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Un
artículo, Cuenca del río Toa SOS, aparecido en la edición
número 25 de Mapping y escrito por Antonio Núñez
Jiménez, presidente de la Fundación de la Naturaleza y el
Hombre, dio origen al viaje que seguidamente se relata a través
un territorio de selva virgen tropical que se extiende por el parque nacional
Alejandro de Humboldt, en la zona oriental de Cuba, dentro de la provincia
de Guantánamo.
El ilustre
geógrafo cubano hablaba de la existencia de un salto de más
de 300 metros de desnivel, "el más alto del Caribe",
formado por el arroyo Infierno, subafluente del Toa, y al que nadie había
logrado llegar hasta entonces. Corría el año 1995.
Pensando que iniciado ya el siglo XXI aún quedaba "terra incógnita"
en el maltratado planeta Tierra, el autor de estas páginas se propuso
organizar hacía aquellos pagos lo que más tarde fructificaría
en viaje de fin de carrera para un grupo de estudiantes -él incluido-
que en el año 2002 terminarían la licenciatura en Geografía
en la Universidad de Sevilla. A ellos se unirían colegas de la
Universidad de La Habana, y en número de veinticinco, el mes de
julio de ese año, un pie tras otro se lanzaron a la aventura de
recorrer, río abajo, cuarenta kilómetros del Toa, el más
caudaloso de Cuba.
El parque nacional Alejandro de Humboldt hace honor al considerado padre
de la Geografía, un alemán conocido como segundo descubridor
de Cuba. Humboldt realizó numerosos estudios geográficos
por medio mundo, incluida España y la perla de las Antillas. Abarca
un territorio de 69.000 hectáreas de los bosques mejor conservados
de la isla y 2.641 de litoral marítimo.
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1.
Cascada de un arroyo en su desembocadura al Toa
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Tras
largos preparativos, en los que fue decisiva la colaboración del
decano de la Facultad de Geografía de Universidad de La Habana,
Manuel Bollo, los expedicionarios entraron en el parque, partiendo desde
Guantánamo, al mediodía del 29 de julio. Antes de adentrarse
en la exuberante fronda, el profesor cubano Ángel Claro, eminente
biogeógrafo que dirigió la expedición, mostró
a los estudiantes una especie vegetal conocida como cola de caballo (Equisetum
giganteum), un fósil viviente, único en el mundo, existente
en un pequeño piélago al borde la ruta Mulata.
La ruta Mulata es un camino con el que se planteó unir Baracoa,
la primera capital de Cuba, fundada en 1510 por Diego Velázquez,
con el resto de la isla. El abandono era tal en esos recónditos
lugares, que la antigua villa permaneció incomunicada por tierra
con el resto del país hasta que en los años 60 se construyó
la carretera que atraviesa la accidentada orografía de esa zona
por la empinada cuesta de la Farola, una memorable obra de ingeniería.
Descargada la abultada impedimenta de las dos abarrotadas camionetas que
transportaban a los expedicionarios hasta el último puente que
sobrevuela el Toa antes de su desembocadura, unos 50 kilómetros
más abajo, aquéllos procedieron a repartirse la carga, unos
25 kilos por cabeza que comprendían tiendas de campaña y
comida consistente en leche en polvo, café, pasta deshidratada
y latas de conserva, además del insustituible arroz aportado por
los estudiantes cubanos.
Andando por las márgenes del río, cruzando de una orilla
a otra de los continuos meandros que el Toa describe camino de su desembocadura,
en las proximidades de Baracoa, siempre en busca de la ladera de menor
pendiente o ascendiendo por empinadas lomas cuando aquello no era posible,
los expedicionarios cubrieron menos de dos kilómetros en su primera
jornada, para lo que tuvieron que sortear más de un obstáculo
de no poco compromiso.
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2.
Amanecer entre niebla en un campamento.
