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AGOSTO - SEPTIEMBRE ISSN: 1.131-9.100
lunes, 06 de septiembre de 2010
 
ARTÍCULOS
 
 
 
   

La deforestación de los bosques tropicales: una revisión

 
Septiembre 2009
Díaz-Gallegos José Reyes*, Mas-Caussel Jean Francois*
* Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México. Unidad Académica Morelia, Antigua Carretera a Pátzcuaro No. 8701 Col. Ex-Hacienda de San José de La Huerta C.P. 58190, Morelia Michoacán, México.
 

Resumen

Este escrito presenta una revisión exhaustiva de literatura, sobre la deforestación tropical. Los bosques tropicales son ecosistemas megadiversos, que proporcionan bienes y servicios ecosistémicos vitales para la humanidad. Sin embargo, están siendo deforestados, quemados y perturbados en forma alarmante a nivel global. México es el segundo país latinoamericano con mayor deforestación después de Brasil. El sureste mexicano, el peten en Guatemala y Belice presentan tasas elevadas de deforestación que amenaza la biodiversidad mesoamericana. Mundialmente, las emisiones de CO2 por la deforestación es de 20 %. México contribuye con 363 millones de toneladas (2 %) de carbono a la atmósfera cada año, del cual el sector energético y el transporte emiten el 70 %. Se reconocen dos grupos de factores, considerados como los agentes causales de la deforestación, estos son, las fuerzas proximales “proximate causes” y las fuerzas impulsoras subyacentes “Underlying driving forces”, las cuales varían y se conjugan de acuerdo al contexto geográfico e histórico de cada región. Entre los efectos de la deforestación están la extinción de especies y habitats, fragmentación, la degradación de suelos, la modificación de los ciclos biogeoquímicos e hidrológico y el calentamiento atmosférico global. La deforestación tropical asegura un permanente desequilibrio ecológico, el cual es un inhibidor que mantiene colapsada la sustentabilidad en las zonas tropicales. Aunque la deforestación contribuye poco al cambio climático global, éste último podría provocar severos cambios fisiológicos y ecológicos en los remanentes de bosques tropicales, lo que agudizaría la crisis ambiental en los trópicos, que su vez afectaría aun más la calidad de vida de la humanidad.

 

Abstrac

This paper presents a thorough revision of the literature regarding tropical deforestation. Tropical forests are megadiverse ecosystems that offer ecosystemic goods and services to the human being. Nonetheless, tropical forests are being deforested, burnt and disturbed at an alarming rate worldwide. Mexico is the country with the second highest deforestation rate in Latin America after Brasil. Southeast Mexico, Peten region in Guatemala and Belize present deforestation rates that endanger Mesoamerican biodiversity. 20% of the emissions of CO2 in the world are caused by deforestation. Mexico participates with 363 million tons (2%) per year of the carbon dioxide emission to the atmosphere, 70% caused by energy and transportation industries.
The causes of deforestation are divided in two categories: proximate causes and underlying driving forces both of which vary and interact depending on the geographical and historical context of each region. Some of the effects of deforestation are the extinction of species, the fragmentation and loss of habitats, soil degradation, modification of biochemical and hydrological cycles and global warming. The tropical deforestation caused a permanent ecological disequilibrium, which is an inhibitor that keeps the sustainability tropical zones collapsed.
Although deforestation itself is not a major contribution to climatic change, the latter could cause physiological and ecological changes in tropical forest remnants, that would affect the currently critic environmental situation in the tropics, which would likewise affect the live quality of the human kind.
 

Introducción

En el mundo se están registrando cambios ambientales de gran magnitud (Ojima et al., 1994; Houghton, 1994), con una recurrencia cada día más alarmante (Ezcurra, 2002). Estas alteraciones ambientales se encuentran interrelacionadas al nivel regional y global, lo que afecta muchos procesos ecológicos y biológicos (Gómez-Pompa  et al., 1972; Nobre et al., 1991; Turner et al., 1993), repercutiendo en el funcionamiento sistémico de la tierra (Lambin et al., 2001; Geist y Lambin, 2002).
En las ultimas tres décadas, la deforestación se ha erigido como el principal problema ambiental en el mundo, afectando principalmente los bosques tropicales. Este trabajo tiene como objetivo llevar a cabo una amplia documentación bibliográfica y su respectivo análisis sobre esta problemática. El escrito aborda los tópicos más importantes alrededor de la deforestación tropical, tales como la importancia de los bosques tropicales para la humanidad, una perspectiva de la deforestación global, también se documentan ampliamente las repercusiones ambientales de la deforestación y su relación con el cambio climático global, así como los factores que lo desencadenan. Finalmente, se da a conocer la situación de la deforestación en México y  la del sureste mexicano.

Los bosques tropicales

Los bosques tropicales son los ecosistemas terrestres con la mayor diversidad biológica y complejidad ecológica (Richards, 1957; Whitmore, 1984; Terborgh, 1992; Martínez-Ramos, 1995). Ocupan alrededor de 12 millones de km2, alberga el 70 % de las especies de plantas vasculares, 40 % de la avifauna, 70 % de los invertebrados y 65 % de las especies de insectos; lo que equivale al 60 % de la biodiversidad del planeta (Gentry, 1988; Myers, 1989; Mittermeier y Goettsch, 1992; Turner y Corlett, 1996).
La alta biodiversidad y complejidad de los bosques tropicales, es resultado del proceso evolutivo de millones de años en la historia de la tierra (Halffter y Escurra, 1992; May, 1988). La biodiversidad tropical engloba a la diversidad biológica y la variabilidad genética de todas las especies de plantas, animales, microorganismos, habitats, procesos ecológicos y a las interacciones biológicas que ocurren en este ecosistema (Mittermeir y Goettsh, 1992). Estas condiciones hacen que se considere un ecosistema frágil y no renovable (Terborgh, 1992).
Se encuentran distribuidos en las zonas tropicales e intertropicales, es decir en Centro y Sudamérica, África y Asia (Figura 1). En Sudamérica cubren las Guyanas y toda la cuenca del Amazonas hasta la vertiente oriental de los andes, y desde América Central hasta el sureste de México (Park, 1992). En África los bosques tropicales quedan limitados en la costa de Guinea, la cuenca del Congo y la parte oriental de Madagascar, mientras que en Asia se localizan desde la región del Monzón hasta las vertientes meridionales del Himalaya, en Malasia, Indonesia, Las Filipinas y Nueva Guinea (Whitmore, 1984).
Las extensiones más importantes de bosques tropicales (60 %) con la mayor riqueza biológica y ecológica, están localizados en Centro y Sudamérica, principalmente en Colombia, Brasil, México, Perú, Costa Rica y Ecuador (Gentry, 1988; Reading et al., 1995).


