FEBRERO-MARZO ISSN: 1.131-9.100
martes, 09 de febrero de 2010
 
ARTÍCULOS
 
 
 
   

ENSAYO HISTORICO DE CARTOGRAFIA URBANA

 
Julio de 2.001
Mario Ruiz Morales Ingeniero Geógrafo de la Subdelegación del Gobierno en Granada
 

 

ANTECEDENTES PREHISTORICOS

En la moderna antropología se supone que las ideas geométricas del espacio y de su representación pudieron haber surgido ya en la edad de piedra. De hecho en el llamado arte paleolítico aparecen numerosos ejemplos de petroglifos en los que además de estrellas aisladas figuran constelaciones, como la osa mayor, y primitivas manifestaciones cosmológicas que simbolizan la interdependencia Tierra - Cosmos mediante el rectángulo y el círculo. Dichas representaciones se han mantenido, prácticamente hasta nuestros días, en pueblos indígenas tan poco desarrollados como los mongólicos de Koriasksky (al Oeste del Mar de Bering) y los indios paunis de Nebraska. De los primeros se conserva una especie de uniforme, usado para la danza, en el que se aprecian tanto en su parte delantera como en la de atrás algunas constelaciones a uno y otro lado de la vía láctea (simbolizada por un falso cinturón); la misma galaxia figura atravesando un rudimentario mapa celeste realizado por los norteamericanos sobre una piel de antílope. En el paleolítico aparecen asimismo lo que podríamos denominar mapas prehistóricos, entendiendo por tales diversos grabados sobre roca que representan una distribución espacial de objetos y sucesos (1). El caso más conocido es el conjunto monumental de Bedolina (Capo di Ponte. Italia) con un tamaño de 2.3x4.2m y datado entre los siglos XX y XV a. C.. Sin embargo la primera representación del entorno inmediato, verdaderamente documentada, es mucho más remota debiendo comenzar con ella la cronología de la cartografía (2) histórica. Se trata del plano mural de Çatal-Hüyük encontrado en el año 1963 por J. Mellaart cuando realizaba excavaciones en el yacimiento situado en la provincia de Konya, al oeste de Turquía. Mediante el método del radio-carbono se dató en torno al año 6200 " 97 a.C. En el muro no solo aparece un plano de un núcleo urbano del neolítico (probablemente el mismo Çatal-Hüyük), sino que figura también, detrás de las viviendas, el perfil abatido de una montaña con dos promontorios, uno de los cuales es asociado por Mellaart con el volcán Hasan-Dag en erupción; este ejemplo es por tanto el más remoto antecedente de cartografía urbana y temática.

EGIPTO Y MESOPOTAMIA

La serie cronológica puede continuarse con el período del antiguo imperio de Egipto (III-VI dinastías, aprox. 2780-2380 a.C.), fructífero en aportaciones astronómicas y matemáticas por las genialidades de sus sabios, contemporáneos de tan grandes faraones como Keops, Kefrén y Mikerinos. Herodoto (485?-425 a.C.) atribuía a Egipto la invención de la geometría, aunque se ignore el significado dado por él a la palabra,dos siglos antes que Euclídes la enseñara dentro de sus famosos principios. Prueba de sus indudables conocimientos geométricos son las pirámides triangulares con proporciones tan perfectas y alturas superiores, en algún caso, a los 100 metros. Su quehacer geométrico quedó igualmente reflejado en su agrimensura, ciertamente desarrollada, hasta el punto de poder replantear los detalles topográficos desaparecidos en las periódicas inundaciones del Nilo. Eran pues frecuentes los levantamientos de planos de jardines, de índole catastral, de explotaciones mineras.., siendo el más singular de todos los conservados el conocido con el nombre de papiro de Turín(3), aunque también convenga señalar un ostracón del Cairo, que representa (probablemente) planos de la tumba de Ramsés IX en el valle de los reyes, como otro ejemplo notable de cartografía urbana. En la antigua Mesopotamia se asistió a un parecido desarrollo de los levantamientos topográficos, igualmente favorecido por los desbordamientos de los ríos, Eufrates y Tigris en este caso. Ese hecho unido al soporte tan duradero en que se confeccionaban los planos, explica los múltiples fragmentos que se conservan referidos a propiedades rústicas o urbanas (con sus límites perfectamente señalizados), a ciudades, a barrios, a canales o a otras construcciones. De entre todos ellos debe reseñarse el contenido en la estatua de Gudea, gobernador de Lagas (siglo XXI a.C.), que con toda probabilidad representa un templo con una escala gráfica incorporada y que se conserva en el museo del Louvre. Con el transcurso del tiempo fueron ampliando el dominio del mapa obteniendo representaciones globales de un cierto territorio o ciudad, llegando incluso a dibujarlas a escala. Ese es el caso del conocido plano de Nippur que se conserva en la Universidad F. Schiller de Jena (Alemania). El plano de Nippur, el centro religioso de los Sumerios en Babilonia, es quizás el plano de población más antiguo (1500 a.C.) dibujado a escala; en él se muestran el templo de Enlil en la parte derecha, además de las murallas de la ciudad, canales, almacenes y hasta un parque. Igualmente significativo en la historia de la cartografía, y en la de la geodesia, es otra tablilla de arcilla procedente de una excavación realizada cerca de Kirkuk entre 1930 y 1931, pero mucho más antigua (2300 a.C.). En su centro figura la superficie de 354 iku (alrededor de 12 Ha) y su propietario (Akala), además de los rótulos siguientes: el Oeste en su parte inferior, el Este en la superior y el Norte en la izquierda. Con este ejemplo de tan remoto plano orientado y con los planos a escala que se acaban de comentar, puede afirmarse que los "cartógrafos" babilonios del III-II milenio a.C. establecieron unos principios todavía imprescindibles en la geodesia y en la cartografía matemática o topográfica.

PLANO NIPPUR (18 X 21 cm.) Universidad de Jena,

EL MUNDO GRECORROMANO

Coincidiendo con la decadencia de las civilizaciones anteriores, apareció en las islas y costas del Egeo una nueva civilización que, si bien influenciada por ellas, dio un impulso decisivo para el progreso de la ciencia al sentar las bases para el posterior desarrollo cartográfico, con unas concepciones mucho más profundas, abstractas y racionales que todas las precedentes. En la segunda mitad del siglo V y al principio del IV se multiplicaron las escuelas, primero en Cirene, luego en Megara y finalmente en Atenas, que se convirtió desde entonces en el centro intelectual más importante del mundo griego hasta que comenzó el florecimiento de Alejandría. De Pitágoras (580-500 a.C.) a Filolao, se sucedieron a lo largo de un siglo varias generaciones de pitagóricos, pudiendo asegurar que se debe a ellos la afirmación, tan trascendente, de que la Tierra es esférica. A partir de entonces fue elaborando la escuela un verdadero sistema astronómico dado a conocer no solo por Teofrasto (372 - 287 a.C.) sino también por Aristóteles (384-322 a.C.), firme defensor de la esfericidad terrestre, quien llegaba a considerarla como algo natural. Lamentablemente no se conservan representaciones cartográficas de tan importante época aunque indudablemente existieran. No es descabellado pensar que Aristóteles hiciese ver a su alumno Alejandro Magno (4) la importancia de los mapas como instrumento de poder y gobierno. Básicos debieron ser los planos de Alejandría, debidos al arquitecto Hipodomus, para el replanteo de sus calles. Estrabón los describió como si los tuviera a la vista: sus calles eran amplias y perpendiculares, el ancho de las principales era próximo a los 30m, e inclusive las más estrechas estaban proyectadas para admitir el tránsito de carruajes. Algunas de las calles estaban flanqueadas por soportales con columnas, previstos con fines ornamentales y para refugio peatonal. Otra curiosa prueba de la existencia de cartografía griega aparece descrita en la obra cómica de Aristófanes (450-388 a.C.). Concretamente, las nubes (423 a.C.) recogen un significativo diálogo producido ante un mapa del mundo, que en un momento dado se convierte en el elemento central de la escena. Strepsiodes señala un instrumento matemático al mismo tiempo que pregunta a su discípulo sobre su utilidad. Al contestarle este que servia para medir terrenos, dice Strepsiodes que si se refiere a terrenos parcelados, ante los cual exclama el discípulo que en absoluto, que se refería a todo el mundo, añadiendo... aquí tienes la circunferencia de toda la Tierra, no la ves?. Aquí está Atenas.


