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ENSAYO HISTORICO DE CARTOGRAFIA URBANA
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Julio de 2.001 |
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| Mario Ruiz Morales
Ingeniero Geógrafo de la
Subdelegación del Gobierno
en Granada |
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ANTECEDENTES
PREHISTORICOS
En la moderna antropología se supone que las ideas geométricas
del espacio y de su representación pudieron haber surgido ya en
la edad de piedra. De hecho en el llamado arte paleolítico aparecen
numerosos ejemplos de petroglifos en los que además de estrellas
aisladas figuran constelaciones, como la osa mayor, y primitivas manifestaciones
cosmológicas que simbolizan la interdependencia Tierra - Cosmos
mediante el rectángulo y el círculo. Dichas representaciones
se han mantenido, prácticamente hasta nuestros días, en
pueblos indígenas tan poco desarrollados como los mongólicos
de Koriasksky (al Oeste del Mar de Bering) y los indios paunis de Nebraska.
De los primeros se conserva una especie de uniforme, usado para la danza,
en el que se aprecian tanto en su parte delantera como en la de atrás
algunas constelaciones a uno y otro lado de la vía láctea
(simbolizada por un falso cinturón); la misma galaxia figura atravesando
un rudimentario mapa celeste realizado por los norteamericanos sobre una
piel de antílope. En el paleolítico aparecen asimismo lo
que podríamos denominar mapas prehistóricos, entendiendo
por tales diversos grabados sobre roca que representan una distribución
espacial de objetos y sucesos (1). El caso más conocido es el conjunto
monumental de Bedolina (Capo di Ponte. Italia) con un tamaño de
2.3x4.2m y datado entre los siglos XX y XV a. C.. Sin embargo la primera
representación del entorno inmediato, verdaderamente documentada,
es mucho más remota debiendo comenzar con ella la cronología
de la cartografía (2) histórica. Se trata del plano mural
de Çatal-Hüyük encontrado en el año 1963 por J.
Mellaart cuando realizaba excavaciones en el yacimiento situado en la
provincia de Konya, al oeste de Turquía. Mediante el método
del radio-carbono se dató en torno al año 6200 " 97
a.C. En el muro no solo aparece un plano de un núcleo urbano del
neolítico (probablemente el mismo Çatal-Hüyük),
sino que figura también, detrás de las viviendas, el perfil
abatido de una montaña con dos promontorios, uno de los cuales
es asociado por Mellaart con el volcán Hasan-Dag en erupción;
este ejemplo es por tanto el más remoto antecedente de cartografía
urbana y temática.
EGIPTO
Y MESOPOTAMIA
La serie cronológica puede continuarse con el período del
antiguo imperio de Egipto (III-VI dinastías, aprox. 2780-2380 a.C.),
fructífero en aportaciones astronómicas y matemáticas
por las genialidades de sus sabios, contemporáneos de tan grandes
faraones como Keops, Kefrén y Mikerinos. Herodoto (485?-425 a.C.)
atribuía a Egipto la invención de la geometría, aunque
se ignore el significado dado por él a la palabra,dos siglos antes
que Euclídes la enseñara dentro de sus famosos principios.
Prueba de sus indudables conocimientos geométricos son las pirámides
triangulares con proporciones tan perfectas y alturas superiores, en algún
caso, a los 100 metros. Su quehacer geométrico quedó igualmente
reflejado en su agrimensura, ciertamente desarrollada, hasta el punto
de poder replantear los detalles topográficos desaparecidos en
las periódicas inundaciones del Nilo. Eran pues frecuentes los
levantamientos de planos de jardines, de índole catastral, de explotaciones
mineras.., siendo el más singular de todos los conservados el conocido
con el nombre de papiro de Turín(3), aunque también convenga
señalar un ostracón del Cairo, que representa (probablemente)
planos de la tumba de Ramsés IX en el valle de los reyes, como
otro ejemplo notable de cartografía urbana. En la antigua Mesopotamia
se asistió a un parecido desarrollo de los levantamientos topográficos,
igualmente favorecido por los desbordamientos de los ríos, Eufrates
y Tigris en este caso. Ese hecho unido al soporte tan duradero en que
se confeccionaban los planos, explica los múltiples fragmentos
que se conservan referidos a propiedades rústicas o urbanas (con
sus límites perfectamente señalizados), a ciudades, a barrios,
a canales o a otras construcciones. De entre todos ellos debe reseñarse
el contenido en la estatua de Gudea, gobernador de Lagas (siglo XXI a.C.),
que con toda probabilidad representa un templo con una escala gráfica
incorporada y que se conserva en el museo del Louvre. Con el transcurso
del tiempo fueron ampliando el dominio del mapa obteniendo representaciones
globales de un cierto territorio o ciudad, llegando incluso a dibujarlas
a escala. Ese es el caso del conocido plano de Nippur que se conserva
en la Universidad F. Schiller de Jena (Alemania). El plano de Nippur,
el centro religioso de los Sumerios en Babilonia, es quizás el
plano de población más antiguo (1500 a.C.) dibujado a escala;
en él se muestran el templo de Enlil en la parte derecha, además
de las murallas de la ciudad, canales, almacenes y hasta un parque. Igualmente
significativo en la historia de la cartografía, y en la de la geodesia,
es otra tablilla de arcilla procedente de una excavación realizada
cerca de Kirkuk entre 1930 y 1931, pero mucho más antigua (2300
a.C.). En su centro figura la superficie de 354 iku (alrededor de 12 Ha)
y su propietario (Akala), además de los rótulos siguientes:
el Oeste en su parte inferior, el Este en la superior y el Norte en la
izquierda. Con este ejemplo de tan remoto plano orientado y con los planos
a escala que se acaban de comentar, puede afirmarse que los "cartógrafos"
babilonios del III-II milenio a.C. establecieron unos principios todavía
imprescindibles en la geodesia y en la cartografía matemática
o topográfica.
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PLANO
NIPPUR (18 X 21 cm.) Universidad de Jena,
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EL
MUNDO GRECORROMANO
Coincidiendo con la decadencia de las civilizaciones anteriores, apareció
en las islas y costas del Egeo una nueva civilización que, si bien
influenciada por ellas, dio un impulso decisivo para el progreso de la
ciencia al sentar las bases para el posterior desarrollo cartográfico,
con unas concepciones mucho más profundas, abstractas y racionales
que todas las precedentes. En la segunda mitad del siglo V y al principio
del IV se multiplicaron las escuelas, primero en Cirene, luego en Megara
y finalmente en Atenas, que se convirtió desde entonces en el centro
intelectual más importante del mundo griego hasta que comenzó
el florecimiento de Alejandría. De Pitágoras (580-500 a.C.)
a Filolao, se sucedieron a lo largo de un siglo varias generaciones de
pitagóricos, pudiendo asegurar que se debe a ellos la afirmación,
tan trascendente, de que la Tierra es esférica. A partir de entonces
fue elaborando la escuela un verdadero sistema astronómico dado
a conocer no solo por Teofrasto (372 - 287 a.C.) sino también por
Aristóteles (384-322 a.C.), firme defensor de la esfericidad terrestre,
quien llegaba a considerarla como algo natural. Lamentablemente no se
conservan representaciones cartográficas de tan importante época
aunque indudablemente existieran. No es descabellado pensar que Aristóteles
hiciese ver a su alumno Alejandro Magno (4) la importancia de los mapas
como instrumento de poder y gobierno. Básicos debieron ser los
planos de Alejandría, debidos al arquitecto Hipodomus, para el
replanteo de sus calles. Estrabón los describió como si
los tuviera a la vista: sus calles eran amplias y perpendiculares, el
ancho de las principales era próximo a los 30m, e inclusive las
más estrechas estaban proyectadas para admitir el tránsito
de carruajes. Algunas de las calles estaban flanqueadas por soportales
con columnas, previstos con fines ornamentales y para refugio peatonal.
Otra curiosa prueba de la existencia de cartografía griega aparece
descrita en la obra cómica de Aristófanes (450-388 a.C.).
Concretamente, las nubes (423 a.C.) recogen un significativo diálogo
producido ante un mapa del mundo, que en un momento dado se convierte
en el elemento central de la escena. Strepsiodes señala un instrumento
matemático al mismo tiempo que pregunta a su discípulo sobre
su utilidad. Al contestarle este que servia para medir terrenos, dice
Strepsiodes que si se refiere a terrenos parcelados, ante los cual exclama
el discípulo que en absoluto, que se refería a todo el mundo,
añadiendo... aquí tienes la circunferencia de toda la Tierra,
no la ves?. Aquí está Atenas.
