1. LA CONTROVERTIDA FORMA DE LA TIERRA.
A mediados del siglo XVII se suscita la polémica de determinar
la forma y dimensiones de la Tierra. Un simple razonamiento teórico
de Newton, trajo como consecuencia el establecimiento del equilibrio
relativo de una masa homogénea en rotación uniforme. A
partir de aquí surgió la controversia de las dos diferentes
tipologías de tratamiento: fundamento físico o fundamento
geométrico para determinar la forma de la Tierra.
En 1.966 se crea en París la Academia de Ciencias, auténtico
foco de saber astronómico y geodésico quehace tomar hegemonía
a Francia en estas técnicas en apogeo. Seis años más
tarde se funda el observatorio de París y tres años después
el de Greenwich; por esta época se completan campañas
de observación y cálculo con el objetivo de evaluar las
dimensiones y establecer la forma de la Tierra, a partir de determinaciones
astronómicas y terrestres.
Newton (1.643-1.727) y Huyghens (1.629-1695), basándose en los
trabajos de Richer y en los suyos propios, desarrollaron modelos terrestres
basados en fundamentos físicos, con los polos achatados. De esta
forma, Newton en 1.687, en consecuencia con su ley de gravitación
universal, obtiene un elipsoide de revolución como la figura
de equilibrio, para una tierra homogénea, fluida y sometida a
la rotación. A partir de esa afirmación aparecen dos grandes
escuelas portadores de un elipsoide de revolución, pero con dos
configuraciones bien diferenciadas: la inglesa de Newton, defendiendo
el modelo naranja, es decir, la figura elipsoide achatada por los polos,
y la francesa de Jacques Cassini (1.677-1.756), que propugna por un
elipsoide achatado por el ecuador. A partir de este momento ya es aceptable
una forma de Tierra no esférica, pero había diferenciasen
cuanto a la interpretación de su configuración. La defensa
de uno u otro modelo originó una verdadera pugna entre los científicos
de la época.
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Figura 1. Controversia entre elipsoides. |
2. LOS ANTECEDENTES DE UN EXTRAORDINARIO VIAJE
CON PROTAGONISMO ESPAÑOL.
El siglo XVIII inagura en España la dinastía borbónica,
cuando Felipe V obtiene la corona por disposición testamentaria
de Carlos II. No fue un relevo pacífico, Carlos de Austria le
disputó el trono invocando el derecho de sucesión familiar,
originando así una guerra que no fue meramente dinástica,
sino europea, pues trataba de evitar el excesivo poderío de Francia
y España unidas. En 1713 fue reconocido internacionalmente por
Rey de España. Cuentan algunos historiadores que Felipe V fue
un hombre débil de carácter y maniático, con profunda
aversión por los problemas de gobierno, así que dejó
hacer a sus dos esposas. Tal vez por ello abdicó pronto y por
sorpresa, deseoso de retirarse a San Ildefonso,aunque la muerte prematura
del joven Luis I lo obligaron a reinar de nuevo. Sin embargo, su escasa
voluntad de estadista no impidió un interés real por el
progreso material y la defensa del arte, creó en 1714 la Real
Academia Española y prestó protección a artistas
y escritores, a la vez que manifestó curiosidad por el debete
que enfrentaba a científicos europeos, empeñados en dilucidar
cuál era la forma de la Tierra.
Tras los razonamientos teóricos de Newton se había abandonado
el modelo esférico y se dudaba si el elipsoide que definía
la superficie de la tierra estaba achatado por los polos o por el ecuador.
Medidad realizadas en la Europa Central, con latitudes no extremas,
habían otorgado resultados contradictorios. La polémica,
pues, estaba polarizada en dos escuelas, la francesa
que defendía un elipsoide achatado por el ecuador, y la inglesa,
que sostenía un elipsoide achatado por los polos. Al objeto de
clarificar esta incertidumbre la Academia de las Ciencias de París
acuerda en 1733 medir dos arcos de meridiano en latitudes extremas:
las proximidades del Polo (Laponia) y las proximidades del ecuador (Perú).
Perú era entonces territorio perteneciente a la corona española,
así que Luis XV, rey de Francia, tuvo que pedir permiso a Felipe
V para que la expedición francesa pisase tierras andinas. Los
lazos de familia, el buen consejo del gran ministro Patiño y,
sobre todo, el espíritu netamente francés que atesoraba
el monarca español dieron los parabienes a la comitiva científica,
que comenzó a disponer pertrechos para tan largo viaje.
