El globo terrestre proporcionó una cantidad ingente de información, presentada en blanco y azul, unos colores que marcaban perfectamente los contornos de mares y continentes. Sobre los primeros se colocaron las clásicas escenas marinas, incluyendo asimismo las oportunas cartelas con información complementaria. El globo tiene un cierto carácter enciclopédico, aunque las informaciones de que da cuenta no sean homogéneas. Coronelli acompañó su imagen esférica con seiscientos textos, en los que se referían, para un cierto lugar, su historia, sus peculiaridades geográficas y las costumbres de sus habitantes. También se ve la mano de otros artistas en la dedicatoria2 al rey y en su representación alegórica de los cuatro continentes. En dicha dedicatoria se incluyen además otras diez alegorías para representar diversas disciplinas, la Geografía, que ocupa el lugar preferente, la Navegación, la Astronomía, la Historia, el Tiempo, la Elocuencia y la Poesía, la Geometría, la Escultura y la Música: la calidad de tales ilustraciones pretendió confirmar el vínculo existente entre artes y ciencias.
El globo celeste representaba el aspecto del cielo en la fecha en que nació el rey Luis XIV (5.10.1638), figurando en él 1880 cuerpos celestes, localizados mediante una especie de rosetas de bronce dorado, y 72 constelaciones idealizadas por medio de animales o personajes mitológicos. El principal responsable de tan bella iconografía, un suntuoso camafeo azul, fue el pintor Jean-Baptiste Corneille (1646-1695). La eclíptica se materializó mediante una línea de cobre dorado por la que se desplazaba el Sol, representado con el tamaño aparente que tiene desde la Tierra. Su desplazamiento permitía observar los astros a los que se iba aproximando el Sol a lo largo del año, así como el cambio de las estaciones y los signos del zodiaco, igualmente grabados sobre el círculo de la eclíptica. En el globo se aprecian dos familias de curvas, una roja basada en la eclíptica, y otra negra, basa en el ecuador celeste, el cual también fue materializado por Coronelli.
Sobre el cielo azul del cielo y el azul marino de las constelaciones, que pretende evocar el cielo nocturno, variando el tamaño de las imágenes estelares en función de su magnitud. Los cometas también forman parte de la representación esférica, incluyendo la fecha en que fueron descubiertos; del rigor de Coronelli da cuenta el hecho de que apareciese Urano, descubierto por Herschel en 1781, y que hasta entonces se creía que era otro cometa. Todas las estrellas aparecen agrupadas en las 72 constelaciones ya mencionadas: las 48 de Tolomeo, más las que añadieron Mercator y Petrus Plancius, entre 1551 y 1613, gracias a las observaciones con anteojos astronómicos y a los descubrimientos de los navegantes por latitudes australes. Los dos globos de Coronelli fueron una más de las atracciones de las que pudieron disfrutar los visitantes de la célebre Exposición Universal de París en 1875, también fueron mostrados más modernamente en el centro Georges-Pompidou de Beubourg, en el marco de la exposición “Mapas y Figura de la Tierra”, que tuvo lugar allí en el año 1980. En la actualidad se conservan en la sede del Biblioteca Nacional de Francia. Diez años antes de morir, Coronelli quiso construir globos cuatro veces más grandes3 que los del rey Sol, pero abandonó su proyecto por falta de medios.
Aparición de los primeros Georamas4.
Cien años después de que Coronelli pensara construir globos gigantescos, sus proyectos casi se hicieron realidad: efímera en el caso de los georamas y más duradera en pleno siglo XX, en el que llegaron a montarse estructuras esféricas de dimensiones sorprendentes5. En efecto, en el siglo XIX se producen continuados intentos de organizar grandes espectáculos, en los que se mezclaba el interés por divulgar determinados conocimientos científicos con el puramente mercantil, todo ello aderezado con viajes imaginarios; a tales espectáculos6 se identificaban con el sufijo “orama”. De esa forma se ofrecía al público el acceso a nuevos y lejanos horizontes, tan del gusto del movimiento esnob; aunque también sea cierto que la geografía entró así en el ámbito de la actividad diaria y fue mucho más accesible al mundo infantil7.