Situándonos nuevamente en Alejandría, y precisamente en
su biblioteca(5), es obligado citar al que fue uno de sus directores más
preclaros (6), el gran Eratóstenes de Cirene (275-195 a.C.). Aunque
su aportación científica por excelencia fuese la primera
determinación relativamente fiable del desarrollo de la circunferencia
terrestre(7), que cifró en torno a los 37585 Km, debe resaltarse
en este contexto su contribución al desarrollo de la cartografía
por confeccionar un mapamundi novedoso; realmente lo que obtuvo fue una
imagen del mundo que se consideraba habitado por aquel entonces. La explicación
del método que siguió apareció en el tercer libro
de su Geografía. La principal novedad del mapa, más simétrico
que exacto, es la incorporación que hace de una red de rectas paralelas
y perpendiculares que recuerdan a los actuales meridianos y paralelos;
de ahí que también se le considere a Eratóstenes
como introductor de las coordenadas geográficas todavía
en vigor, esto es la latitud y la longitud. Terminaremos esta breve reseña
de la cartografía griega con la mención del insigne Tolomeo
(90-168 d.C.), nacido en la región del alto Nilo, pero afincado
luego en Alejandría. Es sobradamente conocida su hipótesis
geocéntrica contenida en su célebre almagesto, un modelo
que pretendía explicar los movimientos planetarios (el Sol y la
Luna también eran considerados planetas) y que persistió,
por defenderlo la Iglesia oficial, hasta que definitivamente fue barrido
muchos siglos después por las tesis copernicanas. Tolomeo es considerado
con toda justicia como el verdadero promotor de la cartografía
moderna, no en vano diseñó cuatro sistemas cartográficos
para obtener una imagen plana del mundo. El fue el primero en hablar de
longitudes, en términos semejantes a los actuales y en introducir
una cierta simbología para la representación, directo antecedente
de los signos convencionales. Toda su obra cartográfica la incluyó
en los ocho libros de su Geografía, los cuales contenían
por otro lado alrededor de ocho mil lugares clasificados por regiones
e identificados por sus coordenadas geográficas (tomando como origen
de longitudes las Islas Canarias, también denominadas por él
afortunadas). Hoy se admite como seguro que el texto de la Geografía
de Tolomeo transmitido por los manuscritos no coincide rigurosamente con
el elaborado por el sabio alejandrino. Mención aparte merecen los
mapas que, al parecer, acompañaban al texto, ya que se acepta sin
ningún género de dudas que son copias más o menos
fiables de los originales formados por él. Es altamente probable
que todos ellos se dibujasen en talleres bizantinos (entre los siglos
XIII y XIV), enriquecidos en algunos supuestos por informaciones anteriores
que podrían remontarse a los últimos tiempos del Imperio
romano. De entre esos mapas ha de resaltarse una de las primeras representaciones
de la península ibérica(8), que aunque muy deformada tiene
el indudable mérito de situar sus principales ciudades. La obra
de tan genial compilador representa la última aportación
científica del mundo antiguo, con un innegable progreso en sus
concepciones geográfico - cartográficas si se comparan con
las de todos sus predecesores.
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ESCUELA
DE GLADIADORES (Forma Urbis Romae).
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El
notorio pragmatismo de los romanos favoreció el florecimiento de
la actividad catastral en su imperio, enlazando así con la tradición
egípcia y mesopotámica. El Catastro romano, aunque todavía
rudimentario, gozaba de propiedades, en buena medida, sorprendentes para
su tiempo, piensese sino en que levantaban el perímetro de cada
parcela. Su carácter fiscal no sería bien visto por una
buena parte de la población afectada, un temor que entonces si
era explicable pues en ocasiones se asociaba el catastro al maltrato físico
del sujeto impositivo(9). Como la cartografía rústica y
urbana son el soporte imprescindible de este tipo de trabajos, se comprenderá
mejor que en Roma, sobre todo (10), proliferaran los planos dibujados
a escala grande. El ejemplar más sobresaliente de la cartografía
urbana romana debió ser precisamente FORMA URBIS ROMAE, un grandioso
plano de 13m de alto por 18 de ancho grabado sobre 151 placas de mármol.
Parece ser que se ultimó entre los años 203 y 208, siendo
igualmente probable que obedeciera su ejecución a una revisión
de los planos de Vespasiano y de Tito, que habían sido levantados
en el último cuarto del siglo primero. Se cree que bajo el mandato
de Septimio Severo se procedió a su restauración, siendo
fijado a un muro próximo al Templo de la Paz de Vespasiano. Todavía
existen restos del muro junto a la iglesia de San Cosme y San Damián,
en el que pueden apreciarse los agujeros, regularmente dispuestos, correspondientes
a otros tantos clavos de bronce con los que se debieron de fijar las placas.
El plano tuvo que ser el oficial de Roma ya que su campo cubría
exactamente el territorio marcado por los límites de la ciudad
entonces construida, se supone que la escala de la representación
estaba comprendida entre 1/240 y 1/250. Se ignora cuando se destruyó,
lo cierto es que sus primeros fragmentos aparecieron en 1562 y que en
una publicación de 1590 se reconoció con total claridad
una escuela de gladiadores fundada por Domiciano en las proximidades del
Coliseo. Desde que en 1874 se editó la publicación de H.
Jordan (Forma Urbis Romae) han continuado saliendo a la luz fragmentos
de tan interesante mural. Lógicamente el interés de los
romanos por las representaciones cartográficas es anterior a la
época que se acaba de comentar. Al parecer Julio César encargó
la formación de un mapa del imperio que, iniciado por el general
Agrippa, no fue ultimado hasta la era de Augusto (27a.C.-14d.C.). El mapa
se colocó en el pórtico que se levantó en su honor
(próximo a la actual vía del corso en Roma) por iniciativa
de su hermana Vipsania Polla, que lo completó a la muerte del general.
Las dimensiones del dibujo, al parecer rectangular, no se conocen con
exactitud aunque se estimen en 2 ó 3m de alto, con una anchura
mucho mayor, situándose el Norte en su parte superior. Este mapa
y los comentarios de Agrippa fueron la fuente de inspiración de
múltiples textos, copiándose la representación con
y sin alteraciones (11). Otro raro ejemplo de cartografía global
y mural, de obligada referencia aquí, es el mapa romano de Hispania
que fue hallado en un muro de la abadía de San Juan, cerca de Dijon
(Francia).
EDAD
MEDIA
Los comentarios sobre la cartografía medieval tienen que ser más
extensos que los anteriores por la complejidad de su análisis y
síntesis. Existe práctica unanimidad al enjuiciar los siglos
medievales como oscurantistas y al dar como razón fundamental la
intransigencia de la mayor parte de la jerarquía eclesiástica,
que pretendió obtener una visión dogmática del mundo
teológicamente conforme. Ante tal perspectiva se comprenderá
que las doctrinas científicas fuesen consideradas irrelevantes
e innecesarias, cuando no peligrosas. La vida intelectual del mundo cristiano
estuvo pues centrada en la iglesia, regida por padres para los que la
biblia era la enciclopedia del saber (12). No sorprende por tanto que
se produjera un serio retroceso en el conocimiento de los mismos, así
el célebre Lactancio (260 - 330), preceptor de Crispo hijo del
emperador Constantino, escribía a propósito de los partidarios
de la esfericidad terrestre ?Puede alguien ser tan insensato como para
creer que hay hombres con los pies más altos que sus cabezas, o
lugares donde llueva hacia arriba? Más allá llegaba el converso
Cosmos de Alejandría doscientos años después, ya
que a la mofa añadía algo tan serio (por entonces) como
acusar de herejía a los defensores de la citada esfericidad (Topografía
Cristiana - 547). Como su modelo se apoyaba en el tabernáculo,
defendía que: su mesa es el esquema de la Tierra, los doce panes
expuestos sobre ella se refieren a los doce meses, el arca de madera alude
al océano, y la corona de oro de la misma a las tierras situadas
al otro lado de dicho océano. El candelabro de siete brazos es
una alusión mística al Sol y a los siete días de
la semana ... La interpretación literal de las sagradas escrituras
condujo finalmente a una visión surrealista del mundo. En clara
contraposición con sus homólogos orientales ha de situarse
la posición de los primeros padres en el occidente medieval. Ese
fue el caso de San Isidoro (570-636) quien claramente se decanta por la
esfericidad cuando asegura que la esfera de los cielos está centrada
en la Tierra y que tal esfera no tiene principio ni fin. Asimismo emplea
varias veces la palabra globo al citar la Luna o los planetas, refiriendo
directamente la esfera terrestre cuando menciona que el océano,
extendido por toda la periferia del globo, baña casi todos los
confines del orbe. Al obispo sevillano se debe uno de los primeros mapas
medievales, que incluyó en sus Etimologías y llegó
a ser el primero impreso (Augsburgo - 1472). Como es sabido se trata del
mapa denominado de Ten O (13), en el que aparecen los tres continentes
entonces conocidos, rodeados por el océano primigenio. La influencia
bíblica se manifiesta claramente al asignar cada uno de ellos a
los hijos de Noé (Africa a Cam, Asia a Sem y Europa a Jafet). La
configuración de este mapa del obispo sevillano mediatizó
todas las representaciones cartográficas posteriores, además
de auspiciar la aparición de los globos tripartitos que en manos
del Salvador figuran todavía en numerosas iglesias. Su influencia
debió hacerse presente en alguno de los mapas que poseía
Carlomagno, a tenor de lo descrito por su amigo y biógrafo Einhardt,
el cual afirmó que entre las maravillas de la biblioteca del emperador
había tres mapas de plata y uno de oro. En uno de los plateados
aparecía la totalidad del circuito terrestre dividido en tres continentes,
los otros dos eran planos detallados de las ciudades de Roma y Constantinopla.
