo XXI aún quedaba "terra incógnita" en el maltratado planeta Tierra, el autor de estas páginas se propuso organizar hacía aquellos pagos lo que más tarde fructificaría en viaje de fin de carrera para un grupo de estudiantes -él incluido- que en el año 2002 terminarían la licenciatura en Geografía en la Universidad de Sevilla. A ellos se unirían colegas de la Universidad de La Habana, y en número de veinticinco, el mes de julio de ese año, un pie tras otro se lanzaron a la aventura de recorrer, río abajo, cuarenta kilómetros del Toa, el más caudaloso de Cuba.

El parque nacional Alejandro de Humboldt hace honor al considerado padre de la Geografía, un alemán conocido como segundo descubridor de Cuba. Humboldt realizó numerosos estudios geográficos por medio mundo, incluida España y la perla de las Antillas. Abarca un territorio de 69.000 hectáreas de los bosques mejor conservados de la isla y 2.641 de litoral marítimo.

1. Cascada de un arroyo en su desembocadura al Toa

Tras largos preparativos, en los que fue decisiva la colaboración del decano de la Facultad de Geografía de Universidad de La Habana, Manuel Bollo, los expedicionarios entraron en el parque, partiendo desde Guantánamo, al mediodía del 29 de julio. Antes de adentrarse en la exuberante fronda, el profesor cubano Ángel Claro, eminente biogeógrafo que dirigió la expedición, mostró a los estudiantes una especie vegetal conocida como cola de caballo (Equisetum giganteum), un fósil viviente, único en el mundo, existente en un pequeño piélago al borde la ruta Mulata.

La ruta Mulata es un camino con el que se planteó unir Baracoa, la primera capital de Cuba, fundada en 1510 por Diego Velázquez, con el resto de la isla. El abandono era tal en esos recónditos lugares, que la antigua villa permaneció incomunicada por tierra con el resto del país hasta que en los años 60 se construyó la carretera que atraviesa la accidentada orografía de esa zona por la empinada cuesta de la Farola, una memorable obra de ingeniería.
Descargada la abultada impedimenta de las dos abarrotadas camionetas que transportaban a los expedicionarios hasta el último puente que sobrevuela el Toa antes de su desembocadura, unos 50 kilómetros más abajo, aquéllos procedieron a repartirse la carga, unos 25 kilos por cabeza que comprendían tiendas de campaña y comida consistente en leche en polvo, café, pasta deshidratada y latas de conserva, además del insustituible arroz aportado por los estudiantes cubanos.

Andando por las márgenes del río, cruzando de una orilla a otra de los continuos meandros que el Toa describe camino de su desembocadura, en las proximidades de Baracoa, siempre en busca de la ladera de menor pendiente o ascendiendo por empinadas lomas cuando aquello no era posible, los expedicionarios cubrieron menos de dos kilómetros en su primera jornada, para lo que tuvieron que sortear más de un obstáculo de no poco compromiso.

2. Amanecer entre niebla en un campamento.

Encontrado un lugar donde acampar, unos metros por encima del cauce del río, los sudorosos estudiantes se refrescaron en las cálidas aguas de una poza en la que el Toa retenía la corriente. Fue entonces cuando uno de los expedicionarios sufrió el primer incidente del viaje: al asomarse a la presa natural que se interponía en el curso del río, la fuerza inusitada del caudal le arrastró. Tras un revolcón que pudo tener peores consecuencias, el atribulado bañista logró recobrar la verticalidad al tiempo que la furia del agua le aprisionaba contra una roca. Ayudado por Neno, uno de los estudiantes cubanos, el autor de este artículo pudo salir del embrollo, magullado pero felizmente vivo.

Una suculenta cena-almuerzo-merienda, a base a arroz mezclado con magro de cerdo enlatado -que supo a gloria a los hambrientos viajeros- antecedió al montaje de las tiendas de campaña. Había anochecido cuando unas inquietantes luces, zigzagueantes en el espacio, impresionaron a los españoles. Pronto supieron de sus colegas cubanos que procedían de los ojos de los cucuyos, escarabajos voladores que en su revoloteo emiten una nítida luz blanca.


3. Cruce del Toa por los expedicionarios.

Al amanecer, siempre entre la niebla que la tupida vegetación exhalaba de su tupida masa arbórea húmeda, los expedicionarios se extasiaron ante la abundante y variadísima vida vegetal que esos parajes atesoran. Una maraña de plantas trepadoras caía desde las copas de los árboles en forma de fantasmagóricos telones.

LLUVIAS ABUNDANTES Y MÚLTIPLES ESPECIES VEGETALES

La cuenca del Toa registra las más altas cotas de lluvia de toda Cuba, por encima de los 3.500 milímetros anuales. Curiosamente, a sotavento de estas montañas, las Cuchillas del Toa, que alcanzan el millar de metros de altitud en sus cotas más elevadas, sólo caen 300 milímetros. Es este último territorio el más árido de Cuba, de ahí que el Gobierno pensara construir una presa en el río que almacenara agua para las sedientas tierras de la mayor parte de la provincia de Guantánamo. Pero sensibles a la conservación del medio ambiente y a los valores naturales que el parque nacional encierra, los dirigentes cubanos optaron por preservar esos espacios únicos de la cuenca del curso fluvial más caudaloso de la isla.

