FEBRERO-MARZO ISSN: 1.131-9.100
martes, 09 de febrero de 2010
 
ARTÍCULOS
 
 
 
   

LA ESTACIÓN TOTAL DEL POETA JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

 
Noviembre de 1998
Fernando Barranco Molina. Ingeniero Técnico en Topografía. Profesor Asociado de la Universidad de Huelva. Área de Ingeniería Cartografía, Geodésica y Fotogrametría.
 

 

Más de cincuenta años han pasado desde que apareció por primera vez en Buenos Aires un precioso libro de poemas que yo incluso siendo un apasionado de la prosa y de la poesía de Juan Ramón Jiménez Mantecón, no he leído hasta hace solo unos meses. Se trata del libro titulado "La Estación Total con las canciones de la nueva luz", una delicia, una autentica sinfonía de luz, de color y de aire, que a los que andamos día a día por el campo nos refresca y nos ilumina al leerlo.

Parece que Juan Ramón nos dedica este libro a los que hacemos Topografía y Cartografía, como si el propio titulo fuese una profecía del instrumento topográfico que varias décadas después iba ayudarnos en nuestro trabajo diario.

Los poemas del Premio Nobel son todo un alegato a nuestro andar por el campo, así en sus páginas se pueden leer cosas tan hermosas como:

Aquel purpúreo monte...
La armonía recóndita...
realidades paralelas...
traslada la estación de un sitio a otro.

Creo que el poeta de Moguer me acompaña mientras voy midiendo el moguereño coto de Montemayor y me pregunta

¿Verdor solar con apariencia eterna,
tierra en que duplicar con nuestra boca,
agua en que refrescar la vena viva,
poniente al que mirar en el descanso?

O que me hace meditar junto a mi Estación Total, libro e instrumento, que en mis solitarios y largos ratos

Deleito el tacto de la soledad...
Y veo como juegan su frío y su sol,
la nube con la montaña indiferentes al eco, al águila
¡Y al poeta!

Cuando el aire, suprema compañía
Ocupa el sitio de los que se fueron.

No sé dónde se inspiró el poeta de Moguer al describir de forma sublime estos paisajes, pero estoy casi seguro que fue en los campos cercanos a la ribera del Tinto

"Todo es pleno en un valle azul de exacta temperatura transparente, que fija con su nítida quietud la belleza completa, y todo queda ante mi vista chico, ¡el azul relativo, el pobre azul, plano, lo mismo, como ayer, ¡cómo antes!"

¡Que blancura (que luz)!
Mas blanco (y encendido)
Sin ser blanco (ni lúcido)
Que todo lo que es blanco (y luminoso)

Juan Ramón Jiménez, nació en Moguer en 1881 y es conocido mundialmente por el libro más bello de la narrativa lírica contemporánea, un libro que no es solo para niños "PLATERO Y YO", pero que a todos los que escribió son de una gran belleza, son hermosos, escritos con inteligencia y capaz de sorprendernos continuamente como este mismo me dejó sorprendido a mí cuando lo leí.

Se casó con Zenobia Camprubí a quien le dedicó unas poesías amorosas de alta sensibilidad y que ella supo agradecer dedicándole con amor toda su vida.

Murió en 1958 en San Juan de Puerto Rico, dos años después de recibir el Premio Nobel de Literatura, pero su espíritu quedó en Moguer, se nota, lo siento al pasear por las blancas calles del pueblo o por los verdes campos moguereños.

Verde brillo sobre el oscuro verde
Nido profundo de hojas y rumor...
El campo seco
En que los cuatro puntos cardinales
Son de igual atracción dulce y profunda;
instante del amor abierto.

Juan Ramón "el loco", "el loco de Moguer", el que vio desde el Monturrio, aquel ocaso empurpurado, aquel, que otro poeta y amigo Curro Garfias, lo estudió profundamente, aquel que le decía a Zenobia

El cenit se transforma por ti y por mí
Tú en el Norte, en tal Este
En el Sur, clara y fija

Las sendas naturales
Que por tierra, aire, agua, fuego
Conducen a su cuerpo y a su alma
En oriente, poniente, sur y norte

Juan Ramón Jiménez, escribió este libro entre los años 1923 y 1936 y se publicó en Argentina en 1946, no publicándose en España hasta 1994.

He andado por la calle de la Ribera, su calle natal, he subido a la azotea de su casa desde donde se ve el mar y que él cariñosamente se lo explicaba a Platero, he paseado por el arroyo Don Gil, por los Alcalares, pro la plaza de la Iglesia, por la del Cabildo, he ido a Fuentepiña, al avitorejo, a las Madres, a la playa de Castilla, he recorrido toda su geografía, la que a mi me gusta llamar geografía juanramoniana y con la Estación total en mis manos, la mía, la de él, en un anochecer moguereño, recordé aquella declaración de amor a Zenobia, su novia, a la que comparó con

"aquellas estrellas que cada noche le sonreían desde el cielo"

Mientras yo visaba con mi Estación Total, la estrella Polar, en busca del

Norte
En tal Este
En el Sur

Moguer, verano de 1998.

 
   
   
   
   
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