Otros dos ejemplos singulares son el mapa de Ten O con topónimos
árabes que se conserva en la Biblioteca Nacional y un mapamundi
de al Idrisi (1100 - 1164), el geógrafo musulmán por excelencia.
Aunque no proceda glosar aquí la aportación de los árabes
al desarrollo científico de occidente, sí hay que hacer
notar que en el aspecto cartográfico enlazaron directamente con
las fuentes griegas a través de la Biblioteca de Alejandría
y de Bizancio, de forma que en este campo del conocimiento no se produjo
para ellos el paréntesis de la edad media antes aludido. De hecho
llegaron a determinar el radio de la Tierra, en el califato de Bagdad,
mediante un procedimiento tan novedoso como el ideado por al Biruni (14)
(973-1048), el mayor genio de la civilización musulmana junto a
Avicena.
Asociado
al espíritu cruzado y peregrino tan propio de la Edad Media, surgieron
una especie de guías de viaje que pueden considerarse prolongación
de la ya citada Tabla de Peutinger. Las guías eran una representación
del espacio a recorrer, la cual adoptaba la forma de un itinerario que
partiendo de una cierta ciudad europea llegaba a Jerusalén, Roma,
Santiago o cualquier otro centro de peregrinación La más
conocida de todas ellas es la debida al inglés Mateo Paris que
apareció en la primera mitad del siglo XIII. Se conserva en la
Biblioteca del Museo Británico y está estructurada en bandas
verticales individualizadas, las cuales aparecen distribuidas en cuatro
hojas de pergamino con unas dimensiones de 34.8cm x 25.2cm. Cada una de
las etapas, cuyo nombre aparece rotulado en rojo, se simboliza mediante
una viñeta (todo un ideograma urbano según el francés
P. Lavedan) arquitectónica que incluye castillos, iglesias y abadías,
tal como era usual en los mapamundis medievales. Tales guías son
por tanto representaciones urbanas heredadas de la antigüedad y por
tanto parecidas, en cierto modo, a las propias de la administración
romana. Los esquemas de las ciudades eran alzados en ocasiones o plantas,
que aunque rudimentarias permitían tener una visión más
completa de sus interiores.
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ITINERARIO
DE LONDRES A JERUSALEN. Mateo Paris.
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En
el último período de la Edad Media surge una manifestación
cartográfica de primera magnitud y hasta cierto punto sorprendente
por la dificultad que se presenta al establecer sus orígenes (15).
La carta marina o portulano más antiguo (Carta Pisana), data de
la segunda mitad del siglo XIII, ya presenta un rasgo común a todos
ellos como es la representación de la rosa de los vientos, una
prueba de que el empleo de la brújula en la navegación estaba
ya generalizado. Otra propiedad verdaderamente notable de los portulanos
es que su representación es ya independiente de los credos religiosos
(16), pudiendo por tanto considerarse como cartografía iconoclasta
dado su carácter rupturista. Los portulanos suelen dividirse en
dos grupos con identidad propia, atendiendo a su origen: españoles
(catalano - mallorquines) e italianos. Es característica de estos
últimos el dibujar únicamente el perímetro del litoral,
al contrario de lo que ocurre con los españoles en los que la representación
se extiende a la zona continental, dibujando ríos, simbolizando
el relieve y señalizando la posición de ciudades u otros
lugares de interés especial. A este último grupo pertenece
el atlas catalán o de Cresques, confeccionado por esa familia judía
de Mallorca en el año 1375. En él apareció rotulada
por vez primera la palabra Granada, junto a un bello pendón rojo
(con grafismos arábicos) que indica su emplazamiento. Aunque no
pueda hablarse de tradición en el caso de los portulanos árabes,
sí es cierto que no se limitaron a copiar los españoles
o los italianos habida cuenta de la cantidad de nuevos topónimos
que incorporaban, en árabe por supuesto. Uno de los pocos que se
conserva en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y quizás
el más antiguo, fue hecho probablemente en Granada hacia el año
1330, según J. Vernet. En su mitad puede leerse Wasat Jazirat al
Andalus (centro de la península de al Andalus), sirviendo el resto
de los topónimos para localizar más de 200 lugares de la
costa. La cartografía árabe tuvo su continuación
en el imperio otomano, siendo el capitán naval Piri Re'is (1470
- 1554) su máximo representante. Precisamente uno de sus mapas
del litoral andaluz, fechado en torno al año 1526, es un portulano
que incluye tierra adentro otra representación simbólica
de la ciudad de Granada, en este caso en forma de fortaleza; al igual
que antes había hecho Freducci d'Anconae en su portulano de 1497
o haría después Mateo Prunes con el suyo, en 1563.
RENACIMIENTO
El conocimiento geográfico - matemático experimentó
en el Renacimiento un desarrollo sin par por dos factores que, si no decisivos,
si jugaron un papel crucial, por un lado la caída de Constantinopla,
que llevó a Italia gran cantidad de científicos y manuscritos
bizantinos, y por otro la aparición de la imprenta, básica
en la historia de la humanidad, que permitió la difusión
de numerosos libros con las obras de los autores clásicos y medievales.
Si a ello añadimos la paulatina relajación de los lazos
que ataban el pensamiento científico a los planteamientos teológicos,
es comprensible que el impulso recibido resultara imparable. Finalmente
los ingenieros renacentistas llegan a abandonar las tesis aristotélicas
en favor del concretismo racional de Arquímedes. El gran Leonardo
da Vinci (1452 - 1519) es el más ilustre representante de ese colectivo.
El mejor pintor, ingeniero y arquitecto del rey de Francia y técnico
de todo su estado, fue el título con que lo dotó Francisco
I y con el que se afincó en el valle del Loira. Únicamente
nos interesa aquí su producción cartográfica aunque
la centraremos solo en su plano de Imola de contorno circular. El plano
es sumamente exacto para su tiempo, sorprendiendo la simbología
de colores que establece, por coincidir generalmente con la usada en la
actualidad para los planos de población. Igualmente destacable
es el detalle con que aparecen localizadas las manzanas y son representadas
las parcelas de los alrededores. Las notas que figuran a ambos lados,
en escritura especular, se refieren a los acimutes y distancias a otras
ciudades de interés para Borgía. Del mismo modo debe reseñarse
el dibujo esquemático con el que recordó la operación
geodésica de Eratóstenes y la explicación especular
que da del método empleado.
El proceso de consolidación nacional que se produce en muchos países,
en los albores del siglo XVI, no es ajeno al discurrir del renacer cartográfico
y a su posterior desarrollo científico. Fue a partir de entonces
cuando reyes o emperadores, y principalmente sus ministros, comenzaron
a considerar que los mapas y los planos podían ser un valioso instrumento
de poder y de gobierno. Pueden servir de ejemplo dos figuras estrechamente
relacionadas con Carlos V. Isabel la Católica, su abuela materna,
firmó las primeras ordenanzas de la Casa de Contratación,
un centro geográfico y cartográfico sin parangón
en su tiempo, el 10 de Enero de 1503. El emperador Maximiliano, su abuelo
paterno, fue uno de los primeros monarcas europeos con sólidos
conocimientos cartográficos. Su propio nieto aseguraba que su abuelo
disponía de una amplía y variada cartoteca con la documentación
más interesante de su época. El mismo adquiriría
durante su prolongado reinado el convencimiento, en función de
sus intereses políticos y militares, de que la cartografía
era extraordinariamente interesante, tanto para la administración
de sus territorios como para llevar a buen término sus operaciones
militares. La continuada protección que dispensó Carlos
V a los cosmógrafos auspició no solo la eclosión
de la cartografía americana, realizada principalmente en la Casa
de Contratación,sino que favoreció el desarrollo de la más
rigurosa y detallada cartografía de los Países Bajos; contando
con la inestimable colaboración de un grupo de cosmógrafos
verdaderamente selecto y formado, fundamentalmente, en la Universidad
de Lovaina.