Situándonos nuevamente en Alejandría, y precisamente en su biblioteca(5), es obligado citar al que fue uno de sus directores más preclaros (6), el gran Eratóstenes de Cirene (275-195 a.C.). Aunque su aportación científica por excelencia fuese la primera determinación relativamente fiable del desarrollo de la circunferencia terrestre(7), que cifró en torno a los 37585 Km, debe resaltarse en este contexto su contribución al desarrollo de la cartografía por confeccionar un mapamundi novedoso; realmente lo que obtuvo fue una imagen del mundo que se consideraba habitado por aquel entonces. La explicación del método que siguió apareció en el tercer libro de su Geografía. La principal novedad del mapa, más simétrico que exacto, es la incorporación que hace de una red de rectas paralelas y perpendiculares que recuerdan a los actuales meridianos y paralelos; de ahí que también se le considere a Eratóstenes como introductor de las coordenadas geográficas todavía en vigor, esto es la latitud y la longitud. Terminaremos esta breve reseña de la cartografía griega con la mención del insigne Tolomeo (90-168 d.C.), nacido en la región del alto Nilo, pero afincado luego en Alejandría. Es sobradamente conocida su hipótesis geocéntrica contenida en su célebre almagesto, un modelo que pretendía explicar los movimientos planetarios (el Sol y la Luna también eran considerados planetas) y que persistió, por defenderlo la Iglesia oficial, hasta que definitivamente fue barrido muchos siglos después por las tesis copernicanas. Tolomeo es considerado con toda justicia como el verdadero promotor de la cartografía moderna, no en vano diseñó cuatro sistemas cartográficos para obtener una imagen plana del mundo. El fue el primero en hablar de longitudes, en términos semejantes a los actuales y en introducir una cierta simbología para la representación, directo antecedente de los signos convencionales. Toda su obra cartográfica la incluyó en los ocho libros de su Geografía, los cuales contenían por otro lado alrededor de ocho mil lugares clasificados por regiones e identificados por sus coordenadas geográficas (tomando como origen de longitudes las Islas Canarias, también denominadas por él afortunadas). Hoy se admite como seguro que el texto de la Geografía de Tolomeo transmitido por los manuscritos no coincide rigurosamente con el elaborado por el sabio alejandrino. Mención aparte merecen los mapas que, al parecer, acompañaban al texto, ya que se acepta sin ningún género de dudas que son copias más o menos fiables de los originales formados por él. Es altamente probable que todos ellos se dibujasen en talleres bizantinos (entre los siglos XIII y XIV), enriquecidos en algunos supuestos por informaciones anteriores que podrían remontarse a los últimos tiempos del Imperio romano. De entre esos mapas ha de resaltarse una de las primeras representaciones de la península ibérica(8), que aunque muy deformada tiene el indudable mérito de situar sus principales ciudades. La obra de tan genial compilador representa la última aportación científica del mundo antiguo, con un innegable progreso en sus concepciones geográfico - cartográficas si se comparan con las de todos sus predecesores.

ESCUELA DE GLADIADORES (Forma Urbis Romae).

El notorio pragmatismo de los romanos favoreció el florecimiento de la actividad catastral en su imperio, enlazando así con la tradición egípcia y mesopotámica. El Catastro romano, aunque todavía rudimentario, gozaba de propiedades, en buena medida, sorprendentes para su tiempo, piensese sino en que levantaban el perímetro de cada parcela. Su carácter fiscal no sería bien visto por una buena parte de la población afectada, un temor que entonces si era explicable pues en ocasiones se asociaba el catastro al maltrato físico del sujeto impositivo(9). Como la cartografía rústica y urbana son el soporte imprescindible de este tipo de trabajos, se comprenderá mejor que en Roma, sobre todo (10), proliferaran los planos dibujados a escala grande. El ejemplar más sobresaliente de la cartografía urbana romana debió ser precisamente FORMA URBIS ROMAE, un grandioso plano de 13m de alto por 18 de ancho grabado sobre 151 placas de mármol. Parece ser que se ultimó entre los años 203 y 208, siendo igualmente probable que obedeciera su ejecución a una revisión de los planos de Vespasiano y de Tito, que habían sido levantados en el último cuarto del siglo primero. Se cree que bajo el mandato de Septimio Severo se procedió a su restauración, siendo fijado a un muro próximo al Templo de la Paz de Vespasiano. Todavía existen restos del muro junto a la iglesia de San Cosme y San Damián, en el que pueden apreciarse los agujeros, regularmente dispuestos, correspondientes a otros tantos clavos de bronce con los que se debieron de fijar las placas. El plano tuvo que ser el oficial de Roma ya que su campo cubría exactamente el territorio marcado por los límites de la ciudad entonces construida, se supone que la escala de la representación estaba comprendida entre 1/240 y 1/250. Se ignora cuando se destruyó, lo cierto es que sus primeros fragmentos aparecieron en 1562 y que en una publicación de 1590 se reconoció con total claridad una escuela de gladiadores fundada por Domiciano en las proximidades del Coliseo. Desde que en 1874 se editó la publicación de H. Jordan (Forma Urbis Romae) han continuado saliendo a la luz fragmentos de tan interesante mural. Lógicamente el interés de los romanos por las representaciones cartográficas es anterior a la época que se acaba de comentar. Al parecer Julio César encargó la formación de un mapa del imperio que, iniciado por el general Agrippa, no fue ultimado hasta la era de Augusto (27a.C.-14d.C.). El mapa se colocó en el pórtico que se levantó en su honor (próximo a la actual vía del corso en Roma) por iniciativa de su hermana Vipsania Polla, que lo completó a la muerte del general. Las dimensiones del dibujo, al parecer rectangular, no se conocen con exactitud aunque se estimen en 2 ó 3m de alto, con una anchura mucho mayor, situándose el Norte en su parte superior. Este mapa y los comentarios de Agrippa fueron la fuente de inspiración de múltiples textos, copiándose la representación con y sin alteraciones (11). Otro raro ejemplo de cartografía global y mural, de obligada referencia aquí, es el mapa romano de Hispania que fue hallado en un muro de la abadía de San Juan, cerca de Dijon (Francia).

EDAD MEDIA

Los comentarios sobre la cartografía medieval tienen que ser más extensos que los anteriores por la complejidad de su análisis y síntesis. Existe práctica unanimidad al enjuiciar los siglos medievales como oscurantistas y al dar como razón fundamental la intransigencia de la mayor parte de la jerarquía eclesiástica, que pretendió obtener una visión dogmática del mundo teológicamente conforme. Ante tal perspectiva se comprenderá que las doctrinas científicas fuesen consideradas irrelevantes e innecesarias, cuando no peligrosas. La vida intelectual del mundo cristiano estuvo pues centrada en la iglesia, regida por padres para los que la biblia era la enciclopedia del saber (12). No sorprende por tanto que se produjera un serio retroceso en el conocimiento de los mismos, así el célebre Lactancio (260 - 330), preceptor de Crispo hijo del emperador Constantino, escribía a propósito de los partidarios de la esfericidad terrestre ?Puede alguien ser tan insensato como para creer que hay hombres con los pies más altos que sus cabezas, o lugares donde llueva hacia arriba? Más allá llegaba el converso Cosmos de Alejandría doscientos años después, ya que a la mofa añadía algo tan serio (por entonces) como acusar de herejía a los defensores de la citada esfericidad (Topografía Cristiana - 547). Como su modelo se apoyaba en el tabernáculo, defendía que: su mesa es el esquema de la Tierra, los doce panes expuestos sobre ella se refieren a los doce meses, el arca de madera alude al océano, y la corona de oro de la misma a las tierras situadas al otro lado de dicho océano. El candelabro de siete brazos es una alusión mística al Sol y a los siete días de la semana ... La interpretación literal de las sagradas escrituras condujo finalmente a una visión surrealista del mundo. En clara contraposición con sus homólogos orientales ha de situarse la posición de los primeros padres en el occidente medieval. Ese fue el caso de San Isidoro (570-636) quien claramente se decanta por la esfericidad cuando asegura que la esfera de los cielos está centrada en la Tierra y que tal esfera no tiene principio ni fin. Asimismo emplea varias veces la palabra globo al citar la Luna o los planetas, refiriendo directamente la esfera terrestre cuando menciona que el océano, extendido por toda la periferia del globo, baña casi todos los confines del orbe. Al obispo sevillano se debe uno de los primeros mapas medievales, que incluyó en sus Etimologías y llegó a ser el primero impreso (Augsburgo - 1472). Como es sabido se trata del mapa denominado de Ten O (13), en el que aparecen los tres continentes entonces conocidos, rodeados por el océano primigenio. La influencia bíblica se manifiesta claramente al asignar cada uno de ellos a los hijos de Noé (Africa a Cam, Asia a Sem y Europa a Jafet). La configuración de este mapa del obispo sevillano mediatizó todas las representaciones cartográficas posteriores, además de auspiciar la aparición de los globos tripartitos que en manos del Salvador figuran todavía en numerosas iglesias. Su influencia debió hacerse presente en alguno de los mapas que poseía Carlomagno, a tenor de lo descrito por su amigo y biógrafo Einhardt, el cual afirmó que entre las maravillas de la biblioteca del emperador había tres mapas de plata y uno de oro. En uno de los plateados aparecía la totalidad del circuito terrestre dividido en tres continentes, los otros dos eran planos detallados de las ciudades de Roma y Constantinopla. Otros dos ejemplos singulares son el mapa de Ten O con topónimos árabes que se conserva en la Biblioteca Nacional y un mapamundi de al Idrisi (1100 - 1164), el geógrafo musulmán por excelencia. Aunque no proceda glosar aquí la aportación de los árabes al desarrollo científico de occidente, sí hay que hacer notar que en el aspecto cartográfico enlazaron directamente con las fuentes griegas a través de la Biblioteca de Alejandría y de Bizancio, de forma que en este campo del conocimiento no se produjo para ellos el paréntesis de la edad media antes aludido. De hecho llegaron a determinar el radio de la Tierra, en el califato de Bagdad, mediante un procedimiento tan novedoso como el ideado por al Biruni (14) (973-1048), el mayor genio de la civilización musulmana junto a Avicena.

