FEBRERO-MARZO ISSN: 1.131-9.100
martes, 09 de febrero de 2010
 
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250 AÑOS DE LA PUBLICACIÓN DE UNA AVENTURA CIENTÍFICA: LA EXPEDICIÓN FRANCOESPAÑOLA QUE RESOLVIÓ EL ENIGMA DE LA FORMA DE LA TIERRA.

 
Septiembre de 1998
Rafael Ferrer Torio. Catedrático de Ingeniería Cartográfica, Geodésica y Fotogrametría de la Universidad de Cantabria.
 

 

1. LA CONTROVERTIDA FORMA DE LA TIERRA.

A mediados del siglo XVII se suscita la polémica de determinar la forma y dimensiones de la Tierra. Un simple razonamiento teórico de Newton, trajo como consecuencia el establecimiento del equilibrio relativo de una masa homogénea en rotación uniforme. A partir de aquí surgió la controversia de las dos diferentes tipologías de tratamiento: fundamento físico o fundamento geométrico para determinar la forma de la Tierra.

En 1.966 se crea en París la Academia de Ciencias, auténtico foco de saber astronómico y geodésico quehace tomar hegemonía a Francia en estas técnicas en apogeo. Seis años más tarde se funda el observatorio de París y tres años después el de Greenwich; por esta época se completan campañas de observación y cálculo con el objetivo de evaluar las dimensiones y establecer la forma de la Tierra, a partir de determinaciones astronómicas y terrestres.

Newton (1.643-1.727) y Huyghens (1.629-1695), basándose en los trabajos de Richer y en los suyos propios, desarrollaron modelos terrestres basados en fundamentos físicos, con los polos achatados. De esta forma, Newton en 1.687, en consecuencia con su ley de gravitación universal, obtiene un elipsoide de revolución como la figura de equilibrio, para una tierra homogénea, fluida y sometida a la rotación. A partir de esa afirmación aparecen dos grandes escuelas portadores de un elipsoide de revolución, pero con dos configuraciones bien diferenciadas: la inglesa de Newton, defendiendo el modelo naranja, es decir, la figura elipsoide achatada por los polos, y la francesa de Jacques Cassini (1.677-1.756), que propugna por un elipsoide achatado por el ecuador. A partir de este momento ya es aceptable una forma de Tierra no esférica, pero había diferenciasen cuanto a la interpretación de su configuración. La defensa de uno u otro modelo originó una verdadera pugna entre los científicos de la época.

Figura 1. Controversia entre elipsoides.

 

2. LOS ANTECEDENTES DE UN EXTRAORDINARIO VIAJE CON PROTAGONISMO ESPAÑOL.

El siglo XVIII inagura en España la dinastía borbónica, cuando Felipe V obtiene la corona por disposición testamentaria de Carlos II. No fue un relevo pacífico, Carlos de Austria le disputó el trono invocando el derecho de sucesión familiar, originando así una guerra que no fue meramente dinástica, sino europea, pues trataba de evitar el excesivo poderío de Francia y España unidas. En 1713 fue reconocido internacionalmente por Rey de España. Cuentan algunos historiadores que Felipe V fue un hombre débil de carácter y maniático, con profunda aversión por los problemas de gobierno, así que dejó hacer a sus dos esposas. Tal vez por ello abdicó pronto y por sorpresa, deseoso de retirarse a San Ildefonso,aunque la muerte prematura del joven Luis I lo obligaron a reinar de nuevo. Sin embargo, su escasa voluntad de estadista no impidió un interés real por el progreso material y la defensa del arte, creó en 1714 la Real Academia Española y prestó protección a artistas y escritores, a la vez que manifestó curiosidad por el debete que enfrentaba a científicos europeos, empeñados en dilucidar cuál era la forma de la Tierra.

Tras los razonamientos teóricos de Newton se había abandonado el modelo esférico y se dudaba si el elipsoide que definía la superficie de la tierra estaba achatado por los polos o por el ecuador. Medidad realizadas en la Europa Central, con latitudes no extremas, habían otorgado resultados contradictorios. La polémica, pues, estaba polarizada en dos escuelas, la francesa que defendía un elipsoide achatado por el ecuador, y la inglesa, que sostenía un elipsoide achatado por los polos. Al objeto de clarificar esta incertidumbre la Academia de las Ciencias de París acuerda en 1733 medir dos arcos de meridiano en latitudes extremas: las proximidades del Polo (Laponia) y las proximidades del ecuador (Perú). Perú era entonces territorio perteneciente a la corona española, así que Luis XV, rey de Francia, tuvo que pedir permiso a Felipe V para que la expedición francesa pisase tierras andinas. Los lazos de familia, el buen consejo del gran ministro Patiño y, sobre todo, el espíritu netamente francés que atesoraba el monarca español dieron los parabienes a la comitiva científica, que comenzó a disponer pertrechos para tan largo viaje.