Sintiendo el emperador la necesidad de contar con una representación
fiable de su tierra natal, encargó los levantamientos a J. Deventer
(1500 - 1575) que ya era un especialista de reconocido prestigio. Deventer,
que por aquel entonces residía en Malinas, comenzó las observaciones
de campo en el año 1534 y las finalizó en 1547, tras recorrer
todas las provincias de los Países Bajos. El resultado de sus trabajos
topográficos fueron unos planos sumamente detallados que incluían
la planta de la mayor parte de las villas y ciudades de interés.
Su contemporáneo L. Guicciardini (17) hablaba de más de
320 planos, de los que se conservan alrededor de 220, con la representación
de calles, edificios públicos y puentes. La obra cartográfica
de Deventer sirvió de soporte primeramente a Mercator, que indudablemente
la consultó al hacer su mapa de Flandes (dedicado a Carlos V),
y luego a Ortelius, para realizar el mapa general de las diecisiete provincias
incluido en sucesivas ediciones de sus conocidos atlas. Las entregas parciales
del holandés a Carlos V debieron ser del agrado de este, pues en
1543 le nombró su cartógrafo, asignándole una renta
que conservó con Felipe II, también admirador de su obra.
Bajo el reinado de este último van perfilándose los aspectos
técnicos de los levantamientos topográficos, consiguiendose
por tanto representaciones cada vez más fidedignas.
Felipe
II continuó encargando a Deventer el levantamiento detallado de
toda la región, el cual debería incluir la representación
individualizada de cada una de las ciudades. Viendo el monarca tan excelentes
resultados decidió hacer algo similar en España, comisionando
para ello al también holandés Wijngaerde que se trasladó
a Madrid, en 1561, como pintor de la corte. Aunque parece segura la influencia
metodológica de Deventer en las vistas panorámicas de las
ciudades españolas, no debe minusvalorarse su exquisita técnica
ciertamente diferente. Efectivamente sus trabajos resultaron ser dibujos
panorámicos con un efecto plástico evidente, tal como puede
apreciarse en los que realizó de diferentes ciudades españolas.
A tan excelentes vistas hay que añadir sus crónicas gráficas
para testimoniar las victorias militares de los Habsburgos, a cuyas tropas
acompañó. De entre todas ellas cabe destacar la que realizó
de la batalla de San Quintín. Tras el fallecimiento del artista,
Felipe II envió su producción a Holanda para que se procediera
a su grabado. El impacto causado por los trabajos de Wijngaerde en la
iconografía urbana fue considerable, haciendo que se revisaran
a conciencia los trabajos previamente realizados.
Así
sucedería con Pedro de Medina (1494 - 1567), que las tuvo en cuenta
al reeditar su Libro de las grandezas y cosas memorables de España,
uno de los más importantes publicadas en la España del siglo
XVI, aparecido por primera vez en Alcalá de Henares (1548). El
libro es ciertamente controvertido aunque con un interés indudable
al incluir un mapa de la península ibérica (18) y las imágenes
de numerosas ciudades. La publicación, del clérigo y cosmógrafo,
fue dedicada al entonces príncipe Felipe y se estructuró
en 174 capítulos, siendo el XXVIII en donde se ofrece la historia
de las ciudades. Si bien los grabados urbanos de Medina son referencia
obligada para los estudiosos de la cartografía urbana española,
no hay que dudar de su marcada imperfección. Concretamente el croquis
relativo a Granada, se consideró imagen de Madrid en una reedición
de su libro aparecida en el año 1590. Es lamentable que Pedro de
Medina no fuera influenciado por la Cosmografía del matemático
alemán S. Münster, editada por primera vez en 1544, es decir
cuatro años antes que los primeros grabados del sevillano. Es probable
que en ese supuesto hubiese tomado buena nota de las magníficas
panorámicas orientadas de numerosas ciudades europeas con proporciones
manifiestamente correctas, a pesar de que gran parte de la información
la recopilase mediante el clásico sistema de encuestas. Anterior
aún (1493) es la célebre Crónica de Nuremberg (Liber
chronicarum), debida al humanista H. Schedel (aunque contara con la colaboración
del tambien alemán H. Münzer). La obra, además del
mapa de Alemania de Münzer, contiene numerosas vistas de ciudades
cuidadosamente elaboradas (la de Roma es magnífica), no obstante
predomina tambien la fantasía como en las vistas de P. Medina.
La colección de iconografías urbanas proyectada por el geógrafo
y deán G. Braun (1541 - 1622) en Colonia, con el nombre Civitatis
Orbis Terrarum ha sido sin duda la de más amplia aceptación
en los tiempos modernos. Tanto en su forma como en el título se
nota la influencia de los atlas previamente editados por su amigo Ortelio
(la primera edición apareció en 1570) con el título
Theatrum Orbis Terrarum, de ahí que haya de considerarse dicha
publicación como contrapartida y complemento (19) de la anterior.
Los planos y las vistas las dibujó y grabó el artista belga
F. Hogenberg (1535 - 1590) junto a otros artesanos (20), figurando en
su reverso textos descriptivos. El primer volumen, que vio la luz en el
año 1572, es el que incorpora las célebres vistas de la
Granada de 1563, desde el Este, Sur y Oeste (reflejo de la importancia
concedida por entonces a la ciudad); los restantes volúmenes, hasta
seis, fueron apareciendo sucesivamente, en Amberes, hasta el año
1618. Posteriormente las planchas originales pasaron a ser propiedad de
J. Jansson y de Wit, finalmente se sigue su pista hasta P. Mortier, un
editor de Amsterdam, quien asociado con J. Covens las publicó a
mediados del siglo XVIII. Es sabido que en tales volúmenes se describen
detalladamente 530 ciudades, europeas en su mayoría, cumpliendo
así el compromiso de Braun: "las ciudades se deberían
representar de forma que el lector pudiese ver todos los caminos y calles,
así como los edificios y espacios abiertos".
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PLANO
DE IMOLA por Leonardo da Vinci. (44 x 60.2 cm.) Royal Library
C. de Windsor.
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Un
defecto que puede achacárseles, y que quizás se deba a algún
tipo de censura, es que se aprecia con demasiada frecuencia una relativa
idealización del paisaje con escenas bucólicas, que se repiten
en ciudades de países distintos y distantes; en todo caso se trataría
de una cualidad no cartográfica. Del análisis de la obra
se deduce que entre sus fuentes de información figuraron los antiguos
grabados de la Cosmografía de Münster, también existe
constancia de que Hogenberg se valió, ocasionalmente de registros
manuscritos y no publicados por Deventer. Con el éxito del Civitatis
comenzó la moda de coleccionar libros de ciudades, costumbre que
perduró hasta el siglo XVIII y que fue favorecida por la continuada
edición de vistas influenciadas por las anteriores. Otro trabajo
con su evidente influencia es el Theatrum Europaeum, o Topografías,
un conjunto de planos y vistas de ciudades menos conocido que las anteriores
pero mucho más ambicioso y sistemático. La obra fue elaborada
por, el grabador y editor alemán formado en París, M. Merian
(1593 - 1650), y su hijo, del mismo nombre. Sus veintiún volúmenes
aparecieron entre los años 1640 y 1688.
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EL SIGLO XVII
Fue precisamente a esas alturas del siglo XVII cuando se inició
en Francia la geodesia moderna, gracias a los trabajos del abad J. Picard
(1620 - 1682). A él se debe la primera determinación rigurosa
del radio terrestre, al medir el desarrollo lineal y la amplitud angular
del arco de meridiano comprendido entre Malvoisine (al Sur de París)
y Amiens (entre París y Dunkerque). Frecuentemente se asegura que
su resultado, próximo a los 6365 Km, sirvió a I. Newton
para confirmar su hipótesis de la gravitación universal,
formulada en sus conocidos Principia Mathematica (1687). La operación
geodésica de Picard se efectuó entre 1668 y 1670, cumpliéndose
así el mandato de la Academia de Ciencias, recientemente creada
(1666) con un doble objetivo: medir la magnitud de la Tierra y pretender
confeccionar mapas más exactos del territorio. Al académico
francés se le debe además una importante recomendación,
que a la larga iba a resultar imprescindible si se quería disponer
de una representación verdaderamente geométrica del territorio:
la necesidad de que la cartografía básica(21) se apoye en
la red geodésica. Con Picard se mejora la metodología e
instrumental de los levantamientos topográficos, auspiciándose
así la aparición de representaciones cada vez más
exactas.
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MADRID ESTE
en el plano de TEXEIRA |
El predominio cartográfico
de este siglo, llamado de los atlas (22), sigue correspondiendo a la escuela
holandesa, con una producción que era, sin embargo, variopinta:
desde mapas en pequeño formato a mapas murales, globos terrestres
y celestes de los más variados tamaños, atlas vistosos con
descripción de viajes, cartas náuticas y por supuesto magníficos
ejemplares de cartografía urbana, con sus planos y vistas de ciudades.