Asociado al espíritu cruzado y peregrino tan propio de la Edad Media, surgieron una especie de guías de viaje que pueden considerarse prolongación de la ya citada Tabla de Peutinger. Las guías eran una representación del espacio a recorrer, la cual adoptaba la forma de un itinerario que partiendo de una cierta ciudad europea llegaba a Jerusalén, Roma, Santiago o cualquier otro centro de peregrinación La más conocida de todas ellas es la debida al inglés Mateo Paris que apareció en la primera mitad del siglo XIII. Se conserva en la Biblioteca del Museo Británico y está estructurada en bandas verticales individualizadas, las cuales aparecen distribuidas en cuatro hojas de pergamino con unas dimensiones de 34.8cm x 25.2cm. Cada una de las etapas, cuyo nombre aparece rotulado en rojo, se simboliza mediante una viñeta (todo un ideograma urbano según el francés P. Lavedan) arquitectónica que incluye castillos, iglesias y abadías, tal como era usual en los mapamundis medievales. Tales guías son por tanto representaciones urbanas heredadas de la antigüedad y por tanto parecidas, en cierto modo, a las propias de la administración romana. Los esquemas de las ciudades eran alzados en ocasiones o plantas, que aunque rudimentarias permitían tener una visión más completa de sus interiores.

ITINERARIO DE LONDRES A JERUSALEN. Mateo Paris.

En el último período de la Edad Media surge una manifestación cartográfica de primera magnitud y hasta cierto punto sorprendente por la dificultad que se presenta al establecer sus orígenes (15). La carta marina o portulano más antiguo (Carta Pisana), data de la segunda mitad del siglo XIII, ya presenta un rasgo común a todos ellos como es la representación de la rosa de los vientos, una prueba de que el empleo de la brújula en la navegación estaba ya generalizado. Otra propiedad verdaderamente notable de los portulanos es que su representación es ya independiente de los credos religiosos (16), pudiendo por tanto considerarse como cartografía iconoclasta dado su carácter rupturista. Los portulanos suelen dividirse en dos grupos con identidad propia, atendiendo a su origen: españoles (catalano - mallorquines) e italianos. Es característica de estos últimos el dibujar únicamente el perímetro del litoral, al contrario de lo que ocurre con los españoles en los que la representación se extiende a la zona continental, dibujando ríos, simbolizando el relieve y señalizando la posición de ciudades u otros lugares de interés especial. A este último grupo pertenece el atlas catalán o de Cresques, confeccionado por esa familia judía de Mallorca en el año 1375. En él apareció rotulada por vez primera la palabra Granada, junto a un bello pendón rojo (con grafismos arábicos) que indica su emplazamiento. Aunque no pueda hablarse de tradición en el caso de los portulanos árabes, sí es cierto que no se limitaron a copiar los españoles o los italianos habida cuenta de la cantidad de nuevos topónimos que incorporaban, en árabe por supuesto. Uno de los pocos que se conserva en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y quizás el más antiguo, fue hecho probablemente en Granada hacia el año 1330, según J. Vernet. En su mitad puede leerse Wasat Jazirat al Andalus (centro de la península de al Andalus), sirviendo el resto de los topónimos para localizar más de 200 lugares de la costa. La cartografía árabe tuvo su continuación en el imperio otomano, siendo el capitán naval Piri Re'is (1470 - 1554) su máximo representante. Precisamente uno de sus mapas del litoral andaluz, fechado en torno al año 1526, es un portulano que incluye tierra adentro otra representación simbólica de la ciudad de Granada, en este caso en forma de fortaleza; al igual que antes había hecho Freducci d'Anconae en su portulano de 1497 o haría después Mateo Prunes con el suyo, en 1563.

RENACIMIENTO

El conocimiento geográfico - matemático experimentó en el Renacimiento un desarrollo sin par por dos factores que, si no decisivos, si jugaron un papel crucial, por un lado la caída de Constantinopla, que llevó a Italia gran cantidad de científicos y manuscritos bizantinos, y por otro la aparición de la imprenta, básica en la historia de la humanidad, que permitió la difusión de numerosos libros con las obras de los autores clásicos y medievales. Si a ello añadimos la paulatina relajación de los lazos que ataban el pensamiento científico a los planteamientos teológicos, es comprensible que el impulso recibido resultara imparable. Finalmente los ingenieros renacentistas llegan a abandonar las tesis aristotélicas en favor del concretismo racional de Arquímedes. El gran Leonardo da Vinci (1452 - 1519) es el más ilustre representante de ese colectivo. El mejor pintor, ingeniero y arquitecto del rey de Francia y técnico de todo su estado, fue el título con que lo dotó Francisco I y con el que se afincó en el valle del Loira. Únicamente nos interesa aquí su producción cartográfica aunque la centraremos solo en su plano de Imola de contorno circular. El plano es sumamente exacto para su tiempo, sorprendiendo la simbología de colores que establece, por coincidir generalmente con la usada en la actualidad para los planos de población. Igualmente destacable es el detalle con que aparecen localizadas las manzanas y son representadas las parcelas de los alrededores. Las notas que figuran a ambos lados, en escritura especular, se refieren a los acimutes y distancias a otras ciudades de interés para Borgía. Del mismo modo debe reseñarse el dibujo esquemático con el que recordó la operación geodésica de Eratóstenes y la explicación especular que da del método empleado.

El proceso de consolidación nacional que se produce en muchos países, en los albores del siglo XVI, no es ajeno al discurrir del renacer cartográfico y a su posterior desarrollo científico. Fue a partir de entonces cuando reyes o emperadores, y principalmente sus ministros, comenzaron a considerar que los mapas y los planos podían ser un valioso instrumento de poder y de gobierno. Pueden servir de ejemplo dos figuras estrechamente relacionadas con Carlos V. Isabel la Católica, su abuela materna, firmó las primeras ordenanzas de la Casa de Contratación, un centro geográfico y cartográfico sin parangón en su tiempo, el 10 de Enero de 1503. El emperador Maximiliano, su abuelo paterno, fue uno de los primeros monarcas europeos con sólidos conocimientos cartográficos. Su propio nieto aseguraba que su abuelo disponía de una amplía y variada cartoteca con la documentación más interesante de su época. El mismo adquiriría durante su prolongado reinado el convencimiento, en función de sus intereses políticos y militares, de que la cartografía era extraordinariamente interesante, tanto para la administración de sus territorios como para llevar a buen término sus operaciones militares. La continuada protección que dispensó Carlos V a los cosmógrafos auspició no solo la eclosión de la cartografía americana, realizada principalmente en la Casa de Contratación,sino que favoreció el desarrollo de la más rigurosa y detallada cartografía de los Países Bajos; contando con la inestimable colaboración de un grupo de cosmógrafos verdaderamente selecto y formado, fundamentalmente, en la Universidad de Lovaina.