La expedición francesa iba capitaneada por tres científicos
de renombre, numerarios de la Academia de las Ciencias, dedicados a
la matemática, la astronomía y la física. Eran
Pierre Bourguer (1698-1758), Charles-Marie La Condamine (1701-1774)
y Luis Godin (1704-1760). Los españoles, lejos de tanto brillo,
fueron seleccionados entre los aprendices de Guardiamarinas, buscando
entre ellos “...quienes no sólo hallasen las luces
de una buena educación y política para conservar amistosa
y recíproca correspondencia con los Académicos de las
Ciencias, sino igualmente la proporción necesaria para poder
ejecutar todas las observaciones y experiencias conducentes a determinar
la medición...” La elección recayó en
Jorge Juan y Santacilia (1713-1773) y Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral
(1716-1795), a quienes se concedió el grado de Teniente de Navío
para no desmerecer tanto entre las personalidades científicas
francesas. Partieron de Cádiz el 26 de Mayo de 1735 y llegaron
a Cartagena de Indias casi un mes y medio después; allí
se reunieron con los expedicionarios franceses, y todos juntos emprendieron
viaje a Quito. Desde Quito, y ya en el año 1736, se inició
la actuación científica, desarrollada durante ocho años
en los que la paciente observación y anotación de resultados
absorbió a los expedicionarios, “...poco escapó
a la enorme curiosidad de nuestros investigadores. Todo ello aparece
descrito con gran exactitud y agudo sentido de observación...”
3. LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS Y SU PUBLICACIÓN.
El año de inicio de los trabajos Jorge Juan contaba 23 años
y Antonio de Ulloa 20, unos jovencitos frente a Bourguer, La Condomine
y Godin, bien entrados en la treintena. No es de extrañar que
en un principio nuestros compatriotas fuesen tratados despectivamente,
no sólo por su juventud sino también por no ser científicos
contrastados, aunque muy pronto tuvieron oportunidad de demostrar sólidos
conocimientos en astronomía y matemáticas.
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Figura 2. Jorge Juan. |
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Figura 3. Lápida para un recuerdo. |
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Figura 4. Red de observación. |
Fue preciso evaluar ángulos a partir de observaciones astronómicas
y de sus distancias correspondientes en la propia superficie. El estudio
directo de la curvatura del meridiano se efectuaba partiendo de la medición
de la distancia que separaba a dos estaciones situadas en elmismo meridiano
y de la medición de su diferendia de latitud, que daba el ángulo
de sus verticales. El radio de curvatura del arco medido sería
el radio de la tierra si ésta fuese esférica; en la hipótesis
contraria la curvatura variaría según la latitud media
del arco. La longitud del grado, es decir, delarcocuyas latitudes extremas
difiriesen 1º, seria tanto mayor cuanto menor fuese la curvatura,
es decir, cuanto más achatada fuera la zona considerada.
La expedición a Laponia, dirigida por Monpertuis y en la que
participaron Clairaut y Celsius, duró un año que que únicamente
fue medido 1º (unos 111km sobre la helada estepa); contrasta vivamente
conlos ocho años empleados en la expedición peruana, de
gran dificutad por el terreno montañoso e impracticable y por
la decisión de medir 3º (unos 333 km sobre los Andes) sobre
una superficie situada a más de 4.000 m. de altitud. Por todo
ello, la campaña de observaciones en campo fue dura y cargada
de incidentes. El cirujano francés de la expedición, Seriergues,
fue asesinado de forma tumultuosa por el vecindario de Cuenca (Ecuador)
en el verano de 1739, envuelto en turbios asuntos. Hubo pérdidas
económicas y humanas, momentos de tensión y continuo malestar
entre los compañeros de viaje. Sólo Godin congenió
con los españoles, que se esforzaron mucho por estar a la altura
de las circunstancias en un ambiente con frecuencia hostil.
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Figura 5. Resultado final. |
El reconocimiento mundial al trabajo desarrollado vino posteriormente,
cuando a todos llegó la publicación de lo realizado en
Perú, “no fueron Juan y Ulloa, como buenos científicos,
buscones de honras y glorias. Su mejor defensa fue el libro. Habla por
sí mismo de la naturaleza y el alcance de la participación
española en la medición”. Los franceses no
fueron capaces de realizar algo semejante y únicamente La Condamine
publicó algún capítulo suelto a modo de reseña
de lo acontecido. Al finalizar la misión este hombre, ansioso
de notoriedad, propuso construir un monumento para conmemorar el suceso
y que quedara constancia de la notable presencia francesa, y esto en
menoscabo de la española, alegando que se trataba de una mera
presencia impuesta. La Audiencia de Quito aceptó la propuesta,
pero años después fue demolido y en su lugar se erigió
otro más acorde con lo realmente acontecido. Bourguer y La Condamine
regresaron a París al término de la misión, y Godin
se quedó en Perú para impartir lecciones de matemáticas
y cosmografía en la Universidad de San Marcos de Lima. Jorge
Juan y Ulloa retornaron a España en 1746, trece años después
de su salida de Cádiz, cuando el rey que les habçia ordenado
el viaje ya había fallecido. Tal vez por ello tuvieron un frio
recibimiento inicial que Fernando VI, el nuevo monarca, trató
de subsanar de la mano del Marqués de la Ensenada, apoyando el
proyecto de realizar un libro que narrase la expedición así
como las aportaciones científicas conseguidas, que, al fin, dieron
la razón a Newton y permitieron establecer de manera inequívoca
que la forma de la tierra se asemejaba a un elipsoide de revolución
achatado por los polos.