La expedición francesa iba capitaneada por tres científicos de renombre, numerarios de la Academia de las Ciencias, dedicados a la matemática, la astronomía y la física. Eran Pierre Bourguer (1698-1758), Charles-Marie La Condamine (1701-1774) y Luis Godin (1704-1760). Los españoles, lejos de tanto brillo, fueron seleccionados entre los aprendices de Guardiamarinas, buscando entre ellos “...quienes no sólo hallasen las luces de una buena educación y política para conservar amistosa y recíproca correspondencia con los Académicos de las Ciencias, sino igualmente la proporción necesaria para poder ejecutar todas las observaciones y experiencias conducentes a determinar la medición...” La elección recayó en Jorge Juan y Santacilia (1713-1773) y Antonio de Ulloa y de la Torre-Guiral (1716-1795), a quienes se concedió el grado de Teniente de Navío para no desmerecer tanto entre las personalidades científicas francesas. Partieron de Cádiz el 26 de Mayo de 1735 y llegaron a Cartagena de Indias casi un mes y medio después; allí se reunieron con los expedicionarios franceses, y todos juntos emprendieron viaje a Quito. Desde Quito, y ya en el año 1736, se inició la actuación científica, desarrollada durante ocho años en los que la paciente observación y anotación de resultados absorbió a los expedicionarios, “...poco escapó a la enorme curiosidad de nuestros investigadores. Todo ello aparece descrito con gran exactitud y agudo sentido de observación...”

3. LOS TRABAJOS CIENTÍFICOS Y SU PUBLICACIÓN.

El año de inicio de los trabajos Jorge Juan contaba 23 años y Antonio de Ulloa 20, unos jovencitos frente a Bourguer, La Condomine y Godin, bien entrados en la treintena. No es de extrañar que en un principio nuestros compatriotas fuesen tratados despectivamente, no sólo por su juventud sino también por no ser científicos contrastados, aunque muy pronto tuvieron oportunidad de demostrar sólidos conocimientos en astronomía y matemáticas.

Figura 2. Jorge Juan.
Figura 3. Lápida para un recuerdo.
Figura 4. Red de observación.

Fue preciso evaluar ángulos a partir de observaciones astronómicas y de sus distancias correspondientes en la propia superficie. El estudio directo de la curvatura del meridiano se efectuaba partiendo de la medición de la distancia que separaba a dos estaciones situadas en elmismo meridiano y de la medición de su diferendia de latitud, que daba el ángulo de sus verticales. El radio de curvatura del arco medido sería el radio de la tierra si ésta fuese esférica; en la hipótesis contraria la curvatura variaría según la latitud media del arco. La longitud del grado, es decir, delarcocuyas latitudes extremas difiriesen 1º, seria tanto mayor cuanto menor fuese la curvatura, es decir, cuanto más achatada fuera la zona considerada.

La expedición a Laponia, dirigida por Monpertuis y en la que participaron Clairaut y Celsius, duró un año que que únicamente fue medido 1º (unos 111km sobre la helada estepa); contrasta vivamente conlos ocho años empleados en la expedición peruana, de gran dificutad por el terreno montañoso e impracticable y por la decisión de medir 3º (unos 333 km sobre los Andes) sobre una superficie situada a más de 4.000 m. de altitud. Por todo ello, la campaña de observaciones en campo fue dura y cargada de incidentes. El cirujano francés de la expedición, Seriergues, fue asesinado de forma tumultuosa por el vecindario de Cuenca (Ecuador) en el verano de 1739, envuelto en turbios asuntos. Hubo pérdidas económicas y humanas, momentos de tensión y continuo malestar entre los compañeros de viaje. Sólo Godin congenió con los españoles, que se esforzaron mucho por estar a la altura de las circunstancias en un ambiente con frecuencia hostil.

Figura 5. Resultado final.

El reconocimiento mundial al trabajo desarrollado vino posteriormente, cuando a todos llegó la publicación de lo realizado en Perú, “no fueron Juan y Ulloa, como buenos científicos, buscones de honras y glorias. Su mejor defensa fue el libro. Habla por sí mismo de la naturaleza y el alcance de la participación española en la medición”. Los franceses no fueron capaces de realizar algo semejante y únicamente La Condamine publicó algún capítulo suelto a modo de reseña de lo acontecido. Al finalizar la misión este hombre, ansioso de notoriedad, propuso construir un monumento para conmemorar el suceso y que quedara constancia de la notable presencia francesa, y esto en menoscabo de la española, alegando que se trataba de una mera presencia impuesta. La Audiencia de Quito aceptó la propuesta, pero años después fue demolido y en su lugar se erigió otro más acorde con lo realmente acontecido. Bourguer y La Condamine regresaron a París al término de la misión, y Godin se quedó en Perú para impartir lecciones de matemáticas y cosmografía en la Universidad de San Marcos de Lima. Jorge Juan y Ulloa retornaron a España en 1746, trece años después de su salida de Cádiz, cuando el rey que les habçia ordenado el viaje ya había fallecido. Tal vez por ello tuvieron un frio recibimiento inicial que Fernando VI, el nuevo monarca, trató de subsanar de la mano del Marqués de la Ensenada, apoyando el proyecto de realizar un libro que narrase la expedición así como las aportaciones científicas conseguidas, que, al fin, dieron la razón a Newton y permitieron establecer de manera inequívoca que la forma de la tierra se asemejaba a un elipsoide de revolución achatado por los polos.