En cualquier caso, el georama entra en ese mundo del espectáculo con personalidad propia, pues ni se mostraron viejos monumentos ni escenas más o menos impactantes; realmente el motivo central era un globo terrestre monumental al que se le superponía una imagen actualizada de mares y continentes, una imagen global, un mapa en definitiva sin aditamentos complementarios para hacerlo especialmente llamativo a la vista: en los georamas primaba la ciencia sobre el espectáculo de entretenimiento, de ahí que su éxito fuese tan limitado en el tiempo.
Charles-Antoine Delanglard presentó a la Sociedad Geográfica de París el primer modelo de georama en el año 1822. La parte sustancial de su proyecto era un globo de unos 44 metros de circunferencia, del que dio más detalles en la patente que registró y que fueron suficientes para que la citada Sociedad lo hiciera suyo. Decía Delanglard: “El georama es un instrumento gracias al cual el ojo puede contemplar casi la totalidad de la superficie terrestre de un solo vistazo. Consta de una esfera hueca de cerca de 15 metros de diámetro, en el centro de la cual se sitúa el espectador sobre una plataforma de unos tres metros de diámetro…”. Desde tan privilegiado lugar, el centro del mundo, el observador podría descubrir todas las partes del globo, cuya representación se apoyaría en los mejores mapas del momento. El georama era por tanto un globo cóncavo, siendo esa su mayor singularidad, con relación a los que se habían venido construyendo hasta entonces.
La inauguración del georama tuvo lugar el mes de mayo de 1825, en un edificio situado junto a la actual sede de la Opera de París. El nombre oficial de la exposición fue: El georama, o Vista General de Todas las Partes del Mundo. El edificio tenía planta octogonal, estando su fachada adornada con cuatro columnas dóricas, accediéndose a su rotonda interna a través de un oscuro hall. El techo de la rotonda era de cristal traslúcido, para que la luz solar pasara a su interior; justamente en su centro es donde se instaló el globo, el cual era sostenido por treinta y dos columnas de estilo arabesco. El globo estaba hecho de tela transparente, pintada con acuarelas y fijada mediante treinta y seis tiras metálicas, que hacían el papel de meridianos y paralelos. Los visitantes accedían al interior del globo por medio de una escalera de caracol que conducía a tres galerías, las cuales se situaron frente a los trópicos y al ecuador del gran mapamundi pintado sobre la superficie interna de la esfera.
El georama fue visitado por personas tan ilustres como el Ingeniero Geógrafo Jomard, que aún conservaba el prestigio de haber editado la Descripción de Egipto, y Humboldt, que lo alabó en estos términos: “A pesar de haber usado mapas durante toda mi vida, aún no me había dado cuenta, por ejemplo, de la forma y de la extensión de la Polinesia y del Océano Pacífico. Lo que acabo de ver corrige la mayoría de mis concepciones previas acerca de la interdependencia entre mar y tierra”. Lamentablemente no tardaron en surgir las primeras dificultades financieras, llegando al extremo de que Delanglard no pudo pagar el alquiler del edificio y se tuvo que refugiar en Inglaterra para evitar la prisión; allí murió en 1832 y su viuda no pudo impedir la destrucción del georama un año más tarde.
La repercusión del éxito de su georama influyó para que Delanglard interviniera decisivamente en la creación de la Royal Geographical Society, defendiendo en su seno la conveniencia de hacer en Londres algo parecido a lo que se había conseguido en París. En el año 1849 se abre un debate al respecto en la referida Sociedad que desembocó en la construcción del georama inglés en el año 1850, cuyo fundamente fue el gran globo, con 18 metros de diámetro, que había fabricado el cartógrafo James Wyld8 (18121887), geógrafo de la reina Victoria y del príncipe Alberto. El georama se instaló en Leicester Square y fue una de las mejores atracciones9 que conformaron la Exposición Universal celebrada en Londres durante el año 1851. Los criterios seguidos en esta nueva muestra geográfica fueron similares a los del georama francés, aunque las escaleras por las que se accedía a las plataformas elevadas de observación fueran mucho más funcionales que las proyectadas por Delanglard. La duración de la instalación, casi coincidió con la de su homóloga francesa, pues en el año 1862 tuvo que ser suspendido el espectáculo ante la renovación de la plaza en que se hallaba y por haber expirado el plazo de arrendamiento fijado por Wyld.