Sintiendo el emperador la necesidad de contar con una representación fiable de su tierra natal, encargó los levantamientos a J. Deventer (1500 - 1575) que ya era un especialista de reconocido prestigio. Deventer, que por aquel entonces residía en Malinas, comenzó las observaciones de campo en el año 1534 y las finalizó en 1547, tras recorrer todas las provincias de los Países Bajos. El resultado de sus trabajos topográficos fueron unos planos sumamente detallados que incluían la planta de la mayor parte de las villas y ciudades de interés. Su contemporáneo L. Guicciardini (17) hablaba de más de 320 planos, de los que se conservan alrededor de 220, con la representación de calles, edificios públicos y puentes. La obra cartográfica de Deventer sirvió de soporte primeramente a Mercator, que indudablemente la consultó al hacer su mapa de Flandes (dedicado a Carlos V), y luego a Ortelius, para realizar el mapa general de las diecisiete provincias incluido en sucesivas ediciones de sus conocidos atlas. Las entregas parciales del holandés a Carlos V debieron ser del agrado de este, pues en 1543 le nombró su cartógrafo, asignándole una renta que conservó con Felipe II, también admirador de su obra. Bajo el reinado de este último van perfilándose los aspectos técnicos de los levantamientos topográficos, consiguiendose por tanto representaciones cada vez más fidedignas.

Felipe II continuó encargando a Deventer el levantamiento detallado de toda la región, el cual debería incluir la representación individualizada de cada una de las ciudades. Viendo el monarca tan excelentes resultados decidió hacer algo similar en España, comisionando para ello al también holandés Wijngaerde que se trasladó a Madrid, en 1561, como pintor de la corte. Aunque parece segura la influencia metodológica de Deventer en las vistas panorámicas de las ciudades españolas, no debe minusvalorarse su exquisita técnica ciertamente diferente. Efectivamente sus trabajos resultaron ser dibujos panorámicos con un efecto plástico evidente, tal como puede apreciarse en los que realizó de diferentes ciudades españolas. A tan excelentes vistas hay que añadir sus crónicas gráficas para testimoniar las victorias militares de los Habsburgos, a cuyas tropas acompañó. De entre todas ellas cabe destacar la que realizó de la batalla de San Quintín. Tras el fallecimiento del artista, Felipe II envió su producción a Holanda para que se procediera a su grabado. El impacto causado por los trabajos de Wijngaerde en la iconografía urbana fue considerable, haciendo que se revisaran a conciencia los trabajos previamente realizados.

Así sucedería con Pedro de Medina (1494 - 1567), que las tuvo en cuenta al reeditar su Libro de las grandezas y cosas memorables de España, uno de los más importantes publicadas en la España del siglo XVI, aparecido por primera vez en Alcalá de Henares (1548). El libro es ciertamente controvertido aunque con un interés indudable al incluir un mapa de la península ibérica (18) y las imágenes de numerosas ciudades. La publicación, del clérigo y cosmógrafo, fue dedicada al entonces príncipe Felipe y se estructuró en 174 capítulos, siendo el XXVIII en donde se ofrece la historia de las ciudades. Si bien los grabados urbanos de Medina son referencia obligada para los estudiosos de la cartografía urbana española, no hay que dudar de su marcada imperfección. Concretamente el croquis relativo a Granada, se consideró imagen de Madrid en una reedición de su libro aparecida en el año 1590. Es lamentable que Pedro de Medina no fuera influenciado por la Cosmografía del matemático alemán S. Münster, editada por primera vez en 1544, es decir cuatro años antes que los primeros grabados del sevillano. Es probable que en ese supuesto hubiese tomado buena nota de las magníficas panorámicas orientadas de numerosas ciudades europeas con proporciones manifiestamente correctas, a pesar de que gran parte de la información la recopilase mediante el clásico sistema de encuestas. Anterior aún (1493) es la célebre Crónica de Nuremberg (Liber chronicarum), debida al humanista H. Schedel (aunque contara con la colaboración del tambien alemán H. Münzer). La obra, además del mapa de Alemania de Münzer, contiene numerosas vistas de ciudades cuidadosamente elaboradas (la de Roma es magnífica), no obstante predomina tambien la fantasía como en las vistas de P. Medina.

La colección de iconografías urbanas proyectada por el geógrafo y deán G. Braun (1541 - 1622) en Colonia, con el nombre Civitatis Orbis Terrarum ha sido sin duda la de más amplia aceptación en los tiempos modernos. Tanto en su forma como en el título se nota la influencia de los atlas previamente editados por su amigo Ortelio (la primera edición apareció en 1570) con el título Theatrum Orbis Terrarum, de ahí que haya de considerarse dicha publicación como contrapartida y complemento (19) de la anterior. Los planos y las vistas las dibujó y grabó el artista belga F. Hogenberg (1535 - 1590) junto a otros artesanos (20), figurando en su reverso textos descriptivos. El primer volumen, que vio la luz en el año 1572, es el que incorpora las célebres vistas de la Granada de 1563, desde el Este, Sur y Oeste (reflejo de la importancia concedida por entonces a la ciudad); los restantes volúmenes, hasta seis, fueron apareciendo sucesivamente, en Amberes, hasta el año 1618. Posteriormente las planchas originales pasaron a ser propiedad de J. Jansson y de Wit, finalmente se sigue su pista hasta P. Mortier, un editor de Amsterdam, quien asociado con J. Covens las publicó a mediados del siglo XVIII. Es sabido que en tales volúmenes se describen detalladamente 530 ciudades, europeas en su mayoría, cumpliendo así el compromiso de Braun: "las ciudades se deberían representar de forma que el lector pudiese ver todos los caminos y calles, así como los edificios y espacios abiertos".

PLANO DE IMOLA por Leonardo da Vinci. (44 x 60.2 cm.) Royal Library C. de Windsor.

Un defecto que puede achacárseles, y que quizás se deba a algún tipo de censura, es que se aprecia con demasiada frecuencia una relativa idealización del paisaje con escenas bucólicas, que se repiten en ciudades de países distintos y distantes; en todo caso se trataría de una cualidad no cartográfica. Del análisis de la obra se deduce que entre sus fuentes de información figuraron los antiguos grabados de la Cosmografía de Münster, también existe constancia de que Hogenberg se valió, ocasionalmente de registros manuscritos y no publicados por Deventer. Con el éxito del Civitatis comenzó la moda de coleccionar libros de ciudades, costumbre que perduró hasta el siglo XVIII y que fue favorecida por la continuada edición de vistas influenciadas por las anteriores. Otro trabajo con su evidente influencia es el Theatrum Europaeum, o Topografías, un conjunto de planos y vistas de ciudades menos conocido que las anteriores pero mucho más ambicioso y sistemático. La obra fue elaborada por, el grabador y editor alemán formado en París, M. Merian (1593 - 1650), y su hijo, del mismo nombre. Sus veintiún volúmenes aparecieron entre los años 1640 y 1688.

 

EL SIGLO XVII

Fue precisamente a esas alturas del siglo XVII cuando se inició en Francia la geodesia moderna, gracias a los trabajos del abad J. Picard (1620 - 1682). A él se debe la primera determinación rigurosa del radio terrestre, al medir el desarrollo lineal y la amplitud angular del arco de meridiano comprendido entre Malvoisine (al Sur de París) y Amiens (entre París y Dunkerque). Frecuentemente se asegura que su resultado, próximo a los 6365 Km, sirvió a I. Newton para confirmar su hipótesis de la gravitación universal, formulada en sus conocidos Principia Mathematica (1687). La operación geodésica de Picard se efectuó entre 1668 y 1670, cumpliéndose así el mandato de la Academia de Ciencias, recientemente creada (1666) con un doble objetivo: medir la magnitud de la Tierra y pretender confeccionar mapas más exactos del territorio. Al académico francés se le debe además una importante recomendación, que a la larga iba a resultar imprescindible si se quería disponer de una representación verdaderamente geométrica del territorio: la necesidad de que la cartografía básica(21) se apoye en la red geodésica. Con Picard se mejora la metodología e instrumental de los levantamientos topográficos, auspiciándose así la aparición de representaciones cada vez más exactas.

MADRID ESTE en el plano de TEXEIRA

El predominio cartográfico de este siglo, llamado de los atlas (22), sigue correspondiendo a la escuela holandesa, con una producción que era, sin embargo, variopinta: desde mapas en pequeño formato a mapas murales, globos terrestres y celestes de los más variados tamaños, atlas vistosos con descripción de viajes, cartas náuticas y por supuesto magníficos ejemplares de cartografía urbana, con sus planos y vistas de ciudades. Por otra parte, la buena reputación de los productos holandeses y desde luego la difusión mercantilista de los mismos, hizo normal su presencia en las mejores bibliotecas europeas. La afición por los temas geográficos cobró así un nuevo impulso, hasta el punto de ser el centro de la conversación en las cortes europeas (23). La del rey español Felipe IV era una de ellas, allí se discutía sobre asuntos relacionados con la esfera, de cosmografía o geografía y de topografía e hidrografía. Durante su reinado apareció el monumental y conocido plano perspectivo de Madrid de Pedro Texeira, fechado en el año 1656. El plano se compone de veinte hojas, cada una de las cuales es de 45x56 cm. De la obra del portugués se realizaron múltiples reediciones pero solo una con la escala del original (1:1800), la debida al Instituto Geográfico y Estadístico (1881).