Fig 1. Distribución de los principales tipos de bosques en el mundo (fuente: http://forests.wri.org/) 

Beneficios que se obtienen de los bosques

Las sociedades humanas reciben los bienes y servicios ambientales que proporcionan los bosques tropicales, los cuales son esenciales para el soporte de la vida en el planeta, además contribuyen en la economía mundial. En décadas pasadas, se pensó erradamente que los bosques tropicales eran un obstáculo para desarrollar actividades económicas lucrativas, ya que para emprender un “desarrollo verdadero” en las zonas tropicales, se debían tumbar y sustituir por sistemas más simples, como plantaciones monoespecíficas y pastizales (Batis, 1993).
Hoy día, se sabe que las especies que habitan en los bosques tropicales, son potencialmente útiles para la humanidad, por los distintos bienes y servicios ecosistémicos que proporcionan, o simplemente por la función ecológica y biológica que desempeñan (Farber et al., 2002). Los bienes y servicios ambientales que proporcionan se presentan con mucha complejidad a escala global y regional, lo que hace casi imposible remplazarlos por derivados de la tecnología y los casos en que se pudiera, los costos serían exorbitantes (Chase et al., 1999).
Entre los principales productos que proporcionan los bosques tropicales se encuentran las diversas maderas preciosas para la elaboración de muebles y la construcción de casas, resinas, colorantes, látex, fibras naturales, forrajes, leña; además de plantas empleadas en la medicina tradicional y otras consideradas ornamentales (Dobson et al., 1989; Chase et al., 1999). Paralelamente, muchas especies de los bosques tropicales son útiles en el control biológico de plagas y otras mas, son utilizadas para el mejoramiento genético de cultivos (Dobson et al., 1989). 
Aunado a lo anterior, de muchas especies que habitan en los bosques tropicales se obtienen y/o se han obtenido sustancias químicas, usadas como precursores para la elaboración de medicamentos (Barbier y Alward, 1996).
La comercialización de algunos de estos productos se convierte en el medio de subsistencia de muchas familias. Por ejemplo, la producción total de madera obtenida a nivel mundial de los bosques tropicales en 1994 fue del orden de 1,300 millones m3, lo que significó utilidades por más de 100 mil millones de dólares (FAO 1997). Por otro lado, los productos farmacéuticos también han generado ganancias millonarias; en los 1990`s se registraron utilidades anuales del orden de los 43 mil millones de dólares (Barbier y Alward, 1996).
Los servicios ecosistémicos que proporcionan los bosques tropicales son diversos. Por ejemplo, participan en la regulación del clima, ayudan a mitigar las sequías y las inundaciones, contribuyen en la conservación de los suelos y la recuperación de su fertilidad y evitan su erosión; son los principales captadores de agua en forma de lluvia; así mismo, en el suelo de estos ecosistemas se encuentran muchos microorganismos esenciales en los ciclos biogeoquímicos de la tierra (Hughes et al.,1999); además, allí viven muchas especies que contribuyen en la dispersión y polinización de semillas, tanto de plantas de la selva como de muchos cultivos (Toledo et al.,1995; Fearnside, 1996).
Estos beneficios ambientales son fundamentales para la vida en la tierra, sin embargo, son poco percibidos y aun menos considerados por la sociedad al momento de la valorización de estos ecosistemas (Fearnside, 1996; Farber et al., 2002).
Por otro lado, hay quienes estiman que los servicios ambientales y los productos no maderables proporcionados por los bosques tropicales, pueden llegar a tener mucho más valor que todos los productos maderables que se extraen de estos ecosistemas (Chase et al., 1999; Farber et al., 2002).
Los bosques tropicales también son considerados los principales centros de mantenimiento de la biodiversidad, de especiación y variabilidad genética del planeta (Gentry, 1988). Se estima que son los principales reservorios de carbono y centros más importantes de captura del bióxido de carbono (CO2) que se emite a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles.
También se sabe que los bosques tropicales constituyen el principal sustento de la mayoría de los pueblos indígenas que viven en las zonas tropicales, los cuales por muchos años se han abastecido de plantas comestibles y medicinales, de carne de animales silvestres, frutas, semillas, miel, entre muchos otros. La mayoría de estos pueblos rurales han establecido sus valores culturales y espirituales entorno a estos ecosistemas, de tal forma que su desaparición, estaría mermando este gran bagaje cultural, además de poner en riesgo la sobrevivencia de estos pueblos (Myers, 1989).

La deforestación global

La colonización del planeta, así como el uso de herramientas y del fuego, empezaron a transformar los ecosistemas naturales, por lo que éstos han sido sometidos a un proceso de alteración constante a lo largo de miles de años. De todos los ecosistemas existentes en la tierra, los bosques tropicales son los que mayor presión soportan por las actividades antropogénicas (FAO, 2002; FAO, 2007), lo que ha provocado su perturbación parcial o total por el proceso de deforestación.
La deforestación, es una pérdida permanente de cobertura forestal para otros usos de la tierra, tales como la agricultura, pastizales, nuevos asentamientos humanos, e infraestructura, entre otros (FAO, 1995; FAO, 2002).
Se calcula que hace unos ocho mil años la cobertura de los bosques era de 6 mil millones de ha, el doble que en la actualidad (Figura 2). No obstante, el deterioro de los bosques fue más severo durante el último siglo, ya que se estima que en este periodo desapareció mayor cantidad de superficie forestal, que durante toda la historia del hombre sobre la Tierra (Lambin y Ehrlich, 1997; Achard et al., 1998; Gardner-Outlaw y Engelman, 1999).
Hoy día, la deforestación tropical es uno de los problemas ambientales más importantes que enfrenta el mundo, ya que tiene serias consecuencias económicas y sociales de largo plazo, debido a que esta teniendo un efecto negativo en la dinámica ambiental de la tierra, por su repercusión en el calentamiento atmosférico global (Dixon et al., 1994; Houghton, 1994; Lambin et al., 2001).
 

 

Figura 2. Pérdida global de los bosques en la historia de la tierra, el color verde
indica los remanentes de bosques, en color pardo están las áreas de bosque que
han desaparecido por deforestación (Fuente: http://forests.wri.org).