Fig.1 Los primeros georamas de París y Londres. Secciones del interior y
edificio inglés que albergó el gran globo de James Wyld.

Fig. 2 Castelar y montaje de los husos en el globo de Villard y Cotard.
El globo se expuso en un edificio erigido al efecto en las cercanías de la torre Eiffel.
En París, mientras tanto, no dejaron de construirse globos de gran tamaño para mostrarlos en los correspondientes georamas. Jean-Marc Besse10 menciona tres, creados en 1832, soportados por globos de menor radio que el de Delanglard (unos cuatro metros de diámetro) y dirigidos principalmente a grupos de escolares: el primero se refirió a la geografía física, el segundo se dedicó a la geografía política y el tercero a la historia de las exploraciones y de la navegación. Por aquel entonces el cartógrafo Breugnot concibió un gran georama, para lo que se asoció con Charles Guerin, el cual terminó monopolizando la operación en 1844. El georama, con un globo de 16.5 metros de diámetro, se instaló en esta ocasión en los jardines de los Campos Elíseos. La información geográfica correspondiente la proporcionaron los mapas confeccionados a tal efecto por Louis Vivien de Saint-Martin11 (1802-1897), el mismo escribió una reseña del georama, también refrendada por la Sociedad Geográfica, para la Academia de Ciencias, en la que lo consideraba como el mejor instrumento pedagógico que podía emplearse para la enseñanza de la geografía.
Aunque no se tratara de un georama, propiamente dicho, no podemos dejar de mencionar el gigantesco globo convexo (como los convencionales) construido para la célebre Exposición Internacional de París (1889), por Theodore Villard y Charles Cotard, e instalado en un edificio erigido al efecto en los alrededores de la torre Eiffel. La esfera se construyó a escala de 1/1000000, es decir que sus circunferencias máximas eran próximas a los 40 metros. El globo a la millonésima tuvo un visitante excepcional que lo describió con su habitual maestría, se trató del presidente de la primera república española Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899). En su crónica, dio datos técnicos precisos: como que se había representado el aplastamiento terrestre, aunque equivaliera a tan solo 21 mm, o que el globo estaba dotado de una velocidad de rotación de 1mm/ s; asimismo refirió que contaba con una imagen del relieve continental y otra hipsométrica de su homólogo marino. Contaba Castelar que en la exposición vio la mayor esfera terrestre construida por los geógrafos hasta el año 89, añadiendo que había consagrado una gran parte del día que cerraron la Exposición al estudio y conocimiento de tal trabajo científico: “Un ascensor me subió a lo alto y una rampa de madera que lo ceñía de abajo arriba me condujo de un polo a otro polo. Imposible decir la curiosidad con que siguieron mis ojos este viaje de circunvalación, el cual parecía un juego de niños a primera vista y en realidad resultaba una enseñanza de sabios”.
La crónica de Castelar forma parte de un artículo que publicó en la revista La Ilustración Española (8 de julio de 1891), en el que cantaba las excelencias del Proyecto de Monumento a Colón realizado por el Ingeniero Don Alberto de Palacio y Elissague12 (1856-1939). Una vez descritas las principales características del globo francés se refiere al proyecto anterior en términos ciertamente elogiosos: ¡Cuantas ideas geográficas no podría darnos el proyecto de nuestro eximio arquitecto Palacio, cuando la esfera suya tiene 200 metros de diámetro! Más adelante desvela algunas de las posibilidades que se abrían con el nuevo globo previsto para el monumento anterior: “En la esfera de Palacio brillarán los mares con sus estelas y reverberaciones, los continentes con sus relieves necesarios, cual no han brillado jamás en otra esfera terrestre de las ideadas por sabios y recogidas y realzadas por la ciencia. El Ecuador de tal esfera, constituido en una plataforma de catorce metros al exterior y un kilómetro de longitud, aparecería como el más hermoso balcón que se haya visto jamás, y proporcionando fácilmente los medios de contemplar y estudiar en reducciones las maravillas del mundo nuestro”. Termina Castelar diciendo que su interior sería como el Vaticano de la Ciencia y que una estatua titánica de Colón se levantaría sobre la base y bajo la rotonda.Al finalizar el siglo redactó el geógrafo Élisée Reclus (1830-1905) el proyecto de un globo sin precedentes que debería ser presentado en la magna exposición universal con la que se pensaba iniciar el siglo XX. La declaración de intenciones la realizó en Londres (1895), con la ocasión del sexto Congreso Internacional de Geografía, al defender la ponencia “Project de construction d´un globe terrestre à l´echelle 100000e”. La primera versión contemplaba un edificio de casi 200 metros de alto, una esfera de 160 metros de diámetro sostenida por cuatro pilares, dentro de la que había otra móvil de 63.75 metros de radio, sobre la que se superpondría un modelo de relieve marítimo y terrestre13; estaba previsto que se situase el globo terráqueo en la colina Chaillot, justo enfrente de la torre Eiffel, el emblema de la exposición de 1889.