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Figura 6. Obra en edición facsímil. |
Los años de 1746 y 1747 se empleaaron en escribi el texto, redactado
por la puma de Antonio de Ulloa a modo ddee minuciosa descripción,
alentado por el jesuita Andrés Marcos Burrici, gran entusiasta
de la obra hasta querer “que el autor se extendieraa más
en algunos puntos y tocara otros para instruir a la nación en
todo lo que pertenece al estado prsente de las Indias...”,
sin duda una moderna visión publicitaria. Pasados lo númerosos
y ncesariostráamites, también hobo de ser calificada por
el Inquisidor General, y peligró en algún momento su definitivpublicación
ya que “tuvo dificultades con la Inquisición... pues
suponiendo el autor en su prólogo el movimiento de la tierraa
conforme al sistema de Copérnico el Inquisidor General y los
cualificadores... han estado a punto de suprimir el libro”.
El perso público que iban asquiriendo las ideas ilustradas hicieron
posible su definitiva admisión. Lo cierto es que no se escatimaron
medios para lograr una publicación de gran calidad, trabajada
por los mejores artesanos de la época. La tirada rebasó
los 1500 ejemplares, formado cada uno por cinco tomos de una cuatrocientas
páginas. En 1748, hace ahora 250 años, se pueso a la venta
a un precio entrre 180 y 240 reles, dependiendo del tipo de encuadernación.
Un real de entonces sería hoy aproximadamente, unas 400 pesetas.
Así se despedían los autores: “Finalmente, esperamos
mereceer al público alguna consideración en recompensa
de lo que hemos trabajado en su servicio y que los defectos de estilo
tengan la disculpa de qu no puede un Marinero pasar por Orador, ni aspiraar
a numerarle en la clase de los Historiadores”. Lo cierto
es que además de los méritos científicos la obra
es amena, de estilo vivaz, lo que le confiere un gran atractivo paara
la lectura actual. Pocos ejemplares se han conservado en España
–uno de ellos en la Biblioteca de Menéndez Pelayo de Santander-,
aunque hay ediciones en facssimil que han fundido en dos los cuatro
tomos iniciales y un tercero que contiene los datos astronómicos
de las observaciones.
4. ACONTECIMIENTOS POSTERIORES
Después de la publicación Jorge Juan y Antonio de Ulloa
se separaron, aunque emprendieron misiones semejantes: espionaje industrial
en Inglaterra y en el centro de Europa respectivamente. Jorge Juan,
interesado en técnicas de construcción dde navíos,
fue descubierto cuando contrataba profesionales para llevar a España,
pero disfrazado de marinero consiguió burlar a la autoridad y
salir del país. En 1750, ya instalado en Madrid, se incorporó
a los planes de la Armada, encargado de todo lo referente a la construcción
y puesta en uso de embarcaciones, por lo que tuvo que visitar en varias
ocasiones las instalaciones de los Reales Astilleros de Guarnizo en
las proximidades de Santander para recepcionar los navíos de
guerra. También asumió la tarea de coordinar la Academia
de Guardias Marinas de Cádiz, que estuvo dirigida por Louis Godin.
Por su parte Antonio de Ulloa viajó por el continente europeo
adoptando la personalidad de un profesor en viaje de práctivas
con sus allumnos con objeto de captar secretos para la construcción
de canales, arsenales y fábricas. Descubierto, en 1752 regresa
a España y se emplea hasta 1756 en redactar el proyecto y dirigir
la obra del Canal de Castilla en Tierra de Campos. Años después
volvió a Perú para hacerse cargo de unas minas de mercurio
en Huancavelica. Murió en 1795, veintidós años
después que lo hiciera su compañero de expedición.
Ninguno de los dos pudo imaginar que un siglo después de la
publicación, un hombre de poderosa imaginación y buena
pluma iba a escribir las “Aventuras de tres rusos y de tres ingleses
en el África Austral”, una novela en la que un grupo de
astrónomos y matemáticos viajan al África Austral
para medir un arco de meridiano en el Polo Sur. No cabe duda que Julio
Verne disfrutó con la lectura de la Relación
histórica del viaje a la América meridional hecho de orden
de S. Mag. para medir algunos grados del meridiano terrestre, y venir
por ellos en conocimiento de la verdadera Figura, y Magnitud de la Tierra,
con otras varias Observaciones Astronómicas, y Phificas,
cuyo aniversario ahora celebramos, trasladando aventura en el ecuador
americano a la punta sur del continente africano,otros marcos territoriales
y otros protagonistas, pero idéntico objetivo y similares peripecias.