En las últimas décadas, la destrucción de los bosques tropicales a nivel global es muy alarmante; por ejemplo, durante los 1980s, alrededor de 15.4 millones de ha de estos ecosistemas se perdieron en el mundo (FAO, 1992). En el periodo de 1990 a 2000 la pérdida total de bosques tropicales ascendió a 9.3 millones de ha; tan solo en Sudamérica se perdieron 3.7 millones de ha y en Centroamérica 958 mil ha (FAO, 2002). Los países latinoamericanos que más han disminuido sus bosques tropicales anualmente son Brasil con 2.3 millones de ha y México con 631 mil ha (Cuadro 1).
Los alcances de la deforestación global son preocupantes, ya que se estima ha desaparecido alrededor del 80 % de los bosques de África, 70 % de los de Asia, y en Latinoamérica están reducidos al 53 % de su cobertura original (Houghton, 1994; Achard et al., 1998; FAO, 2007); en tanto al nivel de Centroamérica, dos tercios de los bosques tropicales han sido destruidos (Myers, 1993). Los datos recientes indican que la mayor perturbación de bosques tropicales ha ocurrido en Centro y Sudamérica, centrándose en Brasil y México el 32 % del total estimado (FAO, 2007). Las evaluaciones recientes, indican que la pérdida neta de bosques en le mundo es de 7.3 millones de ha anuales, significando una reducción de 20 mil ha cada día (FAO, 2007).
 

Cuadro 1. Pérdida en la cobertura bosques en los principales países latinoamericanos
(Fuente: FAO 2002).

De esta manera, la deforestación ha ocasionado que los bosques tropicales, se hayan reducido alrededor del 60 % a nivel mundial (Skole y Tucker, 1993). Esto ha hecho que la proporción bosque/población humana haya disminuido de 1.2 ha por habitante en los 1960s a 0.6 ha en los 1990s, mientras la expectativa para 2025 es de 0.4 ha per cápita (Gardener-Outlaw y Engelman, 1999).
En distintas partes del planeta, los efectos de la deforestación están documentados (Ojima et al., 1994; Bloomgarden, 1995; Leemans y Zuidema, 1995), a pesar de este conocimiento, los bosques tropicales continúan siendo reducidos en forma alarmante e indiscriminada (Dixon et al., 1994).
Se estima que para mediados del presente siglo, las áreas de cultivo tendrán un incremento significativo, debido a que la población humana aumentará aproximadamente un 30 %. Esto implicará una gran demanda de alimentos, energía, agua, madera, papel, entre otros (Simons, 1998; FAO, 2002). Lo cual podría traer como consecuencia, la pérdida de aproximadamente 5 a 7 millones de ha de tierras de cultivos por causa de la degradación, y por consiguiente  habrá mayor presión para los bosques del mundo, principalmente en los trópicos.
Aunque se han realizado algunos esfuerzos para reducir la presión sobre los bosques tropicales, estos no han sido suficientes y no han logrado disminuir los procesos que agudizan la crisis ambiental que persiste en los trópicos (Fearnside, 1995; Frumbohoff et al., 1998). Por el contrario en muchos países del tercer mundo y poseedores de áreas importantes de bosques tropicales, la deforestación se está acentuando (Achard et al., 1998), debido a que implementan políticas gubernamentales recomendadas por agencias internacionales (Cairns et al., 1995; Clark 1995; Fearnside, 2001). En la mayoría de los casos no son políticas adecuadas para el buen manejo de los recursos forestales. 
En países como Inglaterra, Canadá, Francia, entre otros, se reportan recientes aumentos marginales de la cobertura boscosa (FAO, 2002). No obstante, estos nuevos bosques no  alcanzan ni el 20 % de la diversidad de especies que tenían los bosques originales. Esta situación también se registra con las plantaciones forestales que se establecen en los trópicos.
Aunado a los efectos drásticos de la deforestación, existe la degradación forestal, lo cual no implica un cambio en el sentido estricto en la utilización de la tierra, pero si es un problema en las zonas tropicales, especialmente cuando la extracción implica el uso de maquinaria. Se ha reportado que alrededor de 10 millones de ha de bosques tropicales en el mundo, son perturbadas cada año por la explotación selectiva de árboles maderables, la extracción de leña y productos no forestales, entre otros (Burgués, 1993; Pearce et al., 2003). En este caso, el uso podría considerarse como forestal; pero la composición y funciones biológicas y ecológicas quedan modificadas por varios años en forma importante, por este tipo de manejo.

Efectos más importantes de la deforestación tropical

Son varias y de magnitud distinta, las consecuencias biológicas, ecológicas, físicas, sociales y económicas que se derivan de la alteración y destrucción de la cobertura forestal (Hughes et al., 2000). La acelerada pérdida de la cubierta forestal en los trópicos, está diminuyendo el bagaje genético inherente a los ecosistemas autóctonos y reduciendo el potencial de uso de todos los materiales y servicios ambientales que proveen para el bienestar humano. Los bosques tropicales son ecosistemas muy susceptibles a la pérdida de su biodiversidad por que la mayoría de las especies que lo constituyen se encuentran en densidades muy bajas y mantienen complejas interrelaciones (Boyce y Mcnab, 1994).
Las consecuencias de la deforestación de los bosques tropicales, tiene efectos drásticos tanto al nivel global como en lo local (Houghton, 1994). Muchas veces estos efectos son difíciles de solucionar en la práctica, por que se necesitan periodos de tiempo largos para una mínima recuperación de estos ecosistemas. A continuación se enlistan y analizan los principales efectos de la deforestación