Fig. 3 El frustrado Monumento a Colón, proyectado por el Ingeniero y Arquitecto Alberto del Palacio y Elissague.

Fig. 4 Reclus fotografiado por su amigo Nadar y boceto de su primitivo proyecto
de globo terrestre para la Exposición Universal de París en el año 1900.
Con la construcción de este globo14 se apartaba del modelo oficial de los georamas, puesto que en lugar de ser cóncavo era convexo, como la mayoría de los terrestres. Para Reclus el globo era el instrumento geográfico por excelencia, el cual debería reemplazar a los mapas15 y ser usado para el estudio y conocimiento de la Tierra, además de para la enseñanza de la geografía. Según él la primera cualidad del globo era su unidad, imitando la Tierra, planeta indivisible. Su pretensión era reflejar en su modelo globular la verdadera curvatura de la Tierra, diferente en los polos y en el ecuador. Sobre el globo, los continentes tendrían una forma análoga a la que realmente tenían, las distancias son respetadas, las superficies son proporcionales, las formas son idénticas; dicho de otra manera “la armonía de la naturaleza no se modifica en absoluto”. Sin embargo el proyecto de Reclus fue tan ambicioso que resultó inviable. La arquitectura del edificio era compleja, pues pretendía la construcción de dos esferas encajadas, de las cuales una debía ser móvil. Al haber elegido una escala tan grande, el globo externo tendría un diámetro y un perímetro máximo de 160 metros y de 523 metros respectivamente; con la particularidad de que su superficie interna tendría que recubrirse con paneles de vidrio para reflejar el globo terráqueo.
El núcleo científico del proyecto era ese último globo, con 127.5 metros de diámetro y un perímetro de 418 metros; esta esfera se orientaría a la manera clásica, inclinándola con el ángulo correspondiente y animándola de un movimiento de rotación. El espacio previsto entre ambas estructuras era de 15.9 metros, el cual debería integrar 24 plataformas helicoidales alrededor del globo interno. Al final se contemplaban 8000 metros de balaustrada, situada a 1m del globo, para que los visitantes pudiesen observarlo con detalle. Si a todo ello unimos que el peso de la estructura metálica sería más del doble que el de la empleada en la torre Eiffel, se comprenderá la imposibilidad de sufragar el proyecto16, al menos en los mismos términos en que fue redactado en un principio.

Fig. 5 Dos variantes del primitivo proyecto de Reclus
Cuatro años estuvieron discutiéndose los pormenores de ese proyecto geográfico de Reclus, disminuyendo cada vez el valor de la escala, hasta que en la última versión de 1898 se adoptó la de 1/500000, es decir que el radio pasó a ser la quinta parte de lo que se pensó en primer lugar. Desde los inicios del proyecto, contó el geógrafo con la ayuda inestimable del arquitecto y astrónomo Paul Louis Albert Galeron, el cual defendió siempre la necesidad de construir un edificio semejante que representara el cielo17. El comisario de la exposición Universal, Alfred Picard (1844-1913), intentó conciliar las posturas de los dos colaboradores, pues deseaba la fusión de los dos globos, celeste y terrestre; sin embargo siempre contó con la razonable oposición de Reclus, al que no le parecía apropiado que la esfera terrestre envolviese a la celeste. En el verano de 1897 se presentó un nuevo proyecto múltiple, en el que no solo se consideraban los aspectos geográficos, que parecía satisfacer las exigencias de Reclus, pero tampoco se pudo contar con la imprescindible financiación. En diciembre de ese mismo año se modificó de nuevo el proyecto, adoptando para el globo la escala ya sabida, lo que se traducía en un edificio de 60 metros de altura; pero Reclus no pudo conseguir que le sufragasen su última propuesta y en abril de 1898 presentó su renuncia. De esa manera, todos los que habían sido sus colaboradores quedaron libres de compromiso y pudieron presentar sus propias ofertas.