Por otra parte, la buena reputación de los productos holandeses
y desde luego la difusión mercantilista de los mismos, hizo normal
su presencia en las mejores bibliotecas europeas. La afición por
los temas geográficos cobró así un nuevo impulso,
hasta el punto de ser el centro de la conversación en las cortes
europeas (23). La del rey español Felipe IV era una de ellas, allí
se discutía sobre asuntos relacionados con la esfera, de cosmografía
o geografía y de topografía e hidrografía. Durante
su reinado apareció el monumental y conocido plano perspectivo
de Madrid de Pedro Texeira, fechado en el año 1656. El plano se
compone de veinte hojas, cada una de las cuales es de 45x56 cm. De la
obra del portugués se realizaron múltiples reediciones pero
solo una con la escala del original (1:1800), la debida al Instituto Geográfico
y Estadístico (1881).
El representante más cualificado de esta etapa productiva es, el
cartógrafo y buen matemático, W.J. Blaeu (1571 - 1638),
constructor en su propio taller de globos e instrumentos matemáticos
y de navegación. No obstante su obra mejor conocida es la esencialmente
cartográfica, debiéndose a él los primeros mapas
con orlas decoradas; siendo el motivo principal de las mismas las vistas
de las principales ciudades representadas en el campo del mapa, además
de personajes ataviados al uso del lugar representado (24). El mercado
de los atlas estuvo dominado por la familia Hondius durante los primeros
30 años del siglo, hasta que en 1629 les compró Blaeu todas
las planchas originales. Así editó su primer atlas en 1630
con 60 mapas, titulándolo Appendix Theatri Ortelii Atlantis Mercatoris.
En 1634 anunció Blaeu su intención de publicar su propio
atlas mundial en cuatro idiomas (alemán, holandés, francés
y latín), para desvincularse de los trabajos previos de Ortelius
y de Mercator, en que se venía basando; esa sería a la postre
su obra maestra, ultimada en 1635. A él se debió también
una nueva versión del mapa de las diecisiete provincias, uno de
los mejores en su género desde el punto de vista artístico
e histórico. A W. Blaeu le sucedió su hijo Joan (1596 -
1673) que actuó como un editor eficaz al distribuir su producción
de planisferios, mapas continentales o de los países más
importantes, ya fuera con fines informativos o simplemente decorativos.
Es de suma importancia, por su originalidad, su Flandria Illustrata (1641
- 1644) que editó en dos volúmenes y que tendría
en cuenta después en su Atlas de las ciudades de los Países
Bajos, un notable ejemplo de cartografía urbana. Dicho atlas lo
inició cuando ya se vislumbraba la independencia de España,
estructurándolo en dos tomos: el primero con las ciudades de la
futura república, dedicado a las provincias unidas, y el segundo
con las ciudades más meridionales, dedicado al rey Felipe IV. Sin
embargo los avatares de la guerra hicieron que en sucesivas ediciones
tuvieran que intercambiarse algunas planchas. Aunque los planos finales
sean ciertamente hetereogéneos, se refleja en ellos la brillantez
de los topógrafos holandeses.
Animado por el éxito
editorial de la publicación, pensó en realizar algo parecido
en otros países. Primero eligió Italia y allí se
trasladó con su hijo para recopilar información y plasmarla
luego en su Theatrum civitatum et admirandorum Italiae, una obra que no
pudo llegar a terminar. No obstante el mismo publicó en 1663 tres
volúmenes: Vaticano y Estados de la Iglesia, Roma, y Nápoles
y Sicilia. Sus herederos publicaron otros dos tomos viente años
después, incluyendo, como en los anteriores, las vistas de monumentos
antiguos y palacios. La obra por excelencia de J. Blaeu fue su Atlas Maior,
una colección de mapas, vistas y textos descriptivos basada en
la previa que había formado su padre. En el año 1638 la
edición francesa del atlas (Le Théâtre du Monde, ou
Nouvel Atlas) constaba de tres volúmenes, con cerca de 300 mapas.
Cada reedición iba creciendo, hasta que en 1662 la colección
tenía ya unos 600 mapas. Fue precisamente en ese año cuando
apareció finalmente el Atlas Maior sive Cosmographie Blaviana,
con el texto en latín, de ahí que a veces se refiera, esta
obra, simplemente como Geografía Blaviana. Existe unanimidad al
considerar este atlas como el más bello y grande jamás editado,
llegando a publicarse en cinco idiomas, ya que el español se unió
a los anteriores. Los libros llegaron a ser los más caros puestos
a la venta en la segunda mitad del siglo. La versión española,
que Blaeu pensaba dedicar al rey de España, no llegó a completarse;
aún así consta de diez volúmenes, siendo muy variadas
las fechas de impresión (de 1655 a 1672). Existe un decreto de
Felipe IV (16.VII.1660) por el que se ordena remitir a Blaeu una medalla
y una cadena valoradas en mil escudos como agradecimiento por el envío
de su Atlas.
LA ILUSTRACION
La Ilustración se caracterizó por el auge incesante del
método experimental, definitivamente consolidado cuando triunfó
el newtonismo sobre el cartesianismo. Esa circunstancia, unida al desarrollo
de los conocimientos científicos del siglo anterior, resultaría
determinante para que fuesen surgiendo las diferentes disciplinas científicas,
perfeccionándose la metodología y el instrumental necesario
para efectuar nuevas observaciones. La Geodesia está en el origen
de la controversia científica entre los partidarios de Descartes
y los de Newton, una polémica que se desató cuando los dos
grupos enfrentados defendieron modelos elipsoidales diferentes para la
superficie terrestre: prolato (modelo cartesiano) y oblato (modelo newtoniano)
Aunque no proceda entrar ahora, ni aquí, en el análisis
del problema(25), si es conveniente indicar que la cuestión de
la forma y dimensiones de la Tierra estuvo latente, hasta que finalizaron
las dos expediciones científicas patrocinadas por la Academia de
Ciencias: una al virreinato del Perú (1735 - 1744, en latitudes
ecuatoriales) y otra a Laponia (1736 - 1737, en latitudes polares). Las
conclusiones científicas de ambos viajes, obviamente coincidentes
con las tesis de Newton, zanjaron definitivamente los enfrentamientos;
iniciándose a partir de entonces una nueva era para la geodesia,
al quedar superado el modelo esférico. Posteriores medidas, en
otros lugares, permitieron dimensionar el elipsoide de revolución,
obteniéndose con el tiempo sucesivos valores para los dos parámetros
geométricos que lo definen: los semiejes polar y ecuatorial, por
ejemplo. Conocido ya el modelo matemático de la superficie terrestre,
abstracción hecha de su relieve, se desarrolló con prontitud
el estudio de su representación plana, llegando así a impulsarse
decididamente la Cartografía matemática, geodésica
o topográfica. Uno de sus principales estudiosos fue el matemático
alsaciano J.H. Lambert (26) (1728 - 1777). En cuanto al modelo elipsoidal,
debe recordarse que el generalmente empleado y representado, en la mayoría
de los mapas y planos topográficos, es el debido al americano J.H.
Hayford (1868 - 1925). El referido elipsoide fue declarado internacional
en el Palacio de las Cortes de Madrid (Septiembre de 1924).
El espectacular auge
de las operaciones geodésicas y astronómicas alcanzado a
todo lo largo del siglo XVIII significó un incremento notable para
la perfección de la representación cartográfica del
territorio, cada vez más apoyada en las triangulaciones de enlace
con la red geodésica previamente establecida; a ello contribuyó
también en gran medida la proliferación de lugares identificados
por su par de coordenadas geográficas. Fue en esta época
cuando la escuela francesa alcanzó su máximo esplendor desbancando
definitivamente a la holandesa, que siguió anclada, mucho tiempo
más, a unos planteamientos más comerciales que científicos.
Similar filosofía comenzó a presidir los levantamientos
propios de la cartografía urbana, aunque la ausencia de triangulación
geodésica se supliera con el establecimiento de una red local de
apoyo. Lo cierto es que en este tiempo se fraguó y empezó
la ruptura con las representaciones del pasado. Es el verdadero inicio
de los planos de población, con escala idéntica en todo
su campo por elaborarse con criterios, prácticamente, idénticos
a los que presidirían la actividad topográfica, hasta el
imparable desarrollo de la fotogrametría aérea, ya a mediados
del pasado siglo XX.