Fragmentación y pérdida de biodiversidad

La fragmentación, se refiere a la subdivisión de las áreas más extensas de los bosques tropicales, en superficies o parches más pequeños, los cuales se encuentran con distintos patrones de distribución en una matriz paisajística, conformada por diferentes coberturas del suelo (Harris, 1984; Forman y Godron, 1986; Zipperer, 1993; Ahern, 1999).
La fragmentación es un proceso que puede ocurrir en forma natural (Sauders et al., 1991), pero actualmente el incremento acentuado de la fragmentación y pérdida de hábitats en los bosques tropicales son resultado de la deforestación (Bierregaard et al., 1992).
Aun existe discusión para la denominación del tamaño de los fragmentos (Lord y Norton, 1990), puede ir desde 100 ha (Bierregaard y Dale, 1996), hasta las 500 ha (Bond et al., 1988). Lo cierto es que la fragmentación y pérdida de habitats en el trópico, provoca un incremento en el número de fragmentos y una disminución del tamaño de los parches, lo que incide directamente en su aislamiento y en el aumento del área de cada parche (Bierregaard et al., 1992; Andren, 1996).
El continuo proceso de aislamiento de los fragmentos de bosques, alteran los ciclos de nutrientes, la humedad del suelo y los flujos de luz solar en cada parche, lo que influye en la estructura y composición de los organismos que ahí habitan (Saunders et al., 1991; Bierregaard et al., 1992; Turner y Corlett, 1996). Esto repercute en la viabilidad de las poblaciones silvestres, en especial de las especies raras (Wiliams-Linera, 1990; Lugo et al., 1993).
Por otra parte, en los fragmentos de bosque más pequeños, se registran un incremento de la depredación, parasitismo y una invasión de nuevas especies oportunistas o generalistas, que aprovechan los recursos y nuevas condiciones, acelerando los riesgos y ritmos de desaparición local y regional de especies (Lugo et al., 1993; Murcia 1995; Sala et al., 2000), proceso que es aun mayor en los fragmentos más pequeños, ya que el tamaño de los fragmentos es determinante para el mantenimiento de la biodiversidad (MacArthur y Wilson, 1967).
La desaparición de especies en los bosques tropicales, contribuye al deterioro de las complejas interrelaciones biológicas y ecológicas que existen entre las especies, por lo que la extinción de una, puede acarrear la desaparición de otras especies (Bierregaard et al., 1992; Botkin y Keller, 1997). Algunos estudios indican que la extracción de la fauna de los bosques tropicales, principalmente por la cacería de subsistencia, tiene repercusiones serias en la dispersión y germinación de las semillas de las plantas que allí se establecen (Dirzo y García, 1991; Escamilla et al., 2000).
La fragmentación de los bosques tropicales no es un proceso continuo en el tiempo ni en el espacio, sino que el patrón y nivel de fragmentación, pueden estar en función de otros factores, entre ellos las actividades productivas, la tenencia de la tierra, el tipo de suelos, la geomorfología, la pendiente, entre otros (Lord y Norton, 1990; Ochoa, 2005). Estas mismas variables también están ligadas a la deforestación.
Se estima que alrededor del 80 % de la cobertura actual de bosques en el mundo, se encuentran con algún grado de fragmentación y el 70 % presenta serias alteraciones de su estructura y composición arbórea (Achard et al., 1998; FAO, 2007). Sin embargo, el 75 % de los bosques con poca perturbación se localizan en América Latina y el Caribe (FAO, 2007).
La consecuencia más severa a corto plazo de la deforestación, es la pérdida de la biodiversidad, significando la extinción de cientos de especies de plantas, animales, microorganismos y habitats. La extinción de especies es un proceso irreversible, que ocurre de forma natural a una tasa de una especie cada dos años, el cual es balanceado por nuevas especies sucesoras, mejor adaptadas a las condiciones ambientales existentes (Wilson, 1989). Pero en los últimos años la deforestación la ha incrementado abruptamente, principalmente en las zonas tropicales, al grado de que se considera se extinguen alrededor de 5 a 8 especies diariamente (Graiger, 1993).
Actualmente, se reporta que más de 20 mil especies se encuentran en los estatus de amenazadas y en peligro de extinción a nivel mundial, como producto de la degradación ambiental en el mundo (UICN,  2006). La mayoría de estas especies se encuentran en los trópicos, principalmente árboles (FAO, 2007).

Efectos sobre las cuencas y la hidrología

La permanencia de áreas extensas de bosques tropicales, incide en forma significativa en la regulación del clima regional y global (Shelton, 1985). En este sentido, la producción de agua de una cuenca, está relacionada con las áreas forestales que mantenga (Shelton, 1985; Bruijnzeel, 1990). Esto hace suponer que los bosques tropicales, son los más importantes “captadores de agua” a través de las lluvias. El término “captar agua” se usa en el sentido de favorecer la infiltración, lo que permite incrementar el gasto base (Shelton, 1985).
Es bien conocido que la desaparición de los bosques, conlleva a la modificación de los regímenes pluviométricos, alterando en forma severa los regímenes de captación de agua de las cuencas hidrológicas. Aunado a esto, las áreas deforestadas, al asociarse con fuertes lluvias y escurrimientos dan origen a derrumbes, deslaves y el arrastre de cientos de toneladas de sedimentos que asolvan cauces de ríos, lagos, lagunas y presas, lo que influye en desastres hidrometeorológicos como las inundaciones (Nordin y Meade, 1981; Shelton, 1985, Pérez y Ortiz 2002). Estas afectaciones son cada vez más frecuentes en la actualidad, lo que trae consecuencias graves en daños sociales y económicos.
Entre 1970 y 1999, en Latinoamérica y el Caribe se registraron más de mil desastres naturales, que equivalen al 19 % de los desastres ocurridos en el mundo. Estos desastres provocaron la muerte de más de 200 mil personas y 8 millones más se quedaron sin vivienda. El costo promedio anual de estos desastres en las últimas décadas ha variado de los 700 millones, hasta los 3 mil millones de dólares (FAO, 2002).
Actualmente se estima que muchas cuencas hidrográficas que en años anteriores abastecían de agua potable e irrigación a diversas comunidades y ciudades en el mundo, ahora están sujetas a severas fluctuaciones hídricas (Bruijnzeel, 1990).
En el  siglo pasado, la demanda mundial de agua se incrementó seis veces debido al elevado crecimiento de la población, por ello, este problema será mayor. La disponibilidad de este recurso puede estar afectado por inundaciones, sequías y por la amenaza del calentamiento atmosférico mundial, el cual afectará el ciclo hídrico (Houghton, 1994; FAO, 2002).
Por otro lado, se estima que para el año 2025 alrededor de 48 países serán deficitarios de agua potable, lo que afectara más de 2.8 mil millones de personas. Así mismo, alrededor de 4 mil millones de ha de tierras agrícolas, están amenazadas por la desertificación, afectando a alrededor de 250 millones de personas (FAO, 2002).
De tal forma que la conservación de los recursos forestales, presentes en las cuencas hidrológicas que suministran agua para consumo humano, riego, industria, etc. deben ser un componente importante de las estrategias de abastecimiento de agua de los diferentes gobiernos (Bruijnzeel, 1990).