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Encontrado
un lugar donde acampar, unos metros por encima del cauce del río,
los sudorosos estudiantes se refrescaron en las cálidas aguas de
una poza en la que el Toa retenía la corriente. Fue entonces cuando
uno de los expedicionarios sufrió el primer incidente del viaje:
al asomarse a la presa natural que se interponía en el curso del
río, la fuerza inusitada del caudal le arrastró. Tras un
revolcón que pudo tener peores consecuencias, el atribulado bañista
logró recobrar la verticalidad al tiempo que la furia del agua
le aprisionaba contra una roca. Ayudado por Neno, uno de los estudiantes
cubanos, el autor de este artículo pudo salir del embrollo, magullado
pero felizmente vivo.
Una suculenta cena-almuerzo-merienda, a base a arroz mezclado con magro
de cerdo enlatado -que supo a gloria a los hambrientos viajeros- antecedió
al montaje de las tiendas de campaña. Había anochecido cuando
unas inquietantes luces, zigzagueantes en el espacio, impresionaron a
los españoles. Pronto supieron de sus colegas cubanos que procedían
de los ojos de los cucuyos, escarabajos voladores que en su revoloteo
emiten una nítida luz blanca.
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3. Cruce del Toa por los expedicionarios.
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Al amanecer,
siempre entre la niebla que la tupida vegetación exhalaba de su
tupida masa arbórea húmeda, los expedicionarios se extasiaron
ante la abundante y variadísima vida vegetal que esos parajes atesoran.
Una maraña de plantas trepadoras caía desde las copas de
los árboles en forma de fantasmagóricos telones.
LLUVIAS
ABUNDANTES Y MÚLTIPLES ESPECIES VEGETALES
La cuenca del Toa registra las más altas cotas de lluvia de toda
Cuba, por encima de los 3.500 milímetros anuales. Curiosamente,
a sotavento de estas montañas, las Cuchillas del Toa, que alcanzan
el millar de metros de altitud en sus cotas más elevadas, sólo
caen 300 milímetros. Es este último territorio el más
árido de Cuba, de ahí que el Gobierno pensara construir
una presa en el río que almacenara agua para las sedientas tierras
de la mayor parte de la provincia de Guantánamo. Pero sensibles
a la conservación del medio ambiente y a los valores naturales
que el parque nacional encierra, los dirigentes cubanos optaron por preservar
esos espacios únicos de la cuenca del curso fluvial más
caudaloso de la isla.
La abundantes pluviometría, que al contrario que en el resto del
país aquí se produce mayoritariamente en invierno, unida
a las características orográficas y edafológicas
del territorio, han propiciado que en el parque, propuesto para ser declarado
Patrimonio Natural de la Humanidad, se observen cinco pisos en lo que
a vegetación se refiere.
Uno de ellos, como resume la guía del parque Humboldt, elaborada
por el Centro Nacional de Áreas Protegidas, perteneciente a la
Agencia del Medio Ambiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología,
es el denominado matorral montano sobre serpentinitas, que aparece en
las partes más elevadas, prácticamente sin suelos y es,
por consiguiente, el de vegetación más pobre.
El segundo piso lo constituye el bosque pluvial esclerófilo montano,
el más abundante en el parque, con árboles de hojas duras
y especies como el manglillo (Bonnetia cubensis), una variedad de sabina
(Podocarpus ekmanii) o el azulejo (Talauma oblongifolia), así como
helechos arborescentes, orquídeas y algunas especies de plantas
insectívoras.
En tercer lugar se observa el bosque pluvial somontano, pluvioso y el
más vigoroso de Cuba, en el que aparecen cupeyes (Clusia tetrastigma,
rosea y moaensis), robles (Tabebuia sp.), un ojuje endémico (Calophyllum
utile), el achote (Sloanea couratellifolia), el najesí (Carapa
guianensis), el yararey (Xilopía rigii) y especies arbóreas
de gran porte -hasta 35 metros-, helechos y epifitas.