Ciertamente los planos
de las ciudades, en el siglo XVIII, dejan entrever el posterior desarrollo
de la cartografía urbana y reflejan la nueva morfología
de las mismas. Es por tanto comprensible que con tales recursos los gobiernos
europeos impusieran paulatinamente sus criterios sobre el diseño,
estructura y planificación de ciudades clave. Si bien son múltiples
los casos dignos de mención, únicamente trataremos con cierto
detalle los considerados paradigmáticos. Berlín por ejemplo,
la mayor capital a comienzos de siglo, se remodeló con fines militares
atendiendo a los deseos del rey Federico Guillermo I. Así se crearon
sus nuevas plazas y grandes avenidas para posibilitar las paradas militares
de su, luego poderoso, ejército prusiano. Es significativo que
el retrato del rey sargento figurase dentro de la magnífica cartela
que preside el plano de Berlín (1720), uno de los numerosos (alrededor
de 100) que haría M. Seutter (1678 - 1757), de otras ciudades europeas.
La ciudad de San Petersburgo, otra de las emblemáticas que deben
reseñarse, fue creada por el zar Pedro el Grande con una clara
intención militar, frente a Suecia. Sin embargo su dimensión
política no fue menos importante, por su manifiesto deseo de alejar
al imperio ruso de sus raíces orientales y proyectarlo, a través
del Báltico, hacia la influencia más enriquecedora de la
Europa occidental. En el año 1753 se encargó, a la Academia
de Ciencias Imperial un plano de la ciudad para celebrar el cincuenta
aniversario de su creación; enviando copias del mismo a las mayores
capitales europeas para dar fe "de los nuevos esplendores de la ciudad".
Como es natural, la cartografía urbana de esta época no
se limitó a la metrópoli, ya que los nuevos planteamientos
urbanos se trasplantaron a las colonias. En efecto, los modernos criterios
de planificación, y concretamente las plazas de Berlín y
Londres, llegaron pronto a las ciudades de EE.UU. La vista de la ciudad
de Savannah, en el estado de Georgia, debida a P. Gordon (1734) es fiel
reflejo de esa política. Análoga influencia se produjo sobre
la ampliación de las antiguas ciudades coloniales (27), quizás
sea Manila el caso más sobresaliente; con un mapa, incorporando
una vista de la misma, preparado por su gobernador F. Valdés, para
Felipe V, alrededor de 1739. De ese mismo año es otra perspectiva
también de carácter oficial pero de París, el plano
en cuestión fue levantado y dibujado por L. Bretez gracias al encargo
de M.E. Turgot, principal administrador de la ciudad. El detalle de tan
magnífico plano se explica por el hecho de que el topógrafo
pudiera entrar a cada uno de los edificios para poder dibujar los correspondientes
croquis. La iconografía de las veinte hojas, que recuerdan a las
imágenes fotográficas que se obtenían doscientos
años después, del plano de Turgot (nombre con el que es
conocido) fueron un instrumento propagandístico de primera magnitud;
se enviaron a los personajes influyentes de la corte y a cada uno de los
embajadores franceses.
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PLANO
DE GRANADA (1810 - 1811) realizado por los Ingenieros Franceses
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PLANO
DE TOLEDO (1809) orientado al Sur
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Estimulados por las
continuas demandas, los topógrafos producían una cartografía
urbana cada vez más precisa y funcional, de manera que a mediados
del siglo los mapas a "vista de pájaro" y otros de tipo
perspectivo casi habían dejado de hacerse, con la excepción
de alguna que otra ciudad de carácter pintoresco. El cartógrafo
de mayor renombre de todo el siglo XVIII fue el hugonote francés,
afincado en Londres, J. Rocque, el cual, entre 1734 y 1762, publicó
alrededor de un centenar de planos. Todos ellos se levantaron con métodos
trigonométricos, situando las estaciones en puntos culminantes
de las ciudades e incluyendo las consabidas mediciones angulares y lineales.
Su influencia metodológica en publicaciones sucesivas es notoria,
debiendo subrayar la recopilación efectuada por J. Andrews en su
Collection of Plans of the Capital Cities of Europe, que contiene 42 planos
de las principales capitales del mundo, apreciándose en todos ellos
las fuentes de información británicas y francesas.
EL SIGLO XIX EN
ESPAÑA
Prácticamente coincide la difusión de los planos anteriores
con la invasión de las tropas napoleónicas y con el consiguiente
trabajo de los Ingenieros Geógrafos franceses, encuadrados en la
Sección Topográfica de su Estado Mayor. Aunque sea sobradamente
conocido el interés de Napoleón por este tipo de actividades,
no viene mal insistir en ello al recordar que, por iniciativa de su hermano
José, se creó en Madrid (30.XI.1809) un Depósito
General de Cartas Geográficas, de Planos y de Diseños Topográficos.
A su amparo se realizaron las campañas cartográficas francesas,
formándose al final una magnífica cartoteca conservada,
mayoritariamente, en los archivos franceses (28), que refleja la minuciosidad
de sus ingenieros al hacer numerosos planos de población. Solo
citaremos el Plano Topográfico de la villa de Madrid y de sus alrededores,
datado en Diciembre de 1808 y marcando la posición del ejército
invasor durante el bombardeo, así como otro Plano de la ciudad
y puerto de Málaga, una bella muestra, que incluye batimetría,
realizada entre 1810 y 1811. De la misma fecha son los planos franceses
de Granada y alrededores, aunque en este caso solo esté representado
el callejero cuadriculado del ensanche: San Antón, Recogidas, Gracia,
San Lázaro y Cercado bajo de Cartuja, en uno de ellos; mientras
que en otro figura representado el perímetro de la ciudad en relación
con los pueblos limítrofes del Norte. Ambos planos, probablemente
levantados a instancias de Sebastiani, se completan al menos con otros
dos centrados en la Alhambra, también en manos francesas. Todos
ellos figuran recogidos por A. Bonet (véase nota 28), aunque sería
extraño que no se conservaran otros en Francia, probablemente empleados
por el general para sus proyectos urbanísticos.
El propósito del Depósito General renació cincuenta
años después con la llamada Ley de Medición del Territorio
(Junio 1859), en la que las triangulaciones geodésicas quedaron
expresamente encomendadas a los oficiales de Ingenieros, Artillería
y Estado Mayor, ya que el Cuerpo de Ingenieros Geógrafos no se
crearía, como tal, hasta el año 1900. Se inició así
un proceso legislativo peculiar que sin embargo no alteró el buen
ritmo de los trabajos ya iniciados y que culmina con la creación
en el año 1870 del Instituto Geográfico, un acontecimiento
de gran relevancia para el posterior quehacer cartográfico. Su
primer director fue Carlos Ibáñez de Ibero (1825 - 1891),
militar de reconocido prestigio en la comunidad científica internacional.
Es poco conocido su título de Marqués de Mulhacén,
en recuerdo del enlace geodésico que se realizó, bajo su
lejana dirección, entre la red española y la del norte de
Argelia, durante el verano de 1879. Asimismo es justo destacar que fue
uno de los principales defensores para que se implantase mundialmente
el Sistema Métrico Decimal (SMD), en su condición de Presidente
de la Conferencia del Metro y del Comité Internacional de Pesas
y Medidas. Al general español se le atribuye la introducción
del S.M.D. en la producción cartográfica, y especialmente
en el Mapa Topográfico Nacional (M.T.N.), cuando dispuso el empleo
de las escalas 1:25000 y 1:50000: la primera para los levantamientos de
campo y dibujo de la minuta, mientras que se reservaba la segunda para
la edición. Gracias a su decidido apoyo, el desarrollo de los trabajos
geodésicos y el de los cartográficos relacionados con el
M.T.N. discurrió en paralelo y con prontitud (para los medios con
que se contaba).
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EL
PASEO DE LOS TRISTES Y LA ALHAMBRA (Instituto Geográfico
y Estadístico. 1909)
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Francisco Coello (1822
- 1898) es la otra figura señera de las ciencias geográficas
en la España del siglo XIX, creándose por su iniciativa
la Real Sociedad Geográfica en el año 1876. El ingeniero
jienense presidió la Comisión de Estadística, desde
su creación en 1856, y gracias a su constancia se obtuvieron los
mapas catastrales por masas de cultivo de gran parte de España,
aunque para ello hubiera de vencer numerosas dificultades (29). Defensor
del rigor topográfico creó una Escuela especial en la que
se impartieron las necesarias enseñanzas. Coello participó,
como es notorio, en la ilustración gráfica del Diccionario
de Madoz con la realización de numerosos planos de población,
acompañados de textos descriptivos. Otra de sus labores conocida
es la serie de mapas provinciales (1:200000), también complemento
del citado diccionario, para los que se valió, en ocasiones, de
los trabajos cartográficos previos de los ingenieros geógrafos
franceses, que había recopilado (y copiado) durante su estancia
en París. Coello poseía al final de sus días una
gran cartoteca, la cual pasó después a engrosar los fondos
del actual Centro Geográfico del Ejército. La labor de los
ingenieros militares y de los oficiales de Estado Mayor no se limitó
a las tareas geodésicas que les había asignado la Ley de
Medición del Territorio, sino que contribuyeron decisivamente al
desarrollo y a la oficialización de la cartografía urbana
de nuestro país, la mayoría de cuyos planos se conservan
en el mencionado Centro.