Impacto de la deforestación en los suelos

La mayoría de los suelos forestales poseen menos fertilidad que los suelos no forestales y resultan fácilmente afectados por el proceso de lixiviación, el cual es causado por las fuertes lluvias comunes en las zonas tropicales (Siebert, 1987).
Se considera que la filtración de agua pluvial es mayor en los bosques tropicales con poca perturbación, lo que ayuda a reducir el escurrimiento y el arrastre de materia orgánica, ya que las raíces de los árboles ayudan a mejorar la estructura y porosidad del suelo, reduciendo su compactación y facilitando la infiltración (Bajpai et al., 1998). Además, actúan como barreras contra el viento, minimizando en gran medida los procesos de desecación y erosión eólica e hídrica, lo que impide el arrastre de la materia orgánica y los demás nutrientes del suelo, principalmente en zonas con pendientes pronunciadas (Kironchi y Mbuji, 1996).
En este sentido, la eliminación de la cobertura forestal, tiene un efecto directo y drástico sobre el sustrato edáfico, lo que ocasiona que se vean afectadas las características físicas y químicas de los suelos (Brown, 1996; Siebert, 1987; Bajpai et al., 1998).
También existen otro tipo de alteraciones importantes como la modificación a la estructura poblacional de los microorganismos que habitan en el suelo, los cuales, entre sus funciones ecológicas, ayudan a transformar la biomasa muerta en los diferentes nutrientes que posteriormente son absorbidos por las plantas, lo que incide de forma importante en los ciclos biogeoquímicos globales (Siebert, 1987; Leemas y Zuidema, 1995; Bajpai et al., 1998).
Asimismo, la deforestación asociada con la quema, a mediano plazo, tiene efectos drásticos en los suelos de los trópicos, debido a que los suelos de los bosques tropicales contienen un alto porcentaje de hierro y aluminio y al quedar expuestos a la acción del sol y el aire, aumenta su toxicidad debido al aluminio, haciéndolo marginal para la agricultura (Ville, 1993; PNUMA, 1993, Schubart  et al., 1984). La infertilidad de los suelos también reduce la capacidad de resiliencia de los bosques tropicales (Martínez-Ramos, 1995).
En México se estima que aproximadamente 5.4 millones de ha están afectadas con suelos degradados por erosión hídrica y eólica, principalmente en áreas donde antes se distribuían bosques. Mientras que a nivel mundial, alrededor de 10 mil millones de ha, han sido catalogados como suelos con un elevado grado de degradación, que a su vez, ha sido causado por el cultivo excesivo y el sobrepastoreo de estas tierras (PNUMA, 1993). Se estima que en los trópicos, la erosión y degradación de los suelos es muy alarmante (Grainger, 1994). Es importante destacar que los suelos degradados, no sólo están presentes en usos agrícolas y pecuarios, sino que la degradación edáfica también se manifiesta en menor grado, en áreas con cobertura forestal arbórea y arbustiva (PNUMA, 1993).