El cuarto piso es el dominio del pinar, donde prolifera Pinus cubensis,
endémico de la región, además de charrascales y palmas
como la pajúa (Bactris cubensis) y la considerada como un fósil
viviente, Dracaena cubensis.
Finalmente, el matorral xeroformo subespinoso sobre serpentinitas, rico
en endemismos y a distintas alturas, pero siempre en suelos pobres, comprende
especies como el azufre (Spitotecoma spiralis), el abey (Jacaranda arborea),
variedades de Schmidtottia y la abundante y bella Spathelkia pinetotum.
En resumen, la diversidad vegetal es tal que alcanza las mil especies
con flores y los 145 helechos, además de 900 endemismos, más
de la tercera parte de los conocidos en toda Cuba.
El parque Alejandro de Humboldt cuenta también con numerosas especies
animales, especialmente aves, entre las que destacan cotorras y cateyes
y otras en grave peligro de extinción, como el carpintero real
(Campephilus principalis bairdi) y el gavilán caguarero (Chondrohierax
wilsoni). Otra especie, observada por los expedicionarios, fue el tocororo
(Priotelus temnurus), ave nacional de Cuba y exclusiva del país.
También son abundantes los mamíferos, todos de pequeño
tamaño, como en el resto de la isla. Ejemplos interesantes son
el raro almiquí (Solenodon cubanus) o las jutías, y en la
parte marina del parque, el manatí (Trichechus manatus).
Los ríos dan vida a la gambusia (Gambusia punctata) y el joturo
(Cyclasoma ramsdeni) y, además, son numerosos los reptiles, si
bien, como en el resto de Cuba, ninguno es venenoso.
ESCASA
POBLACIÓN, BIEN ATENDIDA
Cerca de donde el arroyo Naranjo entrega sus aguas al Toa, próximo
ya al poblado de La Perrera, éste a 14 kilómetros de Baracoa,
los expedicionarios trabaron amistad con un grupo de vecinos que forman
parte de la escasa población que habita estos parajes. Son pocas
familias, en las que los colores de la piel oscilan entre el blanco más
pálido y el negro sin que falte la mezcla del cobrizo indio. Viven
felices cultivando cacao, café, plátanos y viandas en sus
pequeñas fincas, de las que son propietarios, y criando puercos
-los expedicionarios dieron buena cuenta de uno de ellos- o como socios
de cooperativas agrarias. Los hijos de los guajiros, absolutamente todos
escolarizados, asisten a colegios de distintos niveles, según sus
edades, o a las universidades cubanas. Los más pequeños
reciben sus primeras lecciones en pequeñas escuelitas, todas electrificadas
(las más escondidas, con paneles solares) y dotadas, sin excepción,
de televisión, vídeo y ordenador. Una de ellas contaba con
único escolar pero no le faltaba ninguno de aquellos artefactos.
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4.
Vista parcial del parque Alejandro de Humboldt.
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Y así,
inasequibles al desaliento, los expedicionarios pusieron sus pies en Nuestra
Señora de la Asunción de Baracoa el día cuatro de
agosto de año de nuestro Señor de 2002. Observando el Yunque,
que desde lo alto domina la ciudad, recordaron la frase que Colón
pronunció tras hincar en las arenas de la playa baracoana la cruz
de La Parra, conservada en la iglesia parroquial de la localidad: "Nunca
ojos humanos vieron tierra tan bella".
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5.
La mariposa, flor nacional de Cuba.
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Satisfechos
de haber cumplido con su propósito, complacidos de vencer las no
pocas dificultades -ataques del jején y los tábanos, los
sudores ardientes en los ascensos por lomas de pronunciadas pendientes,
los cruces del río en medio de fuertes corrientes...- con que se
toparon, y emocionados por una convivencia que supo sortear la dureza
del periplo, cubanos y españoles quedaron amigos para siempre.
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