La cronología
cartográfica, que tan sucintamente se ha descrito, culmina con
la producción del Instituto Geográfico, plasmada en los
mapas topográficos de todo el territorio nacional. Al amparo de
tan importante proyecto geográfico se oficializó la imagen
urbana de todos los núcleos de población incluidos en el
campo de cada una de las hojas del mapa. El carácter emblemático
de alguna de las ciudades hizo que se editasen sus planos a escala grande,
para así poder rotular sus calles y edificios más singulares,
ese fue el caso de Granada y Toledo. El rigor geométrico de las
minutas de tales planos de población, realizadas por los Topógrafos
del Instituto, el primor con el que fueron dibujadas sus hojas, el equilibrio
estético de los colores empleados y el hecho de incluir por primera
vez las curvas de nivel, son características suficientes para considerar
los planos de ese Centro como las mejores representaciones, hasta entonces
aparecidas en nuestro país, y desde luego digno colofón
del trabajo aquí presentado.
Bibliografía
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de
Medina. Madrid. 1998.
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FONDOS CARTOGRAFICOS DEL INSTITUTO GEOGRAFICO
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Los Cosmógrafos Flamencos y Carlos V. Mapping. Julio 2000 (pp.20-36)
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y Cartografía n?45 (pp. 9-20). Madrid. 1991.
TROWER, N.: Maps & Civilization. Chicago. 1996.
NOTAS
1) C. Delano Smiths (Cartography in the Prehistoric Period in the Old
World: Europe, the Middle East and North Africa. 1987) recoge un extenso
y detallado listado de cuevas en las que aparecen dibujos de ese tipo.
Entre ellas figuran las de la Pileta (Benahoján. Málaga),
Buitres (Peñalsordo. Badajoz) y Nuestra Señora del Castillo
(Almadén. Ciudad Real). En cambio no cita las del Norte de España
y fundamentalmente las de Altamira y Castillo, en Cantabria, con unos
grabados interesantes y de la misma índole.
2) La Asociación Cartográfica Internacional (ACI) define
la Cartografía como el conjunto de estudios y operaciones científicas,
artísticas y técnicas que intervienen, a partir de los resultados
obtenidos por las observaciones, medidas directas o análisis de
diversas documentaciones, en la elaboración de mapas, planos u
otros medios de expresión, así como en su explotación
posterior. Tal definición se presentó en la conferencia
técnica de 1966 celebrada en Amsterdam, ratificada después
por la Comisión de Terminología de la ACI, y seguidamente
fue adoptada por la UNESCO. La ley 7/1986 de ordenación de la cartografía
(BOE n?25) regula en España la producción cartográfica
de carácter oficial.
3) Realmente el Papiro de Turín o Mapa de las minas de oro (localizadas
en Nubia)fechado en torno al 1150 a.C. es el único con evidente
interés de los confeccionados en el antiguo Egipto. El papiro consta
de dos secciones, la más importante de las cuales tiene una altura
de 40 cm, figurando dibujadas en la misma dos carreteras paralelas, conectadas
por otra transversal, que discurren por regiones montañosas de
tono rosáceo. El significado del color se comprende por un texto
que aclara como las regiones coloreadas son aquellas en donde se extrae
el oro.
4) Es conocida la importancia de los bematistas para los avances de sus
falanges macedonias. La consagración de los planos y mapas como
elemento esencial de guerra, y de gestión en la administración,
se produciría en el Renacimiento gracias al decidido apoyo del
emperador Carlos V. La práctica de los bematistas sería
continuada brillantemente por los Ingenieros Geógrafos de las Tropas
napoleónicas. Más adelante se comentarán precisamente
algunos de sus mapas granadinos, otros sirvieron como soporte informativo
a la ingente labor cartográfica de la dinastía de los López
y del jienense Coello.
5) La grandiosidad de la biblioteca se evidencia al pensar que en el momento
de mayor esplendor llegó a tener unos 700000 volúmenes.
Comenzó a languidecer a comienzos de nuestra era, siendo saqueada
primeramente por Julio César en el año 48. Después
fue incomprendida por la jerarquía eclesiástica, hasta el
punto de que la primera mujer astrónoma, Hipatia, fue asesinada
por una multitud de energúmenos en el año 480, aparentemente
alentados por el obispo local. Seguidamente, museo y biblioteca fueron
saqueados por los integristas cristianos. La institución inició
su definitivo declive desde que los árabes conquistaron la ciudad.
6) Eratóstenes era apodado el beta entre la Comunidad científica
de Alejandría, debiendo entenderlo no como si se tratase de un
segundón sino que era el segundo tras el mejor especialista en
cualquier materia, otros lo creían un segundo Platón.
7) La operación geodésica de Eratóstenes, combinación
de mediciones astronómicas y topográficas, no fue un hecho
aislado en la antigua Grecia. A la previa y segura de Dicearco de Mesina
(350-290 a.C.), que asignó a la circunferencia máxima un
valor de 300000 estadios, ha de añadírsele la, probable
y posterior, de Posidonio (130-50 a.C. ), el cual asignó a la misma
circunferencia un total de 180000 estadios. Esa desafortunada reducción
alteró sustancialmente las dimensiones del ecumene, llegando a
condicionar la propia historia de la geografía, entendida en su
primer significado de representación de la Tierra. Pero su transcendencia
no queda ahí ya que, al recogerla Tolomeo y perdurar el error hasta
el Renacimiento, llegó en cierta medida a propiciar el descubrimiento
de América con todas sus consecuencias.
8) Es sumamente novedosa y relevante la reciente (1999) aportación
de los profesores G. Gallazzi y B. Kramer, publicada en la revista de
la Universidad de Leipzig Archir Für Papyrusforshung. En su opinión,
aparece un mapa peninsular en un viejo papiro egipcio que recoge la copias
de los trabajos geográficos realizados por Artemidoro de Efeso
(siglo II a.C.), trabajos que refiere indirectamente Plinio el viejo en
su Historia natural (libro II, Cap. CVIII). Las dimensiones del mapa (30x100cm)
permiten considerarlo como antecedente directo de la representación
de la península ibérica que figura en la clásica
Tabla de Peutinger.
9) Es harto elocuente la descripción que, sobre el particular,
hace Lactínio: " Los censores llegaron a todos los lugares
y causaban disturbios; median parte por parte de cada parcela, contaban
cada copa y cada árbol frutal, registraban cada animal de cada
especie, anotaban el número de personas, juntaban la población
urbana y rural en las ciudades autónomas, todos los mercados se
congestionaban por las familias que llegaban como manadas. Cada quien
aparecía con todos sus hijos y esclavos. En todas partes se oían
los gritos de aquellos que eran interrogados con torturas y palos. Se
aprovechaba la rivalidad entre padres e hijos y se presionaba a los esclavos
más fieles para conseguir declaraciones en contra de sus amos,
declaraciones de las mujeres en contra de
sus esposos".
10) Los planos catastrales se levantaron en todo el imperio romano archivándose,
una copia en la colonia y otra en Roma. Existen fragmentos muy bien conservados
en Orange (Francia), la antigua colonia de Arausio, en alguno de los cuales
se explica el propósito del edicto de Vespasiano, en otros se distinguen
en cambio los célebres kardo maximus (N-S) y decumanus maximus
(E-W); llegando a figurar los nombres de los propietarios (entre los que
se encontraba alguna que otra mujer). La influencia de la centuration
romana perdura en la parcelación aparente de zonas repartidas por
todo el antiguo imperio, observándose en algunos planos catastrales
actuales o bien en las fotografías aéreas correspondientes.
Recuérdese que la centuria era una unidad de superficie de unas
50.4 Has. (2400x2400 pies romanos). Cada centuria tenía 100 heredia.
El heredium tenía dos ingera y cada ingerum dos actus cuadrados
(alrededor de 0.252 Has).
11) Quizás sea el mapa de Agrippa el origen de otros igualmente
singulares del imperio romano con la expresa inclusión de toda
su red de calzadas. El ejemplo más característico es el
mapa o tabla de Peutinger, un mapamundi (con una muy deformada península
ibérica) de 21 pies de ancho (el pie romano tenía aproximadamente
29.57cm) y una altura de poco más de uno, el cual incluye todas
las vías terrestres de importancia además de las ciudades
y distancias relativas del trayecto. Su contenido permite datarlo en el
siglo II y naturalmente es directo antecedente de los modernos mapas de
carreteras.