Ese fue el caso de Galeron, el cual logró que se instalara, en un edificio de 1600 m2, un globo celeste de 46 metros de diámetro, 144 metros de perímetro y decorado en su cara exterior con pinturas que representaban las constelaciones. Todo el globo estaría pintado de azul y orientado como la esfera celeste, cuya franja ecuatorial inclinada serviría de acceso a un punto culminante, que alcanzarían los visitantes sin mayor dificultad. En las esquinas del zócalo que lo soportaba se situaron finalmente cuatro colosos que sostenían los planetas mayores del sistema solar, representados con la debida proporción. Sobre la imagen del cielo de la superficie de la esfera figurarían además todos los astros visibles sobre el horizonte de París: Sol, Luna (con sus fases y eclipses), planetas, estrellas, la vía láctea y nebulosas. En el centro de dicha esfera estaría la Tierra, una segunda esfera hueca de 8 metros de diámetro, sobre la que se podrían situar unos cien espectadores, para así poder observar los movimientos de la Tierra y las revoluciones de los demás planetas. Esa especie de cosmorama coincidió básicamente con su proposición de 1895.

Fig. 6 Tres imágenes del globo celeste construido por el astrónomo y arquitecto Galeron, para la Exposición Universal de París (1900)
Las atracciones que conformaron la Exposición Universal de 1900 fueron un verdadero contrapunto del proyecto original de E. Reclus. Todas las demostraciones que ofrecían una cierta imagen de la Tierra proponían al mismo tiempo un recorrido lúdico y sensacional, en el que predominaba el movimiento ante la reflexión y el estudio, alejándose irremediablemente del proyecto utópico y más austero del geógrafo francés. Para él el globo contribuía plenamente a una educación racional del hombre, con el objetivo de modificar su relación con la geografía y el mundo, al tiempo que favorecía la emancipación, la abolición de las fronteras y el fin de las guerras18.
1 El traslado a París del constructor italiano fe decidido por el cardenal d´Estrées, autor del encargo, el cual comprendió que sería sumamente complicado transportar unos globos mucho más grandes que todos los que se habían fabricado hasta entonces, los más espectaculares de la historia. Durante su estancia allí llegó a ser geógrafo real de Luis XIV. Luego, en su ciudad natal, fundó la primera Sociedad Geográfica (Accademia Cosmografica degli Argonauti) y logró el puesto de Cosmógrafo de la República de Venecia.
2 La dedicatoria del globo, probablemente redactada por el cardenal, fue la siguiente: “Los planetas están situados en el mismo lugar en el que estaban cuando nació el glorioso monarca, a fin de conservar eternamente una imagen fija de esa feliz disposición bajo la cual Francia ha recibido el más grande regalo que el cielo ha hecho jamás a la Tierra”.
3 Los globos de Coronelli, como todos los de grandes dimensiones, fueron armados con planchas de madera de barcos varados, pues su prolongada permanencia en el mar impedía cualquier deformación.
4 El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define el georama como un globo hueco de grandes dimensiones, sobre cuya superficie interior se halla un mapamundi, de manera que el espectador, colocado en el centro de la esfera, puede contemplar de una ojeada el conjunto de los continentes, océanos, etc.
5 Aunque queden fuera del alcance de este artículo, parece obligado mencionar la Unisphere o el Globitron, construido para conmemorar el inicio de la era espacial. Su diámetro es del orden de 36.57 metros y lleva incorporadas tres órbitas, para representar las que siguieron Yuri Gagarin, John Glen y el satélite Telstar, llamado a revolucionar el mundo de la comunicación. La estructura se encuentra en la ciudad de Nueva York.
6 La moda de este tipo de acontecimientos sociales se extendió por Europa y Estados Unidos, proliferando espectáculos de todo tipo: el Neorama, el Panorama, el Diorama, etc. Hasta tal punto llegó el entusiasmo que Balzac, en su novela “Le Père Goriot” (1834), describió irónicamente lo que Hyde había llamado “Panoramanía”.