La abundantes pluviometría, que al contrario que en el resto del país aquí se produce mayoritariamente en invierno, unida a las características orográficas y edafológicas del territorio, han propiciado que en el parque, propuesto para ser declarado Patrimonio Natural de la Humanidad, se observen cinco pisos en lo que a vegetación se refiere.

Uno de ellos, como resume la guía del parque Humboldt, elaborada por el Centro Nacional de Áreas Protegidas, perteneciente a la Agencia del Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología, es el denominado matorral montano sobre serpentinitas, que aparece en las partes más elevadas, prácticamente sin suelos y es, por consiguiente, el de vegetación más pobre.

El segundo piso lo constituye el bosque pluvial esclerófilo montano, el más abundante en el parque, con árboles de hojas duras y especies como el manglillo (Bonnetia cubensis), una variedad de sabina (Podocarpus ekmanii) o el azulejo (Talauma oblongifolia), así como helechos arborescentes, orquídeas y algunas especies de plantas insectívoras.

En tercer lugar se observa el bosque pluvial somontano, pluvioso y el más vigoroso de Cuba, en el que aparecen cupeyes (Clusia tetrastigma, rosea y moaensis), robles (Tabebuia sp.), un ojuje endémico (Calophyllum utile), el achote (Sloanea couratellifolia), el najesí (Carapa guianensis), el yararey (Xilopía rigii) y especies arbóreas de gran porte -hasta 35 metros-, helechos y epifitas.

El cuarto piso es el dominio del pinar, donde prolifera Pinus cubensis, endémico de la región, además de charrascales y palmas como la pajúa (Bactris cubensis) y la considerada como un fósil viviente, Dracaena cubensis.

Finalmente, el matorral xeroformo subespinoso sobre serpentinitas, rico en endemismos y a distintas alturas, pero siempre en suelos pobres, comprende especies como el azufre (Spitotecoma spiralis), el abey (Jacaranda arborea), variedades de Schmidtottia y la abundante y bella Spathelkia pinetotum.

En resumen, la diversidad vegetal es tal que alcanza las mil especies con flores y los 145 helechos, además de 900 endemismos, más de la tercera parte de los conocidos en toda Cuba.

El parque Alejandro de Humboldt cuenta también con numerosas especies animales, especialmente aves, entre las que destacan cotorras y cateyes y otras en grave peligro de extinción, como el carpintero real (Campephilus principalis bairdi) y el gavilán caguarero (Chondrohierax wilsoni). Otra especie, observada por los expedicionarios, fue el tocororo (Priotelus temnurus), ave nacional de Cuba y exclusiva del país.

También son abundantes los mamíferos, todos de pequeño tamaño, como en el resto de la isla. Ejemplos interesantes son el raro almiquí (Solenodon cubanus) o las jutías, y en la parte marina del parque, el manatí (Trichechus manatus).

Los ríos dan vida a la gambusia (Gambusia punctata) y el joturo (Cyclasoma ramsdeni) y, además, son numerosos los reptiles, si bien, como en el resto de Cuba, ninguno es venenoso.

ESCASA POBLACIÓN, BIEN ATENDIDA

Cerca de donde el arroyo Naranjo entrega sus aguas al Toa, próximo ya al poblado de La Perrera, éste a 14 kilómetros de Baracoa, los expedicionarios trabaron amistad con un grupo de vecinos que forman parte de la escasa población que habita estos parajes. Son pocas familias, en las que los colores de la piel oscilan entre el blanco más pálido y el negro sin que falte la mezcla del cobrizo indio. Viven felices cultivando cacao, café, plátanos y viandas en sus pequeñas fincas, de las que son propietarios, y criando puercos -los expedicionarios dieron buena cuenta de uno de ellos- o como socios de cooperativas agrarias. Los hijos de los guajiros, absolutamente todos escolarizados, asisten a colegios de distintos niveles, según sus edades, o a las universidades cubanas. Los más pequeños reciben sus primeras lecciones en pequeñas escuelitas, todas electrificadas (las más escondidas, con paneles solares) y dotadas, sin excepción, de televisión, vídeo y ordenador. Una de ellas contaba con único escolar pero no le faltaba ninguno de aquellos artefactos.

4. Vista parcial del parque Alejandro de Humboldt.

Y así, inasequibles al desaliento, los expedicionarios pusieron sus pies en Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa el día cuatro de agosto de año de nuestro Señor de 2002. Observando el Yunque, que desde lo alto domina la ciudad, recordaron la frase que Colón pronunció tras hincar en las arenas de la playa baracoana la cruz de La Parra, conservada en la iglesia parroquial de la localidad: "Nunca ojos humanos vieron tierra tan bella".

5. La mariposa, flor nacional de Cuba.

Satisfechos de haber cumplido con su propósito, complacidos de vencer las no pocas dificultades -ataques del jején y los tábanos, los sudores ardientes en los ascensos por lomas de pronunciadas pendientes, los cruces del río en medio de fuertes corrientes...- con que se toparon, y emocionados por una convivencia que supo sortear la dureza del periplo, cubanos y españoles quedaron amigos para siempre.

 
   
   
   
   
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