12) En honor a la verdad hay que señalar matizaciones tan transcendentes
como la que hacía San Agustín en su Epístola séptima
ad Marcellinum: "No entiende nada el que afirma que la autoridad
de la Sagrada Escritura se opone a una razón evidente y segura,
y no es el sentido de la Sagrada Escritura que no es capaz de comprender,
sino más bien el suyo propio el que se opone a la verdad y lo que
expone no es lo que aquella dice, sino lo que piensa él mismo que
aquella dice".
13) El mapa tiene la forma de un disco (corona circular), centrado en
Jerusalén, ocupando Asia la mitad superior y Europa y Africa los
dos cuadrantes inferiores. La franja que separa Asia de los otros dos
continentes está formada por el río Don, el mar de Azov,
el mar Negro, el mar de Mármara, el Egeo y el Nilo. El Mediterráneo
es finalmente el radio que separa Europa de Africa y forma un ángulo
recto con la franja diametral anterior.
14) En su Tahdid explica pormenorizadamente el método seguido:
medida de la depresión del horizonte sensible desde una montaña
con una altitud previamente calculada. De la importancia de sus determinaciones
puede dar idea la circunstancia de que no se mejorasen hasta bien entrado
el siglo XVII, gracias a los trabajos del abad francés Picard (1620-1682).
15) Es innegable que la existencia de los antiguos periplus, como guía
para la navegación, acompañada de descripciones literales,
está bien documentada desde el 450 a.C., siendo muy probable que
a sus sucesivas transformaciones se les añadiesen ciertos croquis
que acabarían por desembocar en los portulanos medievales, los
cuales iban generalmente acompañados por las direcciones que conducían
de un lugar a otro de la costa. Figuraban por otra parte las interconexiones
insulares, siendo ese el origen de los posteriores isolarios (libros de
islas). En ellos se incluían no solo los planos de las islas y
de los puertos, sino también otros de ciudades o regionales, e
inclusive mapamundi en ocasiones. El más remoto es el debido a
C.Buondelmonte (1422).
16) No obstante hay que hacer notar, todavía a mitad del siglo
XV, alguna que otra excepción como las representaciones semimísticas
de Opicinus de Canistris, un monje que creyéndose el antiCristo
dibujaba portulanos de acuerdo con su estado anímico. Hay algunos
en los que la península ibérica aparece con toda la barba
y otros en los que figura como una bella dama, dos buenos ejemplos que
pueden encuadrarse en la llamada cartografía humorística.
17) L.Guicciardini (1521-1589) grabó en cobre numerosas vistas
de ciudades de los Países Bajos, aparecidas en su libro Descrittione
di tutti i Paesi Bassi, de su popularidad da idea el hecho de que se reeditara
varias veces entre 1567 y 1660. En el año 1612 lo editó,
traducido al holandés el gran Blaeu, fundador de la dinastía.
18) El mapa fue grabado en madera y coloreado a mano con amarillo, azul,
rojo y verde. Incluye los topónimos de las provincias escritos
sobre cartelas, además de toscos esquemas de los principales ríos
y cadenas montañosas (M. Cuesta. La obra cosmográfica y
náutica de Pedro de Medina. Madrid 1998).
19) El propio Braun escribió a Ortelius (31.X.1571) declarando
sus intenciones: "Por varias razones, algunos eruditos de aquí,
de Colonia, piensan que el libro de las ciudades del maestro Frans (se
refiere a Hogenberg) encontraría una mayor aceptación entre
los compradores si se ofrecieran los nombres correctos de los lugares,
iglesias, puertas, etc., en el idioma nativo; para satisfacer tanto a
los letrados como a los iletrados: a los primeros, porque encontrarían
las descripciones en latín en el reverso, a los segundos, porque
contemplarían la representación de su propia ciudad con
nombres que le resultarían familiares. Creo que es evidente la
utilidad de este arreglo al vender por separado las láminas de
las ciudades; en cambio, la gente no las apreciaría tanto si no
pudiera entender nada de lo que lee".
20) Otro de los grabadores que colaboró en el proyecto de Braun
fue el holandés S.v.d.Newvel, autor del segundo y tercer volumen
de la serie. Asimismo participó el danés H.v. Rantzau. En
las vistas españolas actuó sobremanera el gran miniaturista
y cartógrafo J. Hoefnagel (1542-1600).
21) El artículo tercero (uno) de la Ley de Ordenación de
la Cartografía dice: Es cartografía básica, cualquiera
que sea la escala de su levantamiento, aquella que se realiza de acuerdo
con una norma cartográfica establecida por la Administración
del Estado, y se obtiene por procesos directos de observación y
medición de la superficie terrestre.
22) El vocablo atlas fue introducido primeramente por G. Mercator (1512-1594),
en referencia al gigante mitológico que presidió su colección
de mapas Atlas sive Cosmographie meditationes..., geographia nova totius
Mundi, publicada por su hijo Rumold en el año 1595. Mercator fue
el típico científico renacentista y por tanto multidisciplinar,
sus contemporáneos le llamaron, con razón, el Tolomeo de
los tiempos modernos. Es mundialmente conocido por su desarrollo cilíndrico,
directo y conforme, una mapa en el que las loxodrómicas (líneas
de igual acimut) son líneas rectas, de ahí su utilidad para
la navegación. El mapa, aparecido en 1569 llevaba el siguiente
encabezamiento: Nova et aucta orbis Terrae descriptio ad usam navigantium
emendate accomodata.
23) La situación llegó al extremo de que el modelo de caballero
culto era aquel que estaba en posesión de mapas, atlas y obras
afines. Incluso se afirmaba que "su contemplación podía
librar de la melancolía".
24) En el mapa de España que editó en 1605 figuran las imágenes
de Sevilla, Toledo, Valladolid y Lisboa, aunque procediesen estas del
Civitates Orbis Terrarum.
25) Si se desea mayor información sobre el particular puede consultarse
Forma y Dimensiones de la Tierra, síntesis y evolución histórica
(M. Ruiz Morales, M. Ruiz Bustos. Ed. del Serbal. Barcelona. 2000).
26) Aunque el cartógrafo Lambert sea fundamentalmente conocido
por su desarrollo cónico y conforme, todavía empleado en
algunas series nacionales, se deben a él otros muchos sistemas
cartográficos. A veces se olvida su propuesta de generalizar la
proyección de Mercator, empleando un cilindro transverso y tangente
a lo largo del meridiano terrestre para obtener una mejor representación
cartográfica de países como Chile o Portugal, cuya dimensión
principal discurre de Norte a Sur. La propuesta desarrollada posteriormente
por Gauss se complicó un poco más, al considerar un cilindro
elíptico (tangente al meridiano elipsoidal); surgió así
un nuevo sistema cartográfico que, al poder aplicarse en todas
las regiones de la Tierra, recibió el nombre de Proyección
de Gauss, si bien su denominación más corriente es Proyección
Universal y Transversa de Mercator o U.T.M., si se emplean sus siglas
inglesas.
27) En el año 1992, aprovechando la celebración del quinto
centenario del "inicio de la mayor empresa urbanística de
fundación de ciudades que vieron los siglos", el Instituto
Nacional de Administración Pública y el Instituto Geográfico
Nacional publicaron una interesante colección titulada Ciudades
de América. En la selección se incluyeron veinticuatro planos
de otras tantas ciudades desde Argentina a Méjico y desde Puerto
Rico a Ecuador. La imagen de todas ellas corresponde al siglo XVIII (excepción
hecha de Trujillo (1687) y de San Juan de la Frontera (1562), apreciándose
su trazado en "cuadrícula" tan característico
de las ciudades fundadas por españoles, como bien señala
Aguilera-Rojas, arquitecto coordinador de la edición.
28) A. Bonet Correa hizo recientemente una excelente recopilación
(Cartografía militar de Plazas Fuertes y Ciudades Españolas.
Siglos XVII-XIX. Madrid. 1991) de fondos existentes en el Castillo de
Vincennes (París). En ella figuran no solo los planos levantados
por los ingenieros geógrafos e ingenieros militares franceses entre
(1808 y 1814) sino también algunos de los que expoliaron de nuestras
mermadas cartotecas. El trabajo, aunque muy completo, es complementable
con el estudio de otros archivos en el país vecino.
29) Al final tuvo que suspender los trabajos catastrales por la firme
oposición de los terratenientes, que contaban con el apoyo soterrado
y la irresponsabilidad de ínclito Narvaez. Ese hecho, y su protesta
por la dictadura militar ejercida por el general granadino, le hicieron
dimitir del cargo de Director General del Cuerpo de Ingenieros Militares
y dejar el ejército para centrarse exclusivamente a su obra cartográfica.
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