Deforestación y cambio climático

En la composición natural de la atmósfera terrestre, existen gases como el vapor de agua (H2O), el dióxido de carbono (CO2), monóxido de carbono (CO), metano (CH4), entre otros, los cuales son llamados gases de “efecto invernadero” y ocupan el 1% de la atmósfera, el resto lo conforma el O2 (21 %) y el N2 (78 %). Se les denomina gases de efecto invernadero, por que atrapan parte de la energía calorífica que llega a la tierra desde el sol y la energía que reflejan los objetos (ciudades, suelo desnudo, vegetación, etc.) en la tierra y  por que son capaces de transferirla como calor a los otros componentes de la atmósfera. Estos gases contribuyen a mantener el equilibrio climático necesario para que pueda existir vida en la troposfera, de lo contrario, los animales, plantas y microorganismos de la tierra morirían congelados.
Sin embargo, la atmósfera de nuestro planeta se está sobrecalentando por el incremento de los gases de efecto invernadero (Woodwell et al., 1983), y aunque hay mucha discusión en cuanto al ritmo de este calentamiento (Houghton, 1994), existe acuerdo general en el hecho de que está conduciendo a recientes incrementos en los registros de la temperatura del planeta, lo que implica un “cambio climático global” (FAO, 2007).
La mayoría de los expertos están de acuerdo en que las actividades humanas, están ejerciendo un impacto directo sobre el calentamiento global, ya que los gases emitidos, se vuelven un problema cuando las actividades humanas se multiplican y las concentraciones llegan a niveles que afectan, la salud de las personas con el incremento de las concentraciones de estos gases en la atmósfera (Houghton y Woodwell, 1989; Nordhaus, 1993; Houghton, 1994).
Los bosques tropicales, han sido la atención en los últimos años en función del papel que tienen en el ciclo global del carbono, debido a que están considerados los principales centros naturales de almacenamiento de carbono, y se estima que en estos ecosistemas se encuentran más de 400 mil millones de toneladas de carbono en forma de biomasa; además, se considera que en los suelos forestales puede existir el doble de lo que hay en cobertura arbórea (Houghton et al., 1983; Brown et al., 2000). Así mismo, estos ecosistemas están considerados los mayores fijadores del dióxido de carbono que se emite a la atmósfera por la combustión de los aceites y gasolinas derivados del petróleo, debido a que son los más usados como fuente de energía por los vehículos automotores y las industrias en el mundo. Se calcula que los bosques tropicales capturan entre 6 y 10 toneladas de carbono  por ha al año en bosques en regeneración (Baladares et al., 1993).
La deforestación y la quema de los bosques en el mundo, conllevan a la liberación del carbono almacenado, en forma de gas a la atmósfera. Actualmente se estima que los bosques tropicales pueden llegar a liberar entre 90 y 160 toneladas de carbono por ha al ser deforestados (IPCC, 1995, FAO, 2007). A nivel mundial, este proceso es responsable del 20 % (2 mil millones de toneladas) de las emisiones de CO2 a la atmósfera (Woodwell et al., 1983; WCFSD, 1997; IPCC, 2000). Aunque recientemente se estima en 30 % (FAO, 2007).
El 70 % de las emisiones de los gases que están provocando el cambio climático global, provienen de países industrializados con un alto consumo energético per capita, primordialmente Estados Unidos (25 %), China (13 %), Rusia (6.5 %), Japón (5 %), India (3.5 %) y los países de la Unión Europea (15 %) (IPCC, 1995; IPCC, 2000, FAO, 2007). Las emisiones de gases de estos países a la atmósfera, son del orden de 6.3 mil millones de toneladas, principalmente CO2 (IPCC, 2000; Masera, 2002).
Se estima que las concentraciones de carbono total en la atmósfera, son del orden de 800 mil millones de toneladas y se considera que aumenta en alrededor de 1.5 % anual (Houghton, 1994; Brown et al., 2000). Para el futuro cercano, muchos científicos estiman que la temperatura de la atmósfera será aún más caliente, ya que los modelos que predicen recientemente el cambio climático global, pronostican un aumento de 0.3º a 0.6º Celsius por década, en las temperaturas globales de este siglo (Houghton, 1994; Ciesla, 1995), otros estiman que este aumento podría estar entre 1.5º a 4.5º Celsius (Montan, 1994). Este incremento de temperatura, tendría como consecuencia una alteración severa en la distribución de los climas que existen en la tierra y provocara la aparición de nuevos climas; estos cambios climáticos afectaran severamente las regiones montañosas de las zonas tropicales y subtropicales (Williams et al., 2007).
Esta dinámica climática, tendrá repercusiones severas en la fisiología de los organismos y plantas, y alterará los procesos biológicos y ecológicos globales, lo que provocara extinciones masivas de especies y de algunas asociaciones vegetales completas, principalmente de bosques tropicales; al mismo tiempo, las reservas biológicas existentes, serán insuficientes para conservar las áreas de alta bioversidad del planeta (Houghton y Woodwell, 1989; Nobre et al., 1991; Williams et al., 2007).
Aunque existen algunas incertidumbres respecto a las emisiones reales de gases de efecto de invernadero en México; para el 2000, las emisiones se estimaron en alrededor de 363 millones de toneladas, principalmente CO2. Las cuales se desglosan como sigue: el sector transporte contribuyó con 116, el sector eléctrico con 111, el industrial 55, el petrolero 49, el residencial 20, el agropecuario 6.5 y el comercial con 4.5 millones de toneladas (Secretaría de Energía, 2001).  Es decir, el sector energético contribuye con el mayor porcentaje, mientras que la quema de los bosques tropicales vierten alrededor de 40 millones de toneladas más, el resto proviene de la industria del cemento (Gay y Martínez, 1995; Gobierno de México, 1997). Esto hace que México contribuya con el 2 % de las emisiones anuales de carbono en el planeta (Masera, 2002). Sin embargo, el escenario de emisiones para el 2010, se estima entre 450 y 650 millones de toneladas de CO2 principalmente (Quintanilla, 2004).
Actualmente, se considera que algunas medidas ya concertadas a nivel mundial para la mitigación de las emisiones de gases de efecto invernadero como la reducción de las tasas de deforestación, la restauración de áreas degradadas y el uso de sistemas forestales y agroforestales, no se han ejecutado con éxito, pero estas acciones, podrían permitir capturar a mediano plazo (50 años), alrededor de mil millones de toneladas de carbono anualmente (Thiele y Wiebelt, 1994; Brown, et al., 2000, Steffent et al., 1992).
Así mismo, los países que tienen las tasas mas altas de emisiones de gases de efecto invernadero, deberían de reducirla significativamente (Masera y Sheimbaun, 2000); además, deberían financiar mayoritariamente las medidas de mitigación antes mencionadas (Masera, 2002).
Aunado a esto, el resto de las naciones también deben reducir las emisiones de estos gases y promover la captura de carbono atmosférico, como parte de un esquema de manejo forestal sustentable, principalmente en los países del trópico.

Factores que impulsan la deforestación tropical

Los impactos de la deforestación tropical son diversos y en cierto nivel, existe bastante información que lo sustenta (Ojima et al., 1994; Lambin et al., 2001). Sin embargo, el cuestionamiento sobre cuales son los factores que conducen a la deforestación en los trópicos, permanece en gran medida sin una respuesta precisa debido a la complejidad de este proceso (Angelsen y Kaimowitz, 1999; Geist y Lambin, 2002).
Algunas de las aproximaciones respecto a los factores que causan la deforestación tropical, se han hecho con análisis estadísticos al nivel país (Harrison, 1991; Southgate et al., 1991; Rudel y Roper, 1996; Murali y Hedge, 1997; Angelsen y Kaimowitz, 1999; Bilsborrow y Peores, 1994). En muchos casos, los datos que se ha utilizado en estos análisis no son del todo confiables (Angelsen y Kaimowitz, 1999; Geist y Lambin, 2002).
En la literatura se encuentran dos tipos de explicaciones de la deforestación tropical, los que consideran que las causas provienen de un solo factor y los que sostienen que la deforestación es originada por factores múltiples (Lambin et al., 2001; Geist y Lambin, 2002). Los que proponen que la causa de la deforestación es un solo factor, sugieren variadas causas primarias como la rotación de cultivos (Elnagheeb y Bromley, 1994; Lambin et al., 2001) o el crecimiento de la población (Allen y Barnes, 1985; Harrison, 1991; Bilsborrow y Geores, 1994; Palo, 1994).
En forma simplista, hay quienes consideran que las causas de la deforestación son; 1) la explotación comercial de los bosques por empresas madereras, 2) el crecimiento de la población, 3) la agricultura itinerante, 4) el establecimiento de pastizales, 5) los incendios forestales (Grainger, 1994).
Lo anterior no es determinante, ya que la correlación entre deforestación y los factores causales, tiene muchas variaciones y no ha sido posible detectar un patrón determinado de agentes causales al nivel regional y menos aun global (Allen y Barnes, 1985; Andersen 1996; Angelsen y Kaimowitz, 1999; Chomitz y Gray, 1996; Lambin et al., 2001; Geist y Lambin, 2002).
En la actualidad se reconocen dos grandes grupos de factores, que están considerados como los agentes causales ligados directa e indirectamente con la deforestación en los trópicos, estos son, las fuerzas proximales “proximate causes” y las fuerzas impulsoras subyacentes “Underlying driving forces” (Angelsen y Kaimowitz, 1999; Lambin et al., 2001).
El primer grupo ubica a todas las actividades humanas y las acciones inmediatas que se expresan en el paisaje al nivel más local (terreno), como la expansión agrícola, que se origina de un uso del suelo predeterminado y tienen un impacto directo sobre la cobertura forestal. En tanto las fuerzas impulsoras subyacentes, son procesos sociales fundamentales, como la dinámica de población o las políticas agrícolas que dan origen a las causas proximales (Figura 3).
Investigaciones recientes sobre los factores causales de la deforestación tropical, realizados a partir de diversos estudios en distintos países, revelan que  tanto las causas proximales como las fuerzas impulsoras subyacentes de la deforestación, sugieren que no existe una relación universal entre causa y efecto (Lambin et al., 2001; Geist y Lambin, 2002).
 