El representante más cualificado de esta etapa productiva es, el cartógrafo y buen matemático, W.J. Blaeu (1571 - 1638), constructor en su propio taller de globos e instrumentos matemáticos y de navegación. No obstante su obra mejor conocida es la esencialmente cartográfica, debiéndose a él los primeros mapas con orlas decoradas; siendo el motivo principal de las mismas las vistas de las principales ciudades representadas en el campo del mapa, además de personajes ataviados al uso del lugar representado (24). El mercado de los atlas estuvo dominado por la familia Hondius durante los primeros 30 años del siglo, hasta que en 1629 les compró Blaeu todas las planchas originales. Así editó su primer atlas en 1630 con 60 mapas, titulándolo Appendix Theatri Ortelii Atlantis Mercatoris. En 1634 anunció Blaeu su intención de publicar su propio atlas mundial en cuatro idiomas (alemán, holandés, francés y latín), para desvincularse de los trabajos previos de Ortelius y de Mercator, en que se venía basando; esa sería a la postre su obra maestra, ultimada en 1635. A él se debió también una nueva versión del mapa de las diecisiete provincias, uno de los mejores en su género desde el punto de vista artístico e histórico. A W. Blaeu le sucedió su hijo Joan (1596 - 1673) que actuó como un editor eficaz al distribuir su producción de planisferios, mapas continentales o de los países más importantes, ya fuera con fines informativos o simplemente decorativos. Es de suma importancia, por su originalidad, su Flandria Illustrata (1641 - 1644) que editó en dos volúmenes y que tendría en cuenta después en su Atlas de las ciudades de los Países Bajos, un notable ejemplo de cartografía urbana. Dicho atlas lo inició cuando ya se vislumbraba la independencia de España, estructurándolo en dos tomos: el primero con las ciudades de la futura república, dedicado a las provincias unidas, y el segundo con las ciudades más meridionales, dedicado al rey Felipe IV. Sin embargo los avatares de la guerra hicieron que en sucesivas ediciones tuvieran que intercambiarse algunas planchas. Aunque los planos finales sean ciertamente hetereogéneos, se refleja en ellos la brillantez de los topógrafos holandeses.

Animado por el éxito editorial de la publicación, pensó en realizar algo parecido en otros países. Primero eligió Italia y allí se trasladó con su hijo para recopilar información y plasmarla luego en su Theatrum civitatum et admirandorum Italiae, una obra que no pudo llegar a terminar. No obstante el mismo publicó en 1663 tres volúmenes: Vaticano y Estados de la Iglesia, Roma, y Nápoles y Sicilia. Sus herederos publicaron otros dos tomos viente años después, incluyendo, como en los anteriores, las vistas de monumentos antiguos y palacios. La obra por excelencia de J. Blaeu fue su Atlas Maior, una colección de mapas, vistas y textos descriptivos basada en la previa que había formado su padre. En el año 1638 la edición francesa del atlas (Le Théâtre du Monde, ou Nouvel Atlas) constaba de tres volúmenes, con cerca de 300 mapas. Cada reedición iba creciendo, hasta que en 1662 la colección tenía ya unos 600 mapas. Fue precisamente en ese año cuando apareció finalmente el Atlas Maior sive Cosmographie Blaviana, con el texto en latín, de ahí que a veces se refiera, esta obra, simplemente como Geografía Blaviana. Existe unanimidad al considerar este atlas como el más bello y grande jamás editado, llegando a publicarse en cinco idiomas, ya que el español se unió a los anteriores. Los libros llegaron a ser los más caros puestos a la venta en la segunda mitad del siglo. La versión española, que Blaeu pensaba dedicar al rey de España, no llegó a completarse; aún así consta de diez volúmenes, siendo muy variadas las fechas de impresión (de 1655 a 1672). Existe un decreto de Felipe IV (16.VII.1660) por el que se ordena remitir a Blaeu una medalla y una cadena valoradas en mil escudos como agradecimiento por el envío de su Atlas.

LA ILUSTRACION

La Ilustración se caracterizó por el auge incesante del método experimental, definitivamente consolidado cuando triunfó el newtonismo sobre el cartesianismo. Esa circunstancia, unida al desarrollo de los conocimientos científicos del siglo anterior, resultaría determinante para que fuesen surgiendo las diferentes disciplinas científicas, perfeccionándose la metodología y el instrumental necesario para efectuar nuevas observaciones. La Geodesia está en el origen de la controversia científica entre los partidarios de Descartes y los de Newton, una polémica que se desató cuando los dos grupos enfrentados defendieron modelos elipsoidales diferentes para la superficie terrestre: prolato (modelo cartesiano) y oblato (modelo newtoniano) Aunque no proceda entrar ahora, ni aquí, en el análisis del problema(25), si es conveniente indicar que la cuestión de la forma y dimensiones de la Tierra estuvo latente, hasta que finalizaron las dos expediciones científicas patrocinadas por la Academia de Ciencias: una al virreinato del Perú (1735 - 1744, en latitudes ecuatoriales) y otra a Laponia (1736 - 1737, en latitudes polares). Las conclusiones científicas de ambos viajes, obviamente coincidentes con las tesis de Newton, zanjaron definitivamente los enfrentamientos; iniciándose a partir de entonces una nueva era para la geodesia, al quedar superado el modelo esférico. Posteriores medidas, en otros lugares, permitieron dimensionar el elipsoide de revolución, obteniéndose con el tiempo sucesivos valores para los dos parámetros geométricos que lo definen: los semiejes polar y ecuatorial, por ejemplo. Conocido ya el modelo matemático de la superficie terrestre, abstracción hecha de su relieve, se desarrolló con prontitud el estudio de su representación plana, llegando así a impulsarse decididamente la Cartografía matemática, geodésica o topográfica. Uno de sus principales estudiosos fue el matemático alsaciano J.H. Lambert (26) (1728 - 1777). En cuanto al modelo elipsoidal, debe recordarse que el generalmente empleado y representado, en la mayoría de los mapas y planos topográficos, es el debido al americano J.H. Hayford (1868 - 1925). El referido elipsoide fue declarado internacional en el Palacio de las Cortes de Madrid (Septiembre de 1924).

El espectacular auge de las operaciones geodésicas y astronómicas alcanzado a todo lo largo del siglo XVIII significó un incremento notable para la perfección de la representación cartográfica del territorio, cada vez más apoyada en las triangulaciones de enlace con la red geodésica previamente establecida; a ello contribuyó también en gran medida la proliferación de lugares identificados por su par de coordenadas geográficas. Fue en esta época cuando la escuela francesa alcanzó su máximo esplendor desbancando definitivamente a la holandesa, que siguió anclada, mucho tiempo más, a unos planteamientos más comerciales que científicos. Similar filosofía comenzó a presidir los levantamientos propios de la cartografía urbana, aunque la ausencia de triangulación geodésica se supliera con el establecimiento de una red local de apoyo. Lo cierto es que en este tiempo se fraguó y empezó la ruptura con las representaciones del pasado. Es el verdadero inicio de los planos de población, con escala idéntica en todo su campo por elaborarse con criterios, prácticamente, idénticos a los que presidirían la actividad topográfica, hasta el imparable desarrollo de la fotogrametría aérea, ya a mediados del pasado siglo XX.

Ciertamente los planos de las ciudades, en el siglo XVIII, dejan entrever el posterior desarrollo de la cartografía urbana y reflejan la nueva morfología de las mismas. Es por tanto comprensible que con tales recursos los gobiernos europeos impusieran paulatinamente sus criterios sobre el diseño, estructura y planificación de ciudades clave. Si bien son múltiples los casos dignos de mención, únicamente trataremos con cierto detalle los considerados paradigmáticos. Berlín por ejemplo, la mayor capital a comienzos de siglo, se remodeló con fines militares atendiendo a los deseos del rey Federico Guillermo I. Así se crearon sus nuevas plazas y grandes avenidas para posibilitar las paradas militares de su, luego poderoso, ejército prusiano. Es significativo que el retrato del rey sargento figurase dentro de la magnífica cartela que preside el plano de Berlín (1720), uno de los numerosos (alrededor de 100) que haría M. Seutter (1678 - 1757), de otras ciudades europeas. La ciudad de San Petersburgo, otra de las emblemáticas que deben reseñarse, fue creada por el zar Pedro el Grande con una clara intención militar, frente a Suecia. Sin embargo su dimensión política no fue menos importante, por su manifiesto deseo de alejar al imperio ruso de sus raíces orientales y proyectarlo, a través del Báltico, hacia la influencia más enriquecedora de la Europa occidental. En el año 1753 se encargó, a la Academia de Ciencias Imperial un plano de la ciudad para celebrar el cincuenta aniversario de su creación; enviando copias del mismo a las mayores capitales europeas para dar fe "de los nuevos esplendores de la ciudad".