7 Hoy día se siguen construyendo una especie de georamas, con la intención de hacer más asequible la enseñanza de la geografía, así pueden catalogarse los diversos programas de la firma Earth Balloon, los cuales usan como elemento central de sus exposiciones globos hinchables y monumentales de diferentes tamaños, sobre cuya superficie va superpuesta una imagen de satélite, georeferenciada y de alta resolución, proporcionada por la NASA (National Aeronautics and Space Administration), en la que aparece la totalidad de la Tierra con una gran resolución. Otro buen ejemplo es también norteamericano, se trata de Eartha un georama que se apoya en un globo terrestre giratorio a escala aproximada de 1: 1000000, es decir con un diámetro de poco más de 12. 5 metros; el espectáculo puede contemplarse en Yarmouth (Maine.USA).
8 No hay que confundirlo con su padre James Wyld (17901836), que aplicó la nueva técnica de la litografía a su producción cartográfica y fue socio fundador de la Real Sociedad Geográfica de Londres.
9 El georama de J. Wyld fue una de las muestras más visitadas de la Exposición Universal, únicamente fue superada por el Palacio de Cristal, una gran obra arquitectónica que fue la quinta esencia de la misma.
10 Embrasser la terre d´un seul coup d´oeil: The First Parisian Georamas. London, Maps and Society. The Warburg Institute, 2003, November 13.
11 Este cartógrafo había sido comisionado por el ingeniero geógrafo Jomard, el fundador de la cartoteca de la Biblioteca Nacional de París, para controlar la construcción y el diseño del mapa que hizo posible el georama de Delanglard.
12 Un reconocido arquitecto, alumno de Eiffel, que cambió la imagen del Madrid de principios de siglo XX y que aún la hubiera cambiado más de haberse hecho realidad su más increíble proyecto. En 1893 se celebraba la Exposición Universal de Chicago, con un tema especial: “El cuarto centenario del descubrimiento de América...” Como en la mayoría de Exposiciones hubo un concurso arquitectónico, en el que el español presentó un proyecto alucinante consistente en una gran esfera metálica de 200 metros de diámetro que iría colocada sobre una gigantesca peana de 100 metros de altura. Con estas dos piezas se igualaba la altura de la torre Eiffel (300 metros) y sobre la esfera se colocaría un gran faro, que mostraría la altura en que el monumento superaba al parisino.
13 Reclus se dejó llevar por su entusiasmo, ya que incluso a esa escala, tan inusual para las representaciones globulares, la imagen del relieve apenas ofrecería la necesaria plasticidad. La preocupación era siempre la de respetar el verdadero relieve sin exagerar la escala de las altitudes, eligiendo por tanto la propia escala de la superficie esférica del globo.
14 En la Biblioteca Nacional de Francia se conserva un dossier de 283 hojas, en el que se detallan todas las discusiones previas a la Exposición, entre 1895 y 1898, en la que Reclus pretendía mostrar su imagen sintética del planeta. Su proyecto no tenía nada de turístico, de acuerdo con la concepción geográfica de este autor tan prolífico.
15 Élisée Reclus no debía estar al tanto de los entresijos de la cartografía geodésica o topográfica, según él los mapas eran ilusiones que falseaban la percepción de la realidad y desnaturalizaban la forma verdadera. En el año 1903 escribió ¡Después de haberles dicho que la Tierra es redonda, que es una esfera que gira en el espacio como el Sol y la Luna, les voy a presentar la imagen bajo la forma de una hoja de papel cuadrangular con imágenes coloreadas en las que figura Europa, Asia, África, Australia, las dos mitades del Nuevo Mundo!
16 El montante total del proyecto hubiera ascendido a 20 millones de francos, mientras que el de la torre Eiffel fue de tan solo 8 millones.
17 Galeron proyectaba construir una esfera celeste cóncava, en cuyo centro habría otra más pequeña giratoria, en representación de la Tierra habitada, dando a sus pobladores la noción e impresión del movimiento diurno.
18 Un globe terrestre pour l´Exposition universelle de1900. L´utopie géographique d´Élisée Reclus. SoizicAlavoine-Muller. Équipe EHGO.UMR Géographie-Cités. Paris. 2003.