Figura 3. Factores desencadenadores de la deforestación tropical. Las fuerzas impulsoras subyacentes o procesos fundamentalmente sociales, agrupados en cinco grandes subgrupos, apuntalan las causas proximales,
éstas últimas son las acciones humanas que impactan directamente los bosques
(Fuente: Geist & Lambin 2002).

Al contrario, consideran que la complejidad de la deforestación, esta determinada por diferentes dominaciones de causas proximales y subyacentes que varían de acuerdo al contexto geográfico e histórico de cada región.  Además, la sinergia que existe entre los factores causales, se contraponen a las explicaciones que culpan al crecimiento de la población o la rotación de cultivos como agentes unicausales de la deforestación en los trópicos (Angelsen y Kaimowitz, 1999; Lambin et al., 2001).
Las causas subyacentes consideran que las decisiones públicas e individuales, responden principalmente a las oportunidades cambiantes a escala nacional o global y a las políticas implementadas por instituciones gubernamentales; mientras que las causas proximales, predominan diversas formas de expansión agropecuaria, explotación de madera y la construcción de infraestructura, ente otros (Figura 3).
Las consideraciones anteriores, indican que es de vital importancia comprender en forma integral la complejidad de las diversas combinaciones de causas proximales y subyacentes, que afectan la pérdida de cobertura forestal en cada región geográfica de los trópicos; lo anterior, se debe hacer antes de implementar alguna política que pueda resultar en severas afectaciones en los remanentes de estos ecosistemas y su diversidad.

La deforestación en México

México, es uno de los países megadiversos con un proceso acelerado del deterioro y pérdida de los recursos forestales. Se estima que estos ecosistemas han estado sujetos a una fuerte presión antrópica en las ultimas décadas, aunque los registros que existen presentan mucha variación, las tasas de deforestación reportadas para México han sido muy altas (Cuadro 2).
Un estudio basado en un análisis de la cartografía existente a nivel nacional para el periodo de 1976 y 2000, reporta una tasa de deforestación a nivel nacional de 0.43 %, con una pérdida anual de 545, 000 ha, (± 50, 000 ha) aproximadamente (Velázquez et al., 2002; Mas et al., 2004).
 

Cuadro 2. Pérdidas de superficie forestal (ha) anualmente en México

Además, se reporta que más de 20, 000 km2 de bosques templados, 60 mil km2 de selvas tropicales y 45 mil km2 de matorrales fueron perdidos, los cuales representaron un promedio anual de áreas deforestadas de 90, 000, 265, 000 y 195, 000 ha por año, correspondiendo a tasas de deforestación de 0.25, 0.76 y 0.33 % anualmente respectivamente (Figura 4).
 

Figura 4.Intercambios de superficie con flujos de más de 10,000 km2 en México, en el periodo 1976-
2000. (I corresponde a vegetación primaria y II a vegetación secundaria) El grosor de las flechas y
las elipses es proporcional al área de cambio y permanencia de la cobertura respectivamente
(fuente: Más et al.2004)


En este mismo periodo los bosques templados primarios tuvieron una degradación de 79, 000 km2, mientras que otros 50, 000 km2 de selvas primarias se degradaron a selvas secundarias (Figura 4).
Las tendencias de la deforestación en México para este periodo, calculadas con base en las matrices markovianas, muestran que para el 2020, los bosques, selvas y matorrales se continuarían reduciendo, en caso de que se sigan registrando probabilidades de transición iguales o similares; mientras que los cultivos y los pastizales se podrían incrementar en proporciones aceleradas (Mas et al., 2004).
La disminución de la cobertura forestal en nuestro país es preocupante, los datos indican que México mantiene solo 0.5 ha de cubierta forestal por habitante y la predicción para el 2025 indica que será de 0.3 ha (Velázquez et al., 2001; Mas et al., 2004).
Algunos estudios recientes argumentan que en México hay zonas con manejo forestal comunitario que han logrado disminuir el proceso de deforestación (Durán, 2005, Merino y Segura, 2002).

Perspectivas de la deforestación en el sureste mexicano

En particular, el sureste de México mantiene la mayor extensión de remanentes de selvas caducifolias y subcaducifolias, perennifolias y subperennifolias, manglares y vegetación hidrófita de todo el país, albergando una elevada diversidad de flora y fauna (Mittermeier y Goettsch, 1992). Las condiciones biogeográficas que prevalecen en esta región, le permite sobresalir como una zona de alta biodiversidad a nivel mundial, pero al mismo tiempo, esta al borde de una severa crisis ambiental por la continua deforestación (Tudela, 1989; Myers, 1989; Villafuerte et al., 1993).
En el sureste de México, existen diversos estudios que han analizado los procesos de deforestación en áreas específicas de esta región, estos estudios reportan elevadas tasas de pérdida de la cubierta forestal (Cuadro 3).
 

Cuadro 3. Tasas de deforestación reportadas para diversos tipos de vegetación en áreas específicas
del sureste de México (fuente: elaboracion propia)

En un análisis reciente sobre el proceso de deforestación realizado para toda la macroregión del sureste de México, en el periodo 1978-2000, se estimó que la pérdida total de la cubierta forestal en el sureste de México fue de 4.18 millones de ha, con una tasa de deforestación de -1.1 % en 22 años (Diaz-Gallegos et al., 2009). Entre los tipos de vegetación con mayor tasa de deforestación están las selvas caducifolias y subcaducifolias (-1.6 %), las selvas perennifolias y subperennifolias (-1 %) y el bosque mesófilo de montaña (-0.8 %); en contraste, los pastizales inducidos y cultivados y la agricultura de temporal incrementaron su superficie 32 % y 39 % con tasas de cambio de 1.7 % y 2.3 % respectivamente (Cuadro 4).
 