Como es natural, la cartografía urbana de esta época no se limitó a la metrópoli, ya que los nuevos planteamientos urbanos se trasplantaron a las colonias. En efecto, los modernos criterios de planificación, y concretamente las plazas de Berlín y Londres, llegaron pronto a las ciudades de EE.UU. La vista de la ciudad de Savannah, en el estado de Georgia, debida a P. Gordon (1734) es fiel reflejo de esa política. Análoga influencia se produjo sobre la ampliación de las antiguas ciudades coloniales (27), quizás sea Manila el caso más sobresaliente; con un mapa, incorporando una vista de la misma, preparado por su gobernador F. Valdés, para Felipe V, alrededor de 1739. De ese mismo año es otra perspectiva también de carácter oficial pero de París, el plano en cuestión fue levantado y dibujado por L. Bretez gracias al encargo de M.E. Turgot, principal administrador de la ciudad. El detalle de tan magnífico plano se explica por el hecho de que el topógrafo pudiera entrar a cada uno de los edificios para poder dibujar los correspondientes croquis. La iconografía de las veinte hojas, que recuerdan a las imágenes fotográficas que se obtenían doscientos años después, del plano de Turgot (nombre con el que es conocido) fueron un instrumento propagandístico de primera magnitud; se enviaron a los personajes influyentes de la corte y a cada uno de los embajadores franceses.

PLANO DE GRANADA (1810 - 1811) realizado por los Ingenieros Franceses
PLANO DE TOLEDO (1809) orientado al Sur

Estimulados por las continuas demandas, los topógrafos producían una cartografía urbana cada vez más precisa y funcional, de manera que a mediados del siglo los mapas a "vista de pájaro" y otros de tipo perspectivo casi habían dejado de hacerse, con la excepción de alguna que otra ciudad de carácter pintoresco. El cartógrafo de mayor renombre de todo el siglo XVIII fue el hugonote francés, afincado en Londres, J. Rocque, el cual, entre 1734 y 1762, publicó alrededor de un centenar de planos. Todos ellos se levantaron con métodos trigonométricos, situando las estaciones en puntos culminantes de las ciudades e incluyendo las consabidas mediciones angulares y lineales. Su influencia metodológica en publicaciones sucesivas es notoria, debiendo subrayar la recopilación efectuada por J. Andrews en su Collection of Plans of the Capital Cities of Europe, que contiene 42 planos de las principales capitales del mundo, apreciándose en todos ellos las fuentes de información británicas y francesas.

EL SIGLO XIX EN ESPAÑA

Prácticamente coincide la difusión de los planos anteriores con la invasión de las tropas napoleónicas y con el consiguiente trabajo de los Ingenieros Geógrafos franceses, encuadrados en la Sección Topográfica de su Estado Mayor. Aunque sea sobradamente conocido el interés de Napoleón por este tipo de actividades, no viene mal insistir en ello al recordar que, por iniciativa de su hermano José, se creó en Madrid (30.XI.1809) un Depósito General de Cartas Geográficas, de Planos y de Diseños Topográficos. A su amparo se realizaron las campañas cartográficas francesas, formándose al final una magnífica cartoteca conservada, mayoritariamente, en los archivos franceses (28), que refleja la minuciosidad de sus ingenieros al hacer numerosos planos de población. Solo citaremos el Plano Topográfico de la villa de Madrid y de sus alrededores, datado en Diciembre de 1808 y marcando la posición del ejército invasor durante el bombardeo, así como otro Plano de la ciudad y puerto de Málaga, una bella muestra, que incluye batimetría, realizada entre 1810 y 1811. De la misma fecha son los planos franceses de Granada y alrededores, aunque en este caso solo esté representado el callejero cuadriculado del ensanche: San Antón, Recogidas, Gracia, San Lázaro y Cercado bajo de Cartuja, en uno de ellos; mientras que en otro figura representado el perímetro de la ciudad en relación con los pueblos limítrofes del Norte. Ambos planos, probablemente levantados a instancias de Sebastiani, se completan al menos con otros dos centrados en la Alhambra, también en manos francesas. Todos ellos figuran recogidos por A. Bonet (véase nota 28), aunque sería extraño que no se conservaran otros en Francia, probablemente empleados por el general para sus proyectos urbanísticos.


El propósito del Depósito General renació cincuenta años después con la llamada Ley de Medición del Territorio (Junio 1859), en la que las triangulaciones geodésicas quedaron expresamente encomendadas a los oficiales de Ingenieros, Artillería y Estado Mayor, ya que el Cuerpo de Ingenieros Geógrafos no se crearía, como tal, hasta el año 1900. Se inició así un proceso legislativo peculiar que sin embargo no alteró el buen ritmo de los trabajos ya iniciados y que culmina con la creación en el año 1870 del Instituto Geográfico, un acontecimiento de gran relevancia para el posterior quehacer cartográfico. Su primer director fue Carlos Ibáñez de Ibero (1825 - 1891), militar de reconocido prestigio en la comunidad científica internacional. Es poco conocido su título de Marqués de Mulhacén, en recuerdo del enlace geodésico que se realizó, bajo su lejana dirección, entre la red española y la del norte de Argelia, durante el verano de 1879. Asimismo es justo destacar que fue uno de los principales defensores para que se implantase mundialmente el Sistema Métrico Decimal (SMD), en su condición de Presidente de la Conferencia del Metro y del Comité Internacional de Pesas y Medidas. Al general español se le atribuye la introducción del S.M.D. en la producción cartográfica, y especialmente en el Mapa Topográfico Nacional (M.T.N.), cuando dispuso el empleo de las escalas 1:25000 y 1:50000: la primera para los levantamientos de campo y dibujo de la minuta, mientras que se reservaba la segunda para la edición. Gracias a su decidido apoyo, el desarrollo de los trabajos geodésicos y el de los cartográficos relacionados con el M.T.N. discurrió en paralelo y con prontitud (para los medios con que se contaba).

EL PASEO DE LOS TRISTES Y LA ALHAMBRA (Instituto Geográfico y Estadístico. 1909)

Francisco Coello (1822 - 1898) es la otra figura señera de las ciencias geográficas en la España del siglo XIX, creándose por su iniciativa la Real Sociedad Geográfica en el año 1876. El ingeniero jienense presidió la Comisión de Estadística, desde su creación en 1856, y gracias a su constancia se obtuvieron los mapas catastrales por masas de cultivo de gran parte de España, aunque para ello hubiera de vencer numerosas dificultades (29). Defensor del rigor topográfico creó una Escuela especial en la que se impartieron las necesarias enseñanzas. Coello participó, como es notorio, en la ilustración gráfica del Diccionario de Madoz con la realización de numerosos planos de población, acompañados de textos descriptivos. Otra de sus labores conocida es la serie de mapas provinciales (1:200000), también complemento del citado diccionario, para los que se valió, en ocasiones, de los trabajos cartográficos previos de los ingenieros geógrafos franceses, que había recopilado (y copiado) durante su estancia en París. Coello poseía al final de sus días una gran cartoteca, la cual pasó después a engrosar los fondos del actual Centro Geográfico del Ejército. La labor de los ingenieros militares y de los oficiales de Estado Mayor no se limitó a las tareas geodésicas que les había asignado la Ley de Medición del Territorio, sino que contribuyeron decisivamente al desarrollo y a la oficialización de la cartografía urbana de nuestro país, la mayoría de cuyos planos se conservan en el mencionado Centro.

La cronología cartográfica, que tan sucintamente se ha descrito, culmina con la producción del Instituto Geográfico, plasmada en los mapas topográficos de todo el territorio nacional. Al amparo de tan importante proyecto geográfico se oficializó la imagen urbana de todos los núcleos de población incluidos en el campo de cada una de las hojas del mapa. El carácter emblemático de alguna de las ciudades hizo que se editasen sus planos a escala grande, para así poder rotular sus calles y edificios más singulares, ese fue el caso de Granada y Toledo. El rigor geométrico de las minutas de tales planos de población, realizadas por los Topógrafos del Instituto, el primor con el que fueron dibujadas sus hojas, el equilibrio estético de los colores empleados y el hecho de incluir por primera vez las curvas de nivel, son características suficientes para considerar los planos de ese Centro como las mejores representaciones, hasta entonces aparecidas en nuestro país, y desde luego digno colofón del trabajo aquí presentado.