Figura 6. Obra en edición facsímil.

Los años de 1746 y 1747 se empleaaron en escribi el texto, redactado por la puma de Antonio de Ulloa a modo ddee minuciosa descripción, alentado por el jesuita Andrés Marcos Burrici, gran entusiasta de la obra hasta querer “que el autor se extendieraa más en algunos puntos y tocara otros para instruir a la nación en todo lo que pertenece al estado prsente de las Indias...”, sin duda una moderna visión publicitaria. Pasados lo númerosos y ncesariostráamites, también hobo de ser calificada por el Inquisidor General, y peligró en algún momento su definitivpublicación ya que “tuvo dificultades con la Inquisición... pues suponiendo el autor en su prólogo el movimiento de la tierraa conforme al sistema de Copérnico el Inquisidor General y los cualificadores... han estado a punto de suprimir el libro”. El perso público que iban asquiriendo las ideas ilustradas hicieron posible su definitiva admisión. Lo cierto es que no se escatimaron medios para lograr una publicación de gran calidad, trabajada por los mejores artesanos de la época. La tirada rebasó los 1500 ejemplares, formado cada uno por cinco tomos de una cuatrocientas páginas. En 1748, hace ahora 250 años, se pueso a la venta a un precio entrre 180 y 240 reles, dependiendo del tipo de encuadernación. Un real de entonces sería hoy aproximadamente, unas 400 pesetas. Así se despedían los autores: “Finalmente, esperamos mereceer al público alguna consideración en recompensa de lo que hemos trabajado en su servicio y que los defectos de estilo tengan la disculpa de qu no puede un Marinero pasar por Orador, ni aspiraar a numerarle en la clase de los Historiadores”. Lo cierto es que además de los méritos científicos la obra es amena, de estilo vivaz, lo que le confiere un gran atractivo paara la lectura actual. Pocos ejemplares se han conservado en España –uno de ellos en la Biblioteca de Menéndez Pelayo de Santander-, aunque hay ediciones en facssimil que han fundido en dos los cuatro tomos iniciales y un tercero que contiene los datos astronómicos de las observaciones.

4. ACONTECIMIENTOS POSTERIORES

Después de la publicación Jorge Juan y Antonio de Ulloa se separaron, aunque emprendieron misiones semejantes: espionaje industrial en Inglaterra y en el centro de Europa respectivamente. Jorge Juan, interesado en técnicas de construcción dde navíos, fue descubierto cuando contrataba profesionales para llevar a España, pero disfrazado de marinero consiguió burlar a la autoridad y salir del país. En 1750, ya instalado en Madrid, se incorporó a los planes de la Armada, encargado de todo lo referente a la construcción y puesta en uso de embarcaciones, por lo que tuvo que visitar en varias ocasiones las instalaciones de los Reales Astilleros de Guarnizo en las proximidades de Santander para recepcionar los navíos de guerra. También asumió la tarea de coordinar la Academia de Guardias Marinas de Cádiz, que estuvo dirigida por Louis Godin. Por su parte Antonio de Ulloa viajó por el continente europeo adoptando la personalidad de un profesor en viaje de práctivas con sus allumnos con objeto de captar secretos para la construcción de canales, arsenales y fábricas. Descubierto, en 1752 regresa a España y se emplea hasta 1756 en redactar el proyecto y dirigir la obra del Canal de Castilla en Tierra de Campos. Años después volvió a Perú para hacerse cargo de unas minas de mercurio en Huancavelica. Murió en 1795, veintidós años después que lo hiciera su compañero de expedición.

Ninguno de los dos pudo imaginar que un siglo después de la publicación, un hombre de poderosa imaginación y buena pluma iba a escribir las “Aventuras de tres rusos y de tres ingleses en el África Austral”, una novela en la que un grupo de astrónomos y matemáticos viajan al África Austral para medir un arco de meridiano en el Polo Sur. No cabe duda que Julio Verne disfrutó con la lectura de la Relación histórica del viaje a la América meridional hecho de orden de S. Mag. para medir algunos grados del meridiano terrestre, y venir por ellos en conocimiento de la verdadera Figura, y Magnitud de la Tierra, con otras varias Observaciones Astronómicas, y Phificas, cuyo aniversario ahora celebramos, trasladando aventura en el ecuador americano a la punta sur del continente africano,otros marcos territoriales y otros protagonistas, pero idéntico objetivo y similares peripecias.

 
   
   
   
   
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