Cuadro 4. Superficie de los principales usos del suelo y tipos de vegetación del sureste de México.
Así como la superficie de pérdida anualmente por categoría y las respectivas tasas de cambio anual
(fuente: Díaz-Gallegos et al.2006)

También se reporta que el proceso de cambio que más ha dominado en los últimos años en el sureste mexicano, es la deforestación de las selvas a pastizales, los cuales aumentaron 2.7 millones de ha, ocupando 12 % del área, mientras la deforestación a agricultura de temporal se distribuyó en el 6% del área con un incremento de 1.3 millones de ha (Figura 5).
 

Figura 5. Mapa de distribución de los procesos de cambios del sureste de México (1978-2000)
(fuente: Díaz-Gallegos et al. 2006).

Los cambios registrados en el sureste de México, afectaron principalmente las selvas perennifolias y subperennfiolias, no obstante, las selvas caducifolias y subcaducifolias, los bosques de coníferas y los bosques de latifoliadas, registraron una importante probabilidad de transición hacia la agricultura de temporal (Figura 6). Estos cambios se ubicaron principalmente en Quintana Roo, Yucatán y en el norte y altos de Chiapas, los cuales corresponden a los estados que concentran la mayor cantidad de indígenas Mayas con manejo tradicional de agricultura de temporal en el sureste de México.
 

Figura 6.Este diagrama de flujos muestra las probabilidades de transición (>3%) de cada uso y
cobertura del suelo en el periodo (1978-2000) en el sureste de
México. Los cuadrod y líneas oscuras indican los intercambios más importantes de superfici,
los números dentro de los cuadros indica el porcentaje que no presento
cambio, y la línea punteada indica recuperación (fuente: Díaz-Gallegos et al.2006)

Se realizó una comparación de la tasa de deforestación del sureste de México, con las reportadas para otras regiones tropicales a nivel mundial, se encontró que en esta región se están registrando rápidos procesos de deforestación junto con el peten en Guatemala y Belice (Cuadro 5). Lo que significa una amenaza para la biodiversidad de Centroamérica.
Algunos estudios considera que la pérdida de la cobertura forestal del sureste mexicano, ha sido ocasionada en su mayoría, por las diversas políticas gubernamentales que apoyaron la colonización y la ganadería extensiva en esta región entre 1960 y 1990, principalmente en Tabasco, Veracruz y Chiapas (Revel-Mouroz, 1980, Villafuerte et al., 1993, Tudela, 1989, Dirzo y García, 1991, Ortiz y Toledo, 1998, Mendoza y Dirzo, 1999), es decir causas subyacentes.

Los remanentes más importantes de selvas se encuentran en Chiapas, Campeche y Quintana Roo, y aunque algunas de estas áreas de selvas se encuentran en áreas naturales protegidas (ANPs), algunos estudios reportan que muchas de las ANPs del sur de México, tienen problemas de deforestación (Dirzo y García, 1991; Ortiz y Toledo, 1998; Mendoza y Dirzo, 1999; Díaz-Gallegos, 2000).
Debido a que la deforestación del sureste de México es elevada, las políticas de desarrollo ganadero que se implementen en esta región, deben plantear un cambio urgente hacia un enfoque de ganadería intensiva; así mismo, se deben aplicar políticas gubernamentales de reconversión del uso del suelo en estados como Chiapas, Yucatán, Tabasco y Veracruz, los cuales presentaron un proceso de antropización muy acelerado. Aunado a esto, se debe de dar prioridad al desarrollo de programas forestales.

Reflexiones finales

Los bosques tropicales mantienen la mayor diversidad planetaria, pero también registran altas tasas de deforestación y una constante perturbación. La degradación y reducción de los bosques tropicales, es la principal causante de la actual “Crisis de la Biodiversidad Tropical”, aunado a ello contribuyen con el 20 % de las emisiones del dióxido de carbono, que esta provocando el cambio climático global.
Se han publicado alrededor de mil artículos científicos que analizan la magnitud, patrones espaciales, las variables causales y el mapeo de posibles áreas de riesgo de ocurrencia de deforestación en diferentes partes del mundo. Independientemente de que aun falta bastante por hacer; este gran esfuerzo, aun no ha logrado ser considerado seriamente por los gobiernos de los diferentes países involucrados, al momento de que se implementan las políticas productivas sectoriales en los trópicos.
Por el contrario, en muchos países como en México, los gobiernos han estado más enfocados en enmascarar las cifras reales de deforestación, para mostrar que la deforestación ha disminuido. En lugar de abordar este problema ambiental en forma integral y proponer estrategias viables que permitan disminuir la crisis ambiental del trópico mexicano.
Sin duda alguna, la continua deforestación de los bosques tropicales tiene consecuencias severas en el ambiente del planeta, asegurando un permanente desequilibrio ecológico, ya que muchos de los daños ocasionados a los bosques tropicales, son casi irreversibles, por lo que se ha convertido actualmente en un gran inhibidor que mantiene colapsada la sustentabilidad en las zonas tropicales. Aunque estrategias integrales bien consensuadas a nivel internacional y ejecutadas por gobiernos locales podrían ayudar a mitigar el problema, se necesitarían varias décadas para lograrlo.
Por otra parte, se argumenta que existen zonas con buen manejo forestal en muchas partes del mundo y hasta aseguran ser sustentables; aun así, este tipo de manejo del bosque no tiene los alcances como para considerarse  una solución de la deforestación tropical. Sin duda, la deforestación tropical es un problema ambiental que necesita de una gran voluntad política y económica al nivel internacional para lograr una urgente y pronta solución.
En este sentido, detener la deforestación en los trópicos, significa muchos beneficios ambientales y económicos para el mundo. Entre los más importantes estarían la reducción de la pérdida de biodiversidad, un mejoramiento de los servicios ecosistémicos, se evitaría la emisión de miles de toneladas de carbono a la atmósfera por deforestación y se contribuiría significativamente con la captura de las emisiones de CO2 de los países industrializados, entre otros.  De alguna manera, esto podría permitir un equilibrado sostenimiento de la vida en la tierra.
El 70 % de las emisiones de los gases de efecto invernadero que están provocando el cambio climático global, provienen de los países industrializados; y aunque la deforestación contribuye poco al calentamiento global, éste último podría provocar severos cambios fisiológicos y ecológicos irreversibles en los remanentes de bosques tropicales, lo que agudizaría la crisis ambiental en los trópicos, y a su vez afectaría considerablemente la calidad de vida de la humanidad.

Agradecimientos

El primer autor agradece al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) por proporcionarle una beca de doctorado, con el folio 124650.

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