Bibliografía
CUESTA DOMINGO, M.: La Obra Cosmográfica y Náutica de Pedro de
Medina. Madrid. 1998.
ELLIOT, J: The City in Maps. London. 1988.
FONDOS CARTOGRAFICOS DEL INSTITUTO GEOGRAFICO

NACIONAL. Madrid. 2000.
GOSS, J.: Ciudades de Europa y España. Madrid. 1992
HARLEY, J.B. y D. WOODWARD: The History of Cartography (Vol.1, vol.2: book 1). Chicago. 1987 y 1992.
HUMPHREYS, A.L.: Antique Maps and Charts. Praha. 1992.
KUPCIK, I.: Cartes Geographiques Anciennes. París. 1981.
LASSALLE, T.: Cartographie, 4000 ans d'aventures et de passion. París. 1990.
MANASEK. F.J.: Collecting Old Maps. Vermont. 1998.
MARTIN LOPEZ, J.: Historia de la Cartografía y de la Topografía.
Madrid. 1995.
RUIZ MORALES, M.: Forma y Dimensiones de la Tierra, síntesis y
evolución histórica. Barcelona. 2000.
Los Cosmógrafos Flamencos y Carlos V. Mapping. Julio 2000 (pp.20-36)
Comentarios sobre Cartografía Histórica. Rvta. Topografía y Cartografía n?45 (pp. 9-20). Madrid. 1991.
TROWER, N.: Maps & Civilization. Chicago. 1996.

NOTAS
1) C. Delano Smiths (Cartography in the Prehistoric Period in the Old World: Europe, the Middle East and North Africa. 1987) recoge un extenso y detallado listado de cuevas en las que aparecen dibujos de ese tipo. Entre ellas figuran las de la Pileta (Benahoján. Málaga), Buitres (Peñalsordo. Badajoz) y Nuestra Señora del Castillo (Almadén. Ciudad Real). En cambio no cita las del Norte de España y fundamentalmente las de Altamira y Castillo, en Cantabria, con unos grabados interesantes y de la misma índole.

2) La Asociación Cartográfica Internacional (ACI) define la Cartografía como el conjunto de estudios y operaciones científicas, artísticas y técnicas que intervienen, a partir de los resultados obtenidos por las observaciones, medidas directas o análisis de diversas documentaciones, en la elaboración de mapas, planos u otros medios de expresión, así como en su explotación posterior. Tal definición se presentó en la conferencia técnica de 1966 celebrada en Amsterdam, ratificada después por la Comisión de Terminología de la ACI, y seguidamente fue adoptada por la UNESCO. La ley 7/1986 de ordenación de la cartografía (BOE n?25) regula en España la producción cartográfica de carácter oficial.

3) Realmente el Papiro de Turín o Mapa de las minas de oro (localizadas en Nubia)fechado en torno al 1150 a.C. es el único con evidente interés de los confeccionados en el antiguo Egipto. El papiro consta de dos secciones, la más importante de las cuales tiene una altura de 40 cm, figurando dibujadas en la misma dos carreteras paralelas, conectadas por otra transversal, que discurren por regiones montañosas de tono rosáceo. El significado del color se comprende por un texto que aclara como las regiones coloreadas son aquellas en donde se extrae el oro.

4) Es conocida la importancia de los bematistas para los avances de sus falanges macedonias. La consagración de los planos y mapas como elemento esencial de guerra, y de gestión en la administración, se produciría en el Renacimiento gracias al decidido apoyo del emperador Carlos V. La práctica de los bematistas sería continuada brillantemente por los Ingenieros Geógrafos de las Tropas napoleónicas. Más adelante se comentarán precisamente algunos de sus mapas granadinos, otros sirvieron como soporte informativo a la ingente labor cartográfica de la dinastía de los López y del jienense Coello.

5) La grandiosidad de la biblioteca se evidencia al pensar que en el momento de mayor esplendor llegó a tener unos 700000 volúmenes. Comenzó a languidecer a comienzos de nuestra era, siendo saqueada primeramente por Julio César en el año 48. Después fue incomprendida por la jerarquía eclesiástica, hasta el punto de que la primera mujer astrónoma, Hipatia, fue asesinada por una multitud de energúmenos en el año 480, aparentemente alentados por el obispo local. Seguidamente, museo y biblioteca fueron saqueados por los integristas cristianos. La institución inició su definitivo declive desde que los árabes conquistaron la ciudad.

6) Eratóstenes era apodado el beta entre la Comunidad científica de Alejandría, debiendo entenderlo no como si se tratase de un segundón sino que era el segundo tras el mejor especialista en cualquier materia, otros lo creían un segundo Platón.

7) La operación geodésica de Eratóstenes, combinación de mediciones astronómicas y topográficas, no fue un hecho aislado en la antigua Grecia. A la previa y segura de Dicearco de Mesina (350-290 a.C.), que asignó a la circunferencia máxima un valor de 300000 estadios, ha de añadírsele la, probable y posterior, de Posidonio (130-50 a.C. ), el cual asignó a la misma circunferencia un total de 180000 estadios. Esa desafortunada reducción alteró sustancialmente las dimensiones del ecumene, llegando a condicionar la propia historia de la geografía, entendida en su primer significado de representación de la Tierra. Pero su transcendencia no queda ahí ya que, al recogerla Tolomeo y perdurar el error hasta el Renacimiento, llegó en cierta medida a propiciar el descubrimiento de América con todas sus consecuencias.

8) Es sumamente novedosa y relevante la reciente (1999) aportación de los profesores G. Gallazzi y B. Kramer, publicada en la revista de la Universidad de Leipzig Archir Für Papyrusforshung. En su opinión, aparece un mapa peninsular en un viejo papiro egipcio que recoge la copias de los trabajos geográficos realizados por Artemidoro de Efeso (siglo II a.C.), trabajos que refiere indirectamente Plinio el viejo en su Historia natural (libro II, Cap. CVIII). Las dimensiones del mapa (30x100cm) permiten considerarlo como antecedente directo de la representación de la península ibérica que figura en la clásica Tabla de Peutinger.

9) Es harto elocuente la descripción que, sobre el particular, hace Lactínio: " Los censores llegaron a todos los lugares y causaban disturbios; median parte por parte de cada parcela, contaban cada copa y cada árbol frutal, registraban cada animal de cada especie, anotaban el número de personas, juntaban la población urbana y rural en las ciudades autónomas, todos los mercados se congestionaban por las familias que llegaban como manadas. Cada quien aparecía con todos sus hijos y esclavos. En todas partes se oían los gritos de aquellos que eran interrogados con torturas y palos. Se aprovechaba la rivalidad entre padres e hijos y se presionaba a los esclavos más fieles para conseguir declaraciones en contra de sus amos, declaraciones de las mujeres en contra de
sus esposos".

10) Los planos catastrales se levantaron en todo el imperio romano archivándose, una copia en la colonia y otra en Roma. Existen fragmentos muy bien conservados en Orange (Francia), la antigua colonia de Arausio, en alguno de los cuales se explica el propósito del edicto de Vespasiano, en otros se distinguen en cambio los célebres kardo maximus (N-S) y decumanus maximus (E-W); llegando a figurar los nombres de los propietarios (entre los que se encontraba alguna que otra mujer). La influencia de la centuration romana perdura en la parcelación aparente de zonas repartidas por todo el antiguo imperio, observándose en algunos planos catastrales actuales o bien en las fotografías aéreas correspondientes. Recuérdese que la centuria era una unidad de superficie de unas 50.4 Has. (2400x2400 pies romanos). Cada centuria tenía 100 heredia. El heredium tenía dos ingera y cada ingerum dos actus cuadrados (alrededor de 0.252 Has).

11) Quizás sea el mapa de Agrippa el origen de otros igualmente singulares del imperio romano con la expresa inclusión de toda su red de calzadas. El ejemplo más característico es el mapa o tabla de Peutinger, un mapamundi (con una muy deformada península ibérica) de 21 pies de ancho (el pie romano tenía aproximadamente 29.57cm) y una altura de poco más de uno, el cual incluye todas las vías terrestres de importancia además de las ciudades y distancias relativas del trayecto. Su contenido permite datarlo en el siglo II y naturalmente es directo antecedente de los modernos mapas de carreteras.

12) En honor a la verdad hay que señalar matizaciones tan transcendentes como la que hacía San Agustín en su Epístola séptima ad Marcellinum: "No entiende nada el que afirma que la autoridad de la Sagrada Escritura se opone a una razón evidente y segura, y no es el sentido de la Sagrada Escritura que no es capaz de comprender, sino más bien el suyo propio el que se opone a la verdad y lo que expone no es lo que aquella dice, sino lo que piensa él mismo que aquella dice".

13) El mapa tiene la forma de un disco (corona circular), centrado en Jerusalén, ocupando Asia la mitad superior y Europa y Africa los dos cuadrantes inferiores. La franja que separa Asia de los otros dos continentes está formada por el río Don, el mar de Azov, el mar Negro, el mar de Mármara, el Egeo y el Nilo. El Mediterráneo es finalmente el radio que separa Europa de Africa y forma un ángulo recto con la franja diametral anterior.

14) En su Tahdid explica pormenorizadamente el método seguido: medida de la depresión del horizonte sensible desde una montaña con una altitud previamente calculada. De la importancia de sus determinaciones puede dar idea la circunstancia de que no se mejorasen hasta bien entrado el siglo XVII, gracias a los trabajos del abad francés Picard (1620-1682).

15) Es innegable que la existencia de los antiguos periplus, como guía para la navegación, acompañada de descripciones literales, está bien documentada desde el 450 a.C., siendo muy probable que a sus sucesivas transformaciones se les añadiesen ciertos croquis que acabarían por desembocar en los portulanos medievales, los cuales iban generalmente acompañados por las direcciones que conducían de un lugar a otro de la costa. Figuraban por otra parte las interconexiones insulares, siendo ese el origen de los posteriores isolarios (libros de islas). En ellos se incluían no solo los planos de las islas y de los puertos, sino también otros de ciudades o regionales, e inclusive mapamundi en ocasiones. El más remoto es el debido a C.Buondelmonte (1422).

16) No obstante hay que hacer notar, todavía a mitad del siglo XV, alguna que otra excepción como las representaciones semimísticas de Opicinus de Canistris, un monje que creyéndose el antiCristo dibujaba portulanos de acuerdo con su estado anímico. Hay algunos en los que la península ibérica aparece con toda la barba y otros en los que figura como una bella dama, dos buenos ejemplos que pueden encuadrarse en la llamada cartografía humorística.

17) L.Guicciardini (1521-1589) grabó en cobre numerosas vistas de ciudades de los Países Bajos, aparecidas en su libro Descrittione di tutti i Paesi Bassi, de su popularidad da idea el hecho de que se reeditara varias veces entre 1567 y 1660. En el año 1612 lo editó, traducido al holandés el gran Blaeu, fundador de la dinastía.

18) El mapa fue grabado en madera y coloreado a mano con amarillo, azul, rojo y verde. Incluye los topónimos de las provincias escritos sobre cartelas, además de toscos esquemas de los principales ríos y cadenas montañosas (M. Cuesta. La obra cosmográfica y náutica de Pedro de Medina. Madrid 1998).

19) El propio Braun escribió a Ortelius (31.X.1571) declarando sus intenciones: "Por varias razones, algunos eruditos de aquí, de Colonia, piensan que el libro de las ciudades del maestro Frans (se refiere a Hogenberg) encontraría una mayor aceptación entre los compradores si se ofrecieran los nombres correctos de los lugares, iglesias, puertas, etc., en el idioma nativo; para satisfacer tanto a los letrados como a los iletrados: a los primeros, porque encontrarían las descripciones en latín en el reverso, a los segundos, porque contemplarían la representación de su propia ciudad con nombres que le resultarían familiares. Creo que es evidente la utilidad de este arreglo al vender por separado las láminas de las ciudades; en cambio, la gente no las apreciaría tanto si no pudiera entender nada de lo que lee".

20) Otro de los grabadores que colaboró en el proyecto de Braun fue el holandés S.v.d.Newvel, autor del segundo y tercer volumen de la serie. Asimismo participó el danés H.v. Rantzau. En las vistas españolas actuó sobremanera el gran miniaturista y cartógrafo J. Hoefnagel (1542-1600).

21) El artículo tercero (uno) de la Ley de Ordenación de la Cartografía dice: Es cartografía básica, cualquiera que sea la escala de su levantamiento, aquella que se realiza de acuerdo con una norma cartográfica establecida por la Administración del Estado, y se obtiene por procesos directos de observación y medición de la superficie terrestre.

22) El vocablo atlas fue introducido primeramente por G. Mercator (1512-1594), en referencia al gigante mitológico que presidió su colección de mapas Atlas sive Cosmographie meditationes..., geographia nova totius Mundi, publicada por su hijo Rumold en el año 1595. Mercator fue el típico científico renacentista y por tanto multidisciplinar, sus contemporáneos le llamaron, con razón, el Tolomeo de los tiempos modernos. Es mundialmente conocido por su desarrollo cilíndrico, directo y conforme, una mapa en el que las loxodrómicas (líneas de igual acimut) son líneas rectas, de ahí su utilidad para la navegación. El mapa, aparecido en 1569 llevaba el siguiente encabezamiento: Nova et aucta orbis Terrae descriptio ad usam navigantium emendate accomodata.

23) La situación llegó al extremo de que el modelo de caballero culto era aquel que estaba en posesión de mapas, atlas y obras afines. Incluso se afirmaba que "su contemplación podía librar de la melancolía".

24) En el mapa de España que editó en 1605 figuran las imágenes de Sevilla, Toledo, Valladolid y Lisboa, aunque procediesen estas del Civitates Orbis Terrarum.

25) Si se desea mayor información sobre el particular puede consultarse Forma y Dimensiones de la Tierra, síntesis y evolución histórica (M. Ruiz Morales, M. Ruiz Bustos. Ed. del Serbal. Barcelona. 2000).

26) Aunque el cartógrafo Lambert sea fundamentalmente conocido por su desarrollo cónico y conforme, todavía empleado en algunas series nacionales, se deben a él otros muchos sistemas cartográficos. A veces se olvida su propuesta de generalizar la proyección de Mercator, empleando un cilindro transverso y tangente a lo largo del meridiano terrestre para obtener una mejor representación cartográfica de países como Chile o Portugal, cuya dimensión principal discurre de Norte a Sur. La propuesta desarrollada posteriormente por Gauss se complicó un poco más, al considerar un cilindro elíptico (tangente al meridiano elipsoidal); surgió así un nuevo sistema cartográfico que, al poder aplicarse en todas las regiones de la Tierra, recibió el nombre de Proyección de Gauss, si bien su denominación más corriente es Proyección Universal y Transversa de Mercator o U.T.M., si se emplean sus siglas inglesas.

27) En el año 1992, aprovechando la celebración del quinto centenario del "inicio de la mayor empresa urbanística de fundación de ciudades que vieron los siglos", el Instituto Nacional de Administración Pública y el Instituto Geográfico Nacional publicaron una interesante colección titulada Ciudades de América. En la selección se incluyeron veinticuatro planos de otras tantas ciudades desde Argentina a Méjico y desde Puerto Rico a Ecuador. La imagen de todas ellas corresponde al siglo XVIII (excepción hecha de Trujillo (1687) y de San Juan de la Frontera (1562), apreciándose su trazado en "cuadrícula" tan característico de las ciudades fundadas por españoles, como bien señala Aguilera-Rojas, arquitecto coordinador de la edición.

28) A. Bonet Correa hizo recientemente una excelente recopilación (Cartografía militar de Plazas Fuertes y Ciudades Españolas. Siglos XVII-XIX. Madrid. 1991) de fondos existentes en el Castillo de Vincennes (París). En ella figuran no solo los planos levantados por los ingenieros geógrafos e ingenieros militares franceses entre (1808 y 1814) sino también algunos de los que expoliaron de nuestras mermadas cartotecas. El trabajo, aunque muy completo, es complementable con el estudio de otros archivos en el país vecino.

29) Al final tuvo que suspender los trabajos catastrales por la firme oposición de los terratenientes, que contaban con el apoyo soterrado y la irresponsabilidad de ínclito Narvaez. Ese hecho, y su protesta por la dictadura militar ejercida por el general granadino, le hicieron dimitir del cargo de Director General del Cuerpo de Ingenieros Militares y dejar el ejército para centrarse exclusivamente a su obra cartográfica.

 
   
   
   
   
REGÍSTRESE
Anónimo
Usuarios activos en la página: 257
Usuario
Password
¿Desea registrarse?
¿Ha perdido su contraseña?
   
   
   
Página web creada por R&A Marketing www.